


     (173)




 XI
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     Una vez muerto Stolypin, no haba nada que retuviera a Rasputn
alejado de San Petersburgo. Regres, pues, a su apartamento de la calle
Gorokhovaya. Simanovich y Maniulov estaban encantados de verlo nuevamente;
tambin lo estaban los fieles discpulos, que se reunieron para darle la
bienvenida. Cuando la familia real regres de Crimea, el zar fue un
dechado de amabilidad y la zarina le asegur que el destierro se haba
ordenado sin que el zar lo supiese. Todo pareca conspirar para asegurarle
que nada haba cambiado, que todo segua igual que antes. Sin embargo, su
intuicin reson como una alarma y le advirti que nada sera igual que
antes.
  A principios de diciembre, cuando la luz era fra y gris y la nieve caa
del cielo cual un edredn, alguien toc el timbre de la puerta. Mara
abri y anunci que haba un hombre llamado Iliodor. Rasputn estaba
tomando el t con media docena de sus discpulas. Sali apresuradamente de
la habitacin y abraz a Iliodor, que llevaba un gorro de piel y tena los
hombros cubiertos de nieve.
  --Qu ests haciendo en San Pe-, tersburgo?
  --He venido a tratar de obtener dinero para terminar el monasterio.
Puedo poner mi abrigo frente al fuego?
  Entr en la sala y se detuvo cuando vio a las mujeres. Munia Golovina se
acerc con cortesa y Rasputn la present. Iliodor la salud con una fra
y distante inclinacin de la cabeza; de pronto, palideci, murmur algo en
voz baja y sali de la estancia. Rasputn lo sigui
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apresuradamente y lo encontr abriendo la puerta de la calle.
  Lo agarr de los hombros y le dijo riendo:
  --Oye, no te puedes ir todava! Ven a tomar un poco de t.
  --Lo lamento. Tengo que irme.
  Al ver la expresin sombra y resuelta de Iliodor, Rasputn comprendi
que de nada valdra discutir. Iliodor se separ violentamente y sali.
Rasputn mir fijamente la puerta cerrada y se encogi de hombros.
  En la puerta de la sala encontr a una mujer llamada Olga Lotkin que
haba entrado a formar parte del crculo el ao anterior; estaba plida y
pareca muy turbada. Se estaba abrochando el abrigo. Rasputn,
sorprendido, pregunt:
  --Qu! Usted se marcha tambin? -Olga se deshizo en lgrimas.
Impotente, Rasputn inquiri-: Pero, por qu?
  Ella respondi algo incomprensible y sali a toda prisa.
  Los dems se hallaban tan sorprendidos por su ida como Rasputn. Pero,
al da siguiente, Munia le cont todo. Dos aos antes, Olga Lotkin, esposa
de un oficial del ejrcito, haba sido una de las admiradoras ms devotas
de Iliodor. Un da, despus de confesarse ante l, estaba tan trastornada
que lo abraz por las rodillas y trat de besarle la mano. Iliodor
reaccion con increble violencia, la agarr por el cabello y la abofete
repetidamente. Cuando unos seguidores suyos entraron apresuradamente en la
habitacin, Iliodor les orden que la alejaran de su vista. Ellos la
arrastraron al patio, la desvistieron y la golpearon. Entonces, la ataron
a la parte posterior de una carreta y azuzaron a los caballos, que
galoparon por Zaritsyn. Como resultado, Olga Lotkin sufri una depresin
nerviosa. Su esposo fue transferido a San Petersburgo; ella oy hablar de
Rasputn y se convirti en una de sus admiradoras ms devotas. Pero senta
demasiada vergenza para hablarle de su humillacin.
  Rasputn se mostr comprensivo y no se sorprendi en absoluto. Desde que
lo haban nombrado pope en Zaritsyn, Iliodor se mostraba ms fantico que
nunca. Era
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un predicador muy potente y no tard en adquirir numerosos seguidores. Su
sueo consista en construir una fortaleza espiritual llamada Monte Tabor,
cuyo rasgo principal sera una torre desde la cual l predicara. Hordas
de seguidores devotos lo ayudaban en la construccin.
  Dos aos antes, Rasputn visit a Iliodor en Zaritsyn y sus logros lo
impresionaron. Pero, en su opinin, el cristianismo de Iliodor era algo
excesivo en intensidad y demasiado neurtico, y se burl amablemente de su
obsesivo puritanismo. A Rasputn no le importaba que Iliodor fuese
homosexual o heterosexual; lo que le pareca enfermizo era que Iliodor
pareciera odiar el sexo. Cuando acept una invitacin para visitar a
Rasputn en Pokrovsko, Rasputn se divirti escandalizndolo al beber
grandes cantidades de su vino dulce preferido y abrazando y besando  a los
miembros de su congregacin. Sin embargo, no haba una disputa abierta
entre ellos. Rasputn decidi, pues, que cuando viera nuevamente a
Iliodor, no mencionara a Olga Lotkin. No tena sentido ensanchar la
brecha.
  En diciembre, Maniulov le dijo que Iliodor estaba contando cosas acerca
de l. Rasputn se encogi de hombros.
  --Si lo hace, es que es un tonto.
  Por qu pelearse? El asunto de Olga Lotkin no tena realmente ninguna
importancia; de hecho, a Rasputn le pareca que era una mujer pesada y
neurtica.
  Luego, un da, Rasputn recibi la visita del secretario del obispo
Hermgenes, un hombre melanclico y entrometido llamado padre Sergio.
  --El obispo Hermgenes desea verlo inmediatamente.
  Su tono pomposo irrit a Rasputn.
  --Qu quiere decir con eso de inmediatamente?
  --Hoy; esta maana, de ser posible.
  --Bueno, pues no lo es. Tengo demasiadas citas. Dgale a su eminencia
que estar all esta tarde.
  El padre Sergio sali dando grandes zancadas, estirado y ofendido.
  Hermgenes se hospedaba en el monasterio de Cronstadt. Cuando Rasputn
lleg, le hicieron esperar media
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hora. Entonces, el padre Sergio anunci con aire de importancia:
  --Su eminencia lo recibir.
  En el momento en que entr en la estancia, Rasputn se dio cuenta de que
lo iban a juzgar. Hermgenes se hallaba sentado detrs de una gran mesa de
caoba. Iliodor, cerca de la ventana. Estaban tambin presentes Mitia
Koliabin, el "profeta idiota" que fuera una vez el asesor preferido de la
zarina, y dos fornidos cosacos. El obispo, un hombre corpulento cuyo peso
haba aumentado considerablemente desde que Rasputn lo vio por primera
vez, se levant y mir a Rasputn de frente.
  --Grgori Efimovich, te he pedido que vinieras aqu para responder a
unas graves acusaciones.
  Ley entonces un documento muy similar al que Lukianov haba entregado a
Stolypin. En l se acusaba a Rasputn de ser miembro de los khlistis, de
"contaminar" a varias mujeres, incluyendo a Elena Katkoff, Sofa
Dobrovolski... y Olga Lotkin. Rasputn escuch silenciosamente. La cosa le
pareca absurda. Al terminar, Hermgenes le pregunt:
  --Es cierto todo esto?
  Rasputn contest firme pero respetuosamente.
  --Algo de ello, s... tal vez una cuarta parte. La mayora consiste en
exageraciones y mentiras.
  Hermgenes se sonroj y tuvo dificultad en hablar.
  --Aunque slo una cuarta parte sea cierta... es usted una deshonra.
-Luch por recuperar el aliento y continu-: Y una desilusin.
  Rasputn se enfad.
  --Disclpeme, eminencia, pero podra ser un error escuchar las mentiras
de gente que es demasiado cobarde para enfrentarse directamente conmigo.
  Iliodor espet, furioso:
  --Me <estoy> enfrentando a ti.
  --En ese caso, tal vez podras decirme por qu te has molestado en
inventar todas estas tonteras.
  --Acabas de reconocer que no son tonteras!
  Rasputn no haba sido nunca un pico de oro. Hasta entonces, se haba
defendido con competencia. Ahora, deseaba decirle a Hermgenes que Iliodor
era un mojigato
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y un fantico, y que sus acusaciones se basaban en la envidia; pero le
faltaba habilidad para ponerlo en palabras. La entrevista se convirti en
una competicin de gritos. Hermgenes vocifer:
  --Callaos!
  Rasputn le grit a su vez:
  --Merezco que se me escuche.
  Al or eso, Mitia Koliabin se abalanz sobre l y lo golpe con los
muones de sus brazos. Los dos cosacos se lo quitaron de encima.
Hermgenes dej su lugar detrs de la mesa y rugi:
  --Por el poder que me ha conferido la Santa Iglesia, te declaro
excomulgado!
  Rasputn le contest a voz en cuello:
  --Cllate, viejo imbcil! Guarda tus estpidas maldiciones para ti.
  Mitia Koliabin se liber y atac a Rasputn a puntapis, gorjeando
incomprensiblemente. Rugiendo iracundo, Rasputn le golpe con ambas
manos. Koliabin cay de espaldas, sobre el obispo que, a su vez, cay
sobre la mesa. Iliodor, al sospechar que sera el siguiente, se escondi
detrs de las cortinas. Los dos cosacos trataron de agarrar a Rasputn
que, creyendo que todos en la estancia estaban a punto de atacarlo, cogi
un pesado crucifijo en un rincn y lo blandi por encima de la cabeza.
Todos respiraban pesadamente. Entonces, al ver que nadie intentaba
atacarlo, Rasputn grit:
  --Si me amenazis, yo os amenazar.
  No era una despedida muy impresionante, pero funcion. Abri la puerta
de golpe y sinti un sombro regocijo cuando el padre Sergio cay dentro
de la habitacin.
  A la hora del t, esa tarde, Rasputn lleg al palacio de Invierno.
  --Dios mo, Grgori! Has estado en una pelea?
  Un ojo de Rasputn se estaba hinchando y haba desaparecido un mechn de
su barba.
  La zarina se levant de un salto y grit:
  --Qu ha ocurrido?
  Tranquila y sosegadamente, pues haba tenido tiempo de pensar, Rasputn
les cont lo sucedido. El asunto de Olga Lotkin era un punto de partida
ideal y, al relatarlo,
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vio que ellos lo malinterpretaban, que crean que Iliodor haba atacado
sexualmente a Olga Lotkin. Rasputn trat de corregir la impresin, pero
la zarina no dejaba de interrumpirle y luego se deshizo en lgrimas.
  Cuando hubo terminado, el zar seal:
  --Mmmm. Bueno, hasta donde puedo ver, este Iliodor parece ser la causa
del problema...
  La zarina lo interrumpi.
  --Trat de atacar a esta mujer y luego de culpar a Grgori!
  El zar coloc una mano en el hombro de Rasputn.
  --Botkin se encuentra arriba. Ve a verlo y dile que te ponga algo en el
ojo. Mientras tanto, deja esto en mis manos...
  Al da siguiente, por la maana, el secretario privado del zar fue al
monasterio de Cronstadt y pidi ver al obispo Hermgenes. Le dijeron que
el obispo se hallaba en cama, enfermo, pero l insisti en verlo. En la
habitacin de Hermgenes, que haba padecido un ligero ataque cardaco,
ley en voz alta la orden imperial de destierro. Hermgenes deba ir al
monasterio de Zhirovestki e Iliodor a uno en Siberia.
  Hermgenes, que haba palidecido, indic:
  --Tengo derecho a que me juzgue un tribunal de obispos.
  --El emperador ha anulado ese derecho.
  Hermgenes agach la cabeza.
  A Iliodor no lo encontraron en ningn sitio. Estaba ya camino de regreso
a Zaritsyn. Al llegar all, le comunicaron la orden de su destierro. Su
reaccin fue histrica. Escribi una larga y violenta carta al Santo
Snodo, denunciando a Rasputn como un hombre libertino y malvolo y
acusndolo de ser el amante de la zarina. Era un documento tan excesivo
que el Snodo orden que lo arrestaran. Lo condujeron a un monasterio
cerca de San Petersburgo, en espera de un juicio. All, la rabia y la
desilusin parecan haberlo llevado al borde de la locura. Revel que
haba hecho copias de varias cartas de la zarina a Rasputn, cartas con
frases como "Le amar siempre", y las envi al Snodo y a varios
peridicos. El Snodo decidi evitar el escndalo de un juicio y lo oblig
a colgar los hbitos. Lo dejaron marcharse
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del monasterio. Iliodor huy a Noruega, empez a escribir un libro
denunciando a Rasputn y tram una revolucin para derrocar al zar. El
triunfo de Rasputn no poda ser ms completo.
  Sin embargo, en la primavera siguiente se dio cuenta de que sus
presentimientos haban sido correctos. El destino le daba la espalda. Al
principio era meramente una cuestin de rumores. Se deca que cierto
profesor de Mosc haba escrito un folleto en el que denunciaba a Rasputn
como miembro de los khlistis y alegaba que debera ser juzgado. Rasputn
nunca vio este folleto. Mas vio un artculo del mismo profesor, Novoselov,
en el que deca casi lo mismo y que apareci en un peridico que
perteneca al presidente de la Duma, el liberal Guchkov. Al poco tiempo,
la prensa de San Petersburgo publicaba insinuaciones diarias acerca de
Rasputn y sus fechoras. Rodzianko, un amigo de Stolypin, un hombre
corpulento y formidable que result ser tan implacable como Stolypin,
sustituy a Guchkov en la presidencia de la Duma. En marzo, la zarina
inform a Rasputn que Rodzianko haba pedido audiencia al zar, sin duda
para acusar a Rasputn. Tena razn. Rodzianko present al zar el antiguo
informe de Stolypin y pidi permiso para investigar la vida de Rasputn.
El zar, al que pareca agradarle caer bien a la gente, dio su permiso.
Pero cuando, unos meses ms tarde, Rodzianko solicit otra entrevista, el
secretario del zar le pidi que entregara su informe por escrito. Saba lo
que esto significaba. Rasputn y la zarina haban triunfado nuevamente.
  Rodzianko no se dio por derrotado y pidi al primer ministro Kokovtsev
que hablara con el zar, que difcilmente poda negarle una audiencia. De
nuevo, el zar se mostr afable y corts. Insinu que saba todo sobre el
libertinaje de Rasputn pero que ste no haca ningn dao. Acab por
sugerir que Kokovtsev hablara directamente con Rasputn.
  Rasputn se asombr al recibir una orden de presentarse en casa de
Kokovtsev y ms an cuando lo escoltaron a su estudio privado. Kokovtsev
era un hombrecillo pulcro, de modales secos y un tanto estirados. Rasputn
se divirti al ver que el primer ministro evitaba deliberadamente su
mirada; era evidente que lo haban
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advertido sobre el poder hipntico de Rasputn. Cual un maestro
abochornado, Kokovtsev explic que la presencia de Rasputn en San
Petersburgo causaba problemas para todos. La prensa liberal lo utilizaba
como excusa para atacar la poltica del zar y las historias de su
libertinaje eran embarazosas para la Iglesia.
  Rasputn escuch y experiment una irnica simpata hacia este torpe
hombrecillo; cuando uno apelaba a su amabilidad, normalmente tena xito.
Lo interrumpi finalmente.
  --Por favor, no diga ms. Me marchar de San Petersburgo.
  Kokovtsev lo mir fijamente, sin poder creer lo que estaba oyendo.
  --Lo har?
  --Se lo prometo... deme dos semanas... Pero, antes de irme, hay algo que
quisiera decirle.
  --Qu?
  Kokovtsev lo mir a los ojos y apart rpidamente la mirada. Rasputn
tuvo que reprimir una sonrisa.
  --Usted dice que el pas peligra. Creo que no se da cuenta de cun mala
es la situacin. Soy un campesino y entiendo el nimo de la gente. Se ha
detenido a pensar que las revoluciones no se hacen realmente por ideas
polticas? Se hacen generalmente por comida. Debe haberse percatado de que
la mayor parte de la inquietud poltica de los ltimos cincuenta aos se
ha dado cuando Rusia estaba en guerra. Eso es porque la gente est
hambrienta y, cuando est hambrienta, se enfurece. Le dir otra cosa que
va mal en el pas... los ferrocarriles. Se da usted cuenta de que, si
Rusia entra en una guerra, nuestra principal debilidad se encuentra en el
sistema ferroviario? Cmo transportar alimentos y tropas con un sistema
ferroviario ineficaz?
  Kokovtsev manifest:
  --Esperamos que no haya guerra.
  --Yo tambin. Le dir algo en confianza. Hace dos aos, cuando la Duma
hablaba de hacerle la guerra a Austria, el zar me pidi consejo. Le dije
que una guerra significara el fin de Rusia. Tal vez me equivoco, pero
creo que mis palabras le hicieron pensar. No s mucho de poltica pero s
lo suficiente para saber que los alemanes
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y los austracos creen que no nos atreveramos nunca a luchar. Entonces,
qu cree usted que ocurrir la prxima vez que la Duma sufra un acceso de
patriotismo y el kiser crea que los diputados no se atrevern a oponerse
a l?
  --S, s, tiene razn. Me... bueno, me temo que espero la llegada de
otra persona ahora.
  Cuando Rasputn se hubo ido, Kokovtsev escribi en su diario "Rasputn
es uno de los hombres ms repulsivos que he conocido. Estuvo todo el
tiempo con sus repugnantes ojillos pegados en mi persona, tratando de
hipnotizarme. Dijo tambin muchas tonteras acerca de la guerra."

  Cuando Rasputn lleg a casa, encontr a Ana Vyrubov y a Munia Golovina.
Cuando les dijo:
  --Acabo de salir de casa de Kokovtsev, -ellas se rieron, creyendo que
bromeaba-. Lo digo de veras.
  --Lo desterr? -pregunt Munia, rindose.
  --No. Pero acord desterrarme a m mismo.
  --Lo dice en serio? -inquiri Ana Vyrubov.
  --Me ir a Siberia en dos semanas, cuando el emperador vaya a Crimea.
  --Por qu no viene a Crimea? -el rostro de Ana se ilumin.
  --Porque no me han invitado.
  --No quiero decir que vaya con la familia real. Pero conozco una casita
muy agradable en Livadia; la alquilar para usted. Y estar cerca, en caso
de que queramos verle...
  Rasputn se dej convencer; la idea de pasar un verano tranquilo en
Crimea le atraa poderosamente. Unos das ms tarde, Ana le llam por
telfono.
  --Ya alquil la casa. As que ms vale que vaya a Crimea con nosotros.
No tiene sentido que viaje en otro tren.
  --Lo sabe el emperador?
  --No, pero no le importar.
  Ana Vyrubov se equivocaba. El da en que salieron rumbo a Crimea,
Nicols se encontraba de muy mal humor y la perspectiva de un viaje largo
y caluroso en
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el tren lo irritaba an ms. Detuvo a un camarero que pasaba frente a la
puerta y le dijo:
  --Treme una caja de fsforos. -Entonces not la botella de vino dulce
georgiano en la bandeja-. Dnde llevas eso?
  --Se lo llevo al <staretz>...
  Ana palideci y estaba tratando de hacer seas al camarero, que pareca
perplejo.
  --El <staretz>? Cul <staretz>? -Se volvi hacia la emperatriz-.
Sabes algo de esto?
  La zarina se sonroj.
  --No.
  --Le suger que viajara con nosotros... alquil una casa en Livadia...
-explic Ana.
  El zar se volvi hacia el camarero.
  --Pdele, por favor, al <staretz>, que me haga el favor de bajar en la
prxima estacin. -Cuando el hombre se hubo ido, se volvi hacia Ana-. Y
t, podras hacerme el favor de no invitar a nadie al tren sin mi
permiso?
  Volvi su atencin al peridico ingls que estaba leyendo. Ana y la
zarina se miraron de soslayo. Ambas se haban puesto coloradas.
  En Crimea, el mal humor del zar se evapor gradualmente, pero, cuando
vio que la zarina escriba una carta a Rasputn, le dijo con frialdad:
  --Me gustara que la hicieras corta. Mi ministro del Interior sigue
tratando de recuperar las cartas robadas por ese Iliodor. Cosas como sta
causan muchsimo embarazo...
  Ni l ni la zarina saban que ya se haban recuperado y que se hallaban
en posesin de la madre de Nicols, la emperatriz viuda.
  Ese ao, el clima era muy bueno y, en Septiembre, la familia real fue a
Belovetchkaya, en la frontera con Polonia. Alexei, que haba celebrado
recientemente su octavo cumpleaos, creca y se fortaleca. En los ltimos
aos, su salud haba mejorado constantemente y la zarina estaba convencida
de que esto se deba a los poderes de curacin de Rasputn. Al nio no se
le permita todava participar en ningn deporte y dos corpulentos
marineros de la marina imperial estaban siempre a su
     (183)
lado, para sostenerlo cuando suba a un barco o bajaba apresuradamente las
escaleras. Mas su salud era ya tan buena que se haban acostumbrado
gradualmente a mantenerse atrs y tratar de pasar inadvertidos tanto como
lo permita su inmensa estatura.
  Un da, mientras el zar y sus hijas se hallaban montando en el bosque,
los marineros se prepararon para llevar a Alexei a remar en el lago.
Cuando el nio suba al bote, dio un traspi y el pie se le dobl. Cay
contra un esclamo y grit por el dolor que senta. Los marineros,
alarmados, lo hicieron sentar y le subieron la pernera de su pantaln
corto. Haba una pequea magulladura en el muslo, justo debajo de la
ingle. Pero pudo caminar de regreso al pabelln de caza. El doctor Botkin,
que lo examin ms tarde ese da, encontr una pequea hinchazn y le
orden que permaneciera acostado. El nio lloraba y tena fiebre, pero la
hinchazn no creca. Al cabo de una semana, desapareci y le permitieron
levantarse. El zar decidi que se encontraba lo bastante bien para que se
fueran todos a su pabelln de caza favorito en Spala. Pero, cuando
llegaron, Alexei estaba plido; algo iba mal. El tutor, Gilliard, trat de
darle clases de francs, pero vio que no prestaba atencin.
  Una maana, cuando pareca que Alexei se encontraba mejor, la zarina
decidi sacarlo a tomar el aire; se alej en el carruaje, sentado entre su
madre y Ana Vyrubov. El camino era accidentado y el carruaje daba bandazos
y saltaba. De pronto, Alexei grit de dolor; palideci tanto que pareca
estar a punto de desmayarse. La zarina orden al cochero que parara y
luego que regresara a la casa. Cada bache en el camino de regreso
provocaba gritos de dolor en el nio.
  Durante cuatro das y cada cuarto de hora, sufri espasmos de dolor. Los
mdicos llegaron de San Petersburgo, pero eran intiles. Dirase que nada
aminoraba el dolor ni suprima la enorme hinchazn. La zarina se mud al
dormitorio del nio. El zar continu con su rutina domstica. Pero a
medida que pasaban las semanas, palideca y perda peso.
  A mediados de octubre, ms de un mes despus de la cada, el zar se
hallaba comiendo con la familia, cuando
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un sirviente le entreg una nota. Palideci y sali apresuradamente. Era
la zarina y deca: "Creo que se est muriendo." Agotado por tantas semanas
de dolor, el nio apenas respiraba. La zarina, demasiado exhausta para
llorar, con el rostro ceniciento, lo mir y alarg silenciosamente la mano
para que la cogiera su esposo. Toda esa tarde, vigilaron junto a la cama,
temiendo que la respiracin se detuviera. Hacia el anochecer, la zarina
sali de puntillas del dormitorio. Cuando regres, anunci quedamente:
  --Le he pedido a Ana que enviara un telegrama a Grgori.
  El zar asinti con la cabeza.
  --Pero tardar das en llegar.
  --Nadie ms nos puede ayudar.
  Antes de la medianoche, un sirviente toc suavemente a la puerta; tena
un telegrama. El zar lo abri violentamente, lo ley y se lo entreg a su
mujer. Deca: "Dios ha visto sus lgrimas y escuchado sus oraciones. No se
aflijan. El pequeo no morir. No dejen que los mdicos lo molesten" y lo
firmaba "Grgori". La zarina escondi el rostro en las manos y respir
profundamente. Entonces, mir a su esposo y dijo calladamente:
  --Podemos acostarnos ahora.
  A la maana siguiente, Alexei segua vivo, pero los mdicos declararon
que la hemorragia continuaba. Mas, hacia el medioda, empez a respirar
ms profunda y tranquilamente. Botkin apart cautelosamente la delgada
sbana que lo cubra. Mir a la zarina.
  --<Creo>, no estoy seguro, pero creo que la hemorragia se ha parado.
  --Lo s -contest la zarina.
  Por primera vez en varias semanas, se deshizo en lgrimas.
  A la maana siguiente, la hinchazn haba disminuido. Alexei estaba
delgado y pareca agotado. Pero el color regresaba a sus mejillas. El zar
llev aparte a Ana.
  --Enva un telegrama a Grgori. Dile que se lo agradecemos desde lo ms
hondo del corazn.
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 XII
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     1913 marcaba el tercer centenario de la dinasta de los Romanov,
fundada en 1613 por el zar Miguel. Nicols orden que se celebrara en
toda Rusia, esperando que una ola de patriotismo terminara con la
agitacin revolucionaria. Se decepcion. Huelgas extensas y disturbios
civiles alteraron las celebraciones. Y la sombra de la guerra incrementaba
la sensacin de inestabilidad. En 1911, Italia haba declarado la guerra a
Turqua; en 1912, Bulgaria, Serbia, Montenegro y Grecia decidieron unirse
al ataque. Las dos princesas montenegrinas, Militsa y Anastasia, trataron
de convencer al zar de que declarara la guerra a Turqua.
  Rasputn haba regresado a San Petersburgo y estaba en trminos an ms
ntimos con la familia real. El zar saba que su presencia despertaba
hostilidad y que el nuevo presidente de la Duma, Rodzianko, estaba
tramando destruir a Rasputn. Pero, tras la conmocin causada por la
enfermedad de su hijo, ya no se habl de desterrar a Rasputn a
Pokrovsko.  Cuando la familia real viaj a Kostroma, a orillas del
Volga, donde Miguel, el primer zar de los Romanov, se enter de su
eleccin al trono, Rasputn fue con la comitiva. Las multitudes que los
vitoreaban por todas partes convencieron al zar y a la zarina de que la
mayor parte del pueblo ruso era todava leal al trono. Nicols pens que
no estara mal una guerra contra los turcos; no haba nada como una guerra
para estimular el patriotismo. Pero cuando habl de ello con Rasputn, el
 <staretz>  se mostr terminante y enftico.
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  --Ninguna guerra se puede justificar. Pero, en este momento, una guerra
destruira a Rusia.
  Cuando el zar discuti, Rasputn se enfad y golpe la mesa para dar
nfasis a lo que deca. El zar acab por convenir que lo pensara muy a
fondo. Cuando Militsa se enter de que Rasputn se haba opuesto a una
guerra contra Turqua, orden a sus sirvientes que no lo dejaran entrar
nunca ms en su casa.
  Ese invierno fue uno de los ms alegres que se hubiesen visto en San
Petersburgo. All, al menos, las celebraciones haban creado un ambiente
de excitacin y festividad. La avenida Nevski destellaba con luces y
decoraciones. El principal tema de conversacin consista en el escndalo
del bailarn Nijinski, a quien haban expulsado del Ballet Imperial por
aparecer en pblico con un traje particularmente revelador; todo el mundo
saba que haba provocado su expulsin para poder unirse a la compaa de
su amante, Diaghilev, en Pars. Con escndalos como se, a nadie le
interesaba la poltica. La revolucin nunca haba parecido menos probable.
  Al regresar de Pokrovsko, Rasputn haba trado consigo a sus dos
hijas, as como la sirvienta Dunia. Ella le proporcionaba una til salida
sexual y le evitaba el problema de citarse con la costurera que viva dos
pisos ms arriba o la masajista que viva en el piso de abajo. No se
arrepenta de esta rutina domstica; los acontecimientos de los dos
ltimos aos le haban hecho darse cuenta de que estaba rodeado de
enemigos. A los cuarenta y dos aos, empezaba a pensar en el futuro.
  En cuanto a sus hijas, Rasputn era un tanto mojigato. Si salan, deban
ir con una duea. Tenan que regresar a casa a las diez de la noche a ms
tardar. Las chicas se divertan con el telfono; marcaban nmeros al azar
y tenan largas y temerarias conversaciones con hombres desconocidos.
  Un da de mayo, Mara recibi una llamada telefnica de un hombre que le
dijo que estaba enamorado de ella. Explic que la haba visto en la calle
y que llevaba das siguindola. Describi los paseos que ella daba y la
gente con quien haba hablado. Le hizo ardientemente el amor por telfono,
pero se neg a darle su nombre.
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  El admirador desconocido llamaba cada dos o tres das. Mara no era
bonita, se pareca demasiado a su padre, pero tena labios generosos, ojos
vivaces y buen tipo. La idea de que alguien la considerara hermosa bastaba
para predisponerla a corresponder el sentimiento.
  En la tercera semana de junio, Rasputn anunci repentinamente que ese
verano regresaran a Pokrovsko. La familia real haba ido nuevamente a
Crimea; pero la salud de Alexei haba mejorado tanto que pareca
improbable que necesitaran a Rasputn. Adems, ya haba mostrado su
capacidad para curar desde lejos. El 20 de junio de 1914, los Rasputn
emprendieron el viaje de siete das de regreso a Pokrovsko, cinco das
por tren y dos por barco. En Tobolsk, abordaron un vapor fluvial la ltima
etapa del viaje.
  Cuando se encontraba en cubierta, gozando de la brisa de la estepa, un
joven de cabello oscuro, obviamente judo, se acerc a Mara y le dijo que
era un reportero. Algo en su voz la intrig. De pronto, cay en la cuenta;
era el admirador desconocido. El joven, que dijo llamarse David-, sohn,
pareca abochornado pero reconoci que era cierto. Incapaz de pasar el
verano sin verla, decidi seguirla a Pokrovsko. Mara se sinti halagada.
Davidsohn no era particularmente atractivo, pequeo y con gafas; mas la
idea de que poda inspirar tal sentimiento le resultaba agradable a Mara.
Cuando se separaron en el muelle de Pokrovsko, ya senta ternura por l.
Pero se cuid de que su padre los viera cuando le permiti robarle un
beso.
  El domingo, 28 de junio, era un da claro y tranquilo. Rasputn se
encontraba de muy buen humor, encantado de estar en casa. Fueron a misa y
Rasputn no mostr su impaciencia con el aburrido sermn del padre Piotr.
Durante la comida, divirti a todos con relatos sobre San Petersburgo y
cmo haba logrado despistar a la polica secreta que lo segua siempre.
  A las dos y cuarto, mientras estaban an sentados a la mesa, alguien
llam a la puerta. Era el cartero, con un telegrama. Rasputn lo abri.
Era de Maniulov, que solicitaba la ayuda de Rasputn para conseguir un
nombramiento poltico para alguien. Rasputn se encamin al correo para
enviar una respuesta.
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  La mayora de los aldeanos haban salido a disfrutar del sol; Rasputn
anduvo por las calles atestadas, saludando a sus amigos. Cuando trataban
de detenerlo para hablar, explicaba que tena que apresurarse para enviar
un telegrama.
  Cerca del correo, se par cuando una mujer coja se arrastr hacia l,
con la mano izquierda estirada. Rasputn busc una moneda en el bolsillo.
En ese momento, la mujer sac la otra mano de debajo del chal y se
abalanz contra l. Le hundi el cuchillo en el abdomen y luego lo empuj
hacia arriba. La sangre sala a borbotones, manchando la ropa de Rasputn,
que se volvi para correr. La mujer se abalanz nuevamente sobre l,
tratando de clavarle el cuchillo en la espalda. Rasputn cogi un pedazo
de madera que haba en el arroyo y la golpe en la cabeza. La mujer se
cay en el camino y trat de alejarse, gateando. Para entonces, las
personas que pasaban por all se haban dado cuenta de lo que ocurra;
varios la agarraron y la arrastraron a la comisara. Rasputn regres
tambalendose a su casa, con la sangre escurrindole entre los dedos.
  Lo tumbaron en la mesa de la cocina y le quitaron el pantaln. A travs
de la larga herida, sus intestinos salan, cual globos.
  Mientras Prascovia y Dunia, la sirvienta, le limpiaban la herida,
alguien llam a la puerta. Era el reportero, Davidsohn, quien explic que
haba odo hablar del ataque y quera informar de ello en su peridico.
Cuando trat de mirar por encima del hombro de Mara, sta se sobrecogi
al adivinar algo horrible. Este hombre estaba detrs del atentado contra
la vida de su padre. Iracunda, lo empuj y le cerr la puerta en las
narices.
  Ms tarde ese mismo da, lleg la polica. La mujer arrestada se llamaba
Chionya Guseva y llevaba varios das hospedada en la aldea. Unas cartas
que encontraron en su posesin revelaron que era una discpula de Iliodor;
el cuchillo que us perteneca al pope que haba tenido que colgar sus
hbitos.
  Una investigacin posterior demostr que la sospecha de Mara era
correcta; al llegar a Pokrovsko, Davidsohn fue directamente al
alojamiento de Guseva. Ahora, haba desaparecido.
     (189)
  El 28 de junio de 1914 es notable por otro acontecimiento, aparte del
atentado contra Rasputn. A cinco mil seiscientos kilmetros de
Pokrovsko,  en la ciudad de Sarajevo, en Bosnia, un joven patriota
llamado  Gavrilo  Princep segua los movimientos de su proyectada
vctima, el archiduque Ferdinand, heredero del trono de Austria, que haba
escogido un mal da para una visita de Estado a Sarajevo, puesto que era
Vinovdan, el aniversario de una derrota serbia. Ese domingo, poco despus
de las diez de la maana, una bomba casera estall e hiri a varios
espectadores, pero el archiduque y su esposa salieron ilesos. Siguieron su
camino, para asistir a la ceremonia en el ayuntamiento. Al salir, media
hora ms tarde, el archiduque manifest a su esposa:
  --Tengo la sensacin de que puede haber an ms bombas.
  El coche se alej.
  Pocos minutos antes de las once, Gavrilo Princep observaba su llegada y
empu el revlver Browning que llevaba en el bolsillo. Entonces,
inesperadamente, el coche dobl por otra calle. Un oficial grit,
sealando al chfer que se haba equivocado de camino. El coche dio marcha
atrs. Cuando pas frente a Princep, ste salt hacia adelante, con el
revlver alzado, y dispar dos veces. Tuvo buena puntera; Ferdinand y su
duquesa murieron casi simultneamente.
  El archiduque Ferdinand fue asesinado a las once de la maana; a
Rasputn lo acuchillaron a las dos y cuarto de la tarde. Pero Sarajevo y
Pokrovsko estn separados por cincuenta grados de longitud, una
diferencia horaria de tres horas y cuarto. Guseva acuchill a Rasputn
precisamente en el mismo momento en que Princep dispar contra Ferdinand y
su mujer.
  Mientras Rasputn yaca en el hospital, entre la vida y la muerte, las
consecuencias se siguieron inevitablemente la una a la otra. Indignado por
el asesinato del heredero del trono, Franz Ferdinand de Austria exigi
reparaciones a Serbia, as como que se diera permiso a oficiales
austracos para interrogar a los oficiales serbios, con el fin de
descubrir el complot. El zar tena un pacto de defensa mutua con Serbia;
en medio de esta crisis, se esperaba claramente que declarara la guerra a
     (190)
Austria, que, a su vez, tena un pacto de defensa mutua con Alemania. El
honor de Serbia, era lo bastante importante como para que Rusia se
lanzara a la guerra? En dos ocasiones, Rasputn haba aconsejado
enfticamente al zar contra la guerra por los Balcanes. De haber podido
regresar a San Petersburgo a finales de 1914, habra repetido
indudablemente el consejo. Pero se encontraba en el hospital y le estaban
operando para evitar una peritonitis.
  El zar vacil y orden finalmente una movilizacin parcial. Esperaba
todava encontrar un pretexto para evitar la guerra. El kiser le envi un
mensaje insultante, ordenndole que cesara inmediatamente la movilizacin
o que se atuviera a las consecuencias. Los austracos bombardearon
Belgrado, la capital de Serbia. Cuando el zar se enter de los rumores de
que los austracos haban ordenado una movilizacin completa, dio rdenes
finalmente para la movilizacin de Rusia.
  Pas un mes antes de que Rasputn se recuperara lo suficiente para
prestar atencin a las noticias de la capital; escribi inmediatamente una
carta al zar, carta que empezaba: "Amigo mo, lo repito nuevamente, una
terrible tormenta amenaza Rusia; infortunio, sufrimientos sin fin..." Pero
era demasiado tarde. Rusia ya estaba en guerra.
  Francia y Blgica tenan pactos de defensa mutua con el zar. Las tropas
alemanas marcharon sobre Blgica y Gran Bretaa entr en la guerra en
defensa de Blgica. El Japn declar la guerra a Alemania; Italia se la
declar a Austria. A principios de agosto, la mitad del mundo estaba en
guerra.
  Cuando, ese mismo ao, Rasputn regres a San Petersburgo, el nombre de
la ciudad haba cambiado a Petrogrado; los rusos consideraban que era
antipatritico llamar a su capital con el nombre alemn elegido por Pedro
el Grande. Rasputn se apresur a ver al zar, llevando consigo a Mara.
Estaba plido y pareca mucho ms viejo; tanto su cabello como su barba
aparecan veteados de canas.
  El zar y la zarina lo recibieron amablemente y Mara se sent a los pies
de la zarina, apoyando la cabeza sobre sus rodillas. Pero cuando Rasputn
empez a hablar de la guerra, el zar le dijo, con frialdad:
     (191)
  --Amigo, es demasiado tarde. No podemos dar marcha atrs.
  --Nunca es demasiado tarde para negociar la paz.
  El zar contest irritado:
  --T eres un hombre de Dios. No entiendes estas cosas. Adems, es un mal
momento para renunciar, ahora que estamos ganando.
  Esto no era enteramente cierto. Los austracos haban logrado una
importante victoria en agosto en Zamoc-Komrov y los alemanes, en
Tanenburgo; pero los rusos haban ganado la batalla de Lemberg, en su
territorio. El pas estaba electrizado con patriotismo y victoria;
vitoreaban al zar cada vez que apareca en pblico. Ya no se hablaba de
revolucin. Rasputn le pareci un pesimista pesado que tema los riesgos.
  Tras explicar su punto de vista, el zar sali de la estancia. La zarina
trat de consolar a Rasputn, explicndole que ella tambin estaba en
contra de la guerra, -su propio hermano se hallaba en el ejrcito
alemn-, pero que Rusia tena derecho a defenderse. Acab diciendo:
  --No se desespere. Queda todava mucho trabajo para usted. Lo
necesitamos como siempre.
  Cuando sali del palacio, Rasputn pareca enfermo y agotado. La guerra
haba logrado lo que no haban logrado sus enemigos: haba destruido su
influencia sobre el zar.

  Los siguientes cuatro meses fueron los peores que hubiese vivido
Rasputn. Si bien la herida de la pualada haba cicratizado, su salud
declinaba; se senta siempre cansado, abandonado, no slo por el zar, sino
tambin por Dios. Las horas que pasaba rezando no lo consolaban. Empez a
beber mucho alcohol para paliar la desesperacin; cada noche, Dunia lo
observaba beber hasta quedarse dormido en la silla, y entonces lo ayudaba
a acostarse.
  Le pareca una absurda irona que sus enemigos estuviesen ms activos
que nunca. Ese invierno, en San Petersburgo exista la mana de los espas
y Rasputn pronto descubri que alguien haba divulgado el rumor
     (192)
de que l era un espa alemn. Para colmo, el rumor insista tambin en
que la zarina era su amante y que ella era asimismo una espa alemana.
Segn una broma de esos tiempos, el zarevich deca: "No s de qu lado
estoy. Cuando los rusos pierden, papi parece melanclico, y cuando pierden
los alemanes, mami llora."
  Despus de Septiembre, la guerra empez a ir mal para Rusia. Los
generales eran incompetentes y los ministros, corruptos. Se hablaba
abiertamente de las ganancias escandalosas de algunos e incluso de
malversacin a gran escala de los fondos asignados a la compra de armas;
pero nadie haca nada al respecto. Siglos de ineficacia y de corrupcin
haban acostumbrado a los rusos a creer que era algo inevitable. Los
soldados luchaban bien, pero carecan de armas y moran por millares. Es
ms, como haba sealado Rasputn a Kokovtsev, el sistema ferroviario era
tan malo que las municiones y los alimentos se amontonaban en las vas
muertas. Aun si  Kokovtsev  hubiese hecho caso del consejo, no habra
tenido tiempo de hacer nada; el zar lo despidi poco despus y nombr al
anciano y despistado Goremykin en su lugar. El zar aprovech la guerra
para convertirse en el autcrata absoluto que siempre haba credo que
deba ser. No permiti que la Duma se reuniera y los seis diputados
bolcheviques fueron arrestados. Se prohibi la venta de vodka, para evitar
que las tropas se emborracharan; pero esto era innecesario. La excitacin
patritica haba causado una dramtica disminucin del nivel de
embriaguez. En esos primeros meses, se crea generalmente que la guerra
terminara antes de la primavera.
  Cuando el zar sali de San Petersburgo para ir al cuartel general de
Polonia, Rasputn tena la esperanza de que lo mandaran llamar nuevamente
a palacio. Pero no lleg ningn mensaje. En noviembre de 1914, Dunia tuvo
que regresar a Pokrovsko para cuidar a su madre moribunda; Rasputn
comenz a pasar las veladas en el Villa Rode, su restaurante preferido,
donde poda escuchar msica gitana. El gerente aprendi rpidamente a
mandar por un carruaje para llevarlo a casa cuando empezaba a roncar.
  A medida que su salud se deterioraba, senta que
     (193)
su poder lo abandonaba tambin. Una anciana que padeca artritis fue a
verlo justo antes de Navidad. Tena las manos y los brazos tan retorcidos
que semejaban madera quemada. Rasputn tom sus manos en las suyas y rez;
pero no ocurri nada. Cuanto ms trataba de llegar a la fuerza oculta en
su interior, menos pareca ser capaz de concentrarse. Finalmente, envi a
la mujer con una nota a la consulta de su amigo el doctor Badmaev. Despus
bebi hasta perder el conocimiento.
  Cuando, das ms tarde, Dunia regres de Siberia, se conmocion ante el
cambio que se haba operado en Rasputn. Dirase que era un moribundo. Su
tez pareca masilla gris; sus manos temblaban cuando intentaba servirse
una copa. Pese a sus protestas, Dunia lo acost y lo aliment con una
espesa sopa de verduras.
  La tarde del 15 de enero de 1915 nevaba fuertemente. Simanovich fue a
ver a Rasputn y le habl del sufrimiento de los judos. La guerra haba
obligado a muchos de ellos a dejar sus casas y llegaban a raudales a las
ciudades rusas. All, se convertan en vctimas de la espionitis; haba
habido varios pogroms. Rasputn escuch melanclicamente, consciente de
que no era capaz de ayudar. Tras media hora, Dunia entr a decir a
Simanovich que era hora de que se fuera. Cuando Simanovich iba a salir, la
puerta se abri de golpe y Mara entr corriendo. Estaba plida.
  --Papi. Ana ha muerto en un accidente de tren.
  --Ests segura? Dnde te enteraste de eso?
  --En casa de los Sasanov. Alguien llam al seor Sasanov.
  Rasputn gimi y se pas una mano por la cara. Entonces, dijo a
Simanovich:
  --Ponte al telfono. Entrate de si es verdad.
  Diez minutos ms tarde, Simanovich regres.
  --No es cierto. Est herida de gravedad, pero no muerta.
  Rasputn baj con dificultad de la cama y se visti. Dunia no intent
detenerlo; saba que de nada servira hacerlo.
  --Consgueme un coche de punto. Voy a verla, -indic a Simanovich.
  Haba tanta nieve que el coche tard dos horas en
     (194)
llegar a Zarsko Selo. Rasputn subi directamente por la escalera
principal de palacio, seguido de Mara.
  --Dnde se encuentra Ana? -pregunt al mayordomo que abri la puerta.
  ste lo gui a la enfermera.
  El zar y la zarina se hallaban junto a la cama. Rasputn no les hizo
caso. Permaneci de pie, al lado de la cama, y tom las manos de la mujer
inconsciente que yaca sobre el edredn. Se dio cuenta inmediatamente de
que casi no le quedaba vida. Ana respiraba trabajosamente y estaba
mortalmente plida.
  --Aniushka. Aniushka. Despierta, -le dijo en voz alta y fuerte. No hubo
respuesta. Se inclin, acercndose ms y repiti- Aniushka, abre los ojos.
  Sinti que recuperaba el conocimiento.
  Agit los prpados y mir hacia arriba. Tard un momento en enfocar los
ojos; entonces, lo reconoci.
  --Grgori. Gracias a Dios! -exclam.
  Rasputn no dijo ms; se limit a cogerla de las manos. Ahora, con los
ojos cerrados, entr en la conciencia de Ana y se percat del dolor que
sufra en las piernas y las caderas. Profundiz su concentracin y sinti
la fuerza aumentar en su corazn y fluir nuevamente a travs de sus manos.
Haba perdido su propio conocimiento y se haba convertido en la debilidad
de Ana y en su propia necesidad de llenarla de fuerza. Percibi el alivio
de Ana mientras la vida volva a fluir en su cuerpo. Tras unos cinco
minutos, coloc las manos de la mujer sobre el edredn. El color haba
regresado a sus mejillas. Mir al zar y a la zarina, que se encontraban
del otro lado de la cama.
  --Vivir. Pero quedar invlida.
  Puso las manos en los hombros de Mara.
  --Vamos.
  Salieron de la habitacin. Tan pronto como la puerta se cerr a sus
espaldas, Rasputn sinti que sus sentidos lo abandonaban; se desplom,
cayendo en el suelo. A travs de la oscuridad, oy que Mara peda:
  --Consigan un mdico.
  Logr enderezarse lo suficiente para decir:
  --No, llevadme a casa.
  Ms tarde, ese da, mientras Rasputn dorma, alguien
     (195)
toc al timbre de la casa. Era un mensajero con un enorme ramo de flores y
una cesta de frutas tan grande que el polica que se encontraba afuera
tuvo que ayudarlo a subirlo. La tarjeta deca sencillamente: "Carios de
mam."
  Al cabo de dos das, Rasputn se haba recuperado completamente. El
tercer da, volvi a visitar a Ana y habl con ella durante media hora,
cogindola de las manos. Despus de eso, tom el t con la zarina y el zar
entr a hablar con l. No se habl de la guerra. El frente del Este estaba
en un punto muerto, pero el zar segua esperando que todo acabara antes
de la primavera.
  Al da siguiente, Rasputn caminaba sobre la dura nieve de la avenida
Kammeno-Ostroski cuando oy las pisadas de un caballo que se acercaba; la
cautela lo oblig a volverse y salt alocadamente. El trineo lo golpe y
lo derrib. Los policas que lo seguan siempre corrieron y uno de ellos
logr agarrar la brida del caballo. Rasputn estaba atontado y una herida
en la cabeza le sangraba; se sent, aturdido, y observ cmo los policas
detenan a los tres hombres del trineo. Ms tarde, ese da, el polica
apostado fuera de su casa le explic que los hombres reconocieron haber
llegado de Zaritsyn, el antiguo "baluarte" de Iliodor. Pero la acusacin
de intento de asesinato contra Rasputn se abandon silenciosamente;
Dzhunkovski, el jefe de la polica, odiaba a Rasputn y haba jurado
conseguir su cada.
  Tan pronto como el zar regres al cuartel general, la zarina mand un
carruaje para llevar a Rasputn a palacio. Quera pedirle consejo. Haba
odo que los rumores se referan al comandante en jefe del ejrcito, el
gran duque Nicols, como "el zar Nicols III" y como el hombre ms popular
de Rusia. No sera mejor que el propio zar tomara en sus manos el mando
supremo? Debera ceder ante la presin para que permitiera que la Duma
volviera a reunirse? Cules eran los ministros de los que se poda fiar?
Rasputn le aconsej que no despidieran al comandante en jefe, pero
sugiri que el zar no mencionara su nombre en las proclamas pblicas.
  Camino de regreso a Petrogrado, a Rasputn le pareci
     (196)
que la zarina necesitaba algo con que ocupar su mente mientras el zar se
encontraba en el cuartel general. En la avenida Nevski, pas frente a un
convoy que llevaba al hospital a los heridos del frente y en l encontr
la respuesta: debera convertirse en enfermera. Le dara la sensacin de
que ayudaba en el esfuerzo de la guerra y mantendra su mente alejada de
la poltica. Cuando, el da siguiente, le sugiri la idea, la zarina se
entusiasm; no slo se convertira en enfermera, sino que sus dos hijas
mayores haran lo mismo. Empez a adiestrarse inmediatamente y, durante
unos meses, Rasputn no volvi a orle hablar de poltica ni de la idea de
que el zar deba sustituir al gran duque como comandante en jefe. Cuando
le habl de ello a Mara, se ri entre dientes y se frot las manos como
un villano de pantomima.
  --Tu padre se est volviendo astuto en su vejez.
  Pero, con el zar en el cuartel general, ni siquiera la enfermera
evitaba que la zarina se preocupara por la situacin poltica. Bombardeaba
a su esposo con cartas (escritas en ingls) llenas de consejos polticos:
"Querido, me enter de que ese horrible Rodzianko y otros fueron a ver a
Goremykin rogndole que se volviera a reunir inmediatamente la Duma. Ay,
por favor, no lo hagas! No es asunto suyo, quieren hablar de cosas que no
les conciernen y provocar ms descontento..." Ms abajo, en la misma
carta: "Recuerda que nuestro amigo (Rasputn) te rog que no te quedaras
demasiado tiempo; l ve y conoce a Nicols (el gran duque Nicols) como la
palma de la mano as como tu corazn demasiado blando y bondadoso...
Nicols conoce mi voluntad y teme mi influencia (guiada por Grgori) sobre
ti..." Era cierto; Rasputn haba rogado al zar que no pasara mucho tiempo
en el frente; saba que, mientras l estuviese fuera, la zarina estara
obsesionada con la poltica. Y la poltica de la zarina consista
mayormente en una serie de antipatas violentas. Sus comentarios acerca
del gran duque y el corazn bondadoso de su esposo implicaban que el zar
slo dejaba por consideracin al gran duque al mando del ejrcito.
  La zarina logr por fin su propsito; el 5 de Septiembre de 1915, el gran
duque Nicols fue relevado de su
     (197)
cargo como comandante en jefe y el propio zar se encarg del mando
supremo. De pronto, Rasputn encontr que se le requera en la corte cada
da de la semana y que las cartas de la zarina al frente contenan un
nmero creciente de frases como "Nuestro amigo cree que la gracia de Dios
se halla en Hvostov y que l sera un excelente ministro del Interior."
Hvostov era un hombre mediocre con un don para la intriga y la adulacin;
pero la zarina explic que "apoya a nuestro amigo y se dejara cortar en
pedazos por ti".
  As pues, Hvostov fue nombrado ministro del Interior. El zar sigui el
consejo de su esposa en cuanto a la Duma y, a mediados de Septiembre,
declar cerradas las sesiones, una medida que careca de tacto y llev a
una huelga de protesta entre los trabajadores de Petrogrado que dur dos
das. De haber estado en casa, el zar habra escuchado tal vez a
consejeros como Rodzianko, y se habra abstenido de aadir lea al fuego
de la revolucin. Pero mientras se encontraba en el cuartel general, la
zarina se haca cargo de todo. Y puesto que Rasputn era su principal
consejero, l era virtualmente el zar.
  Desgraciadamente, ni l ni la zarina tenan el don de la poltica.
Rasputn segua siendo manipulado por intrigantes como Simanovich,
Maniulov y el patrocinador de este ltimo, el siniestro prncipe
Andronikov. A Hvostov, Andronikov le era antiptico y nombr como
guardaespaldas y "niera" a un polica corrupto llamado coronel Komisarov,
cuyo trabajo consista en minar la influencia de Andronikov. Haca todo lo
que poda para mantener sobrio a Rasputn, puesto que podan mandarlo
llamar a palacio en cualquier momento, para evitar que se liara
sexualmente con demasiadas mujeres de las que llegaban con solicitudes,
pues los peridicos estaban llenos de historias sobre las violaciones y
las seducciones de Rasputn, y para asegurarse de que no utilizara su
influencia a favor de la gente que le resultaba antiptica a Hvostov.
Rasputn era lo bastante astuto para saber que era poco ms que un
instrumento en manos de esta gente y lo bastante realista para saber que
no poda hacer gran cosa al respecto.
  Un da, cuando estaba a punto de sustentarse con
     (198)
su piscolabis consistente en arenque y vino georgiano, Simanovich le dijo
que tena una solicitante ms, una que haba reservado hasta lo ltimo.
Result ser una hermosa mujer de poco ms de treinta aos, ataviada a la
moda con un vestido azul que resaltaba su bien proporcionado cuerpo y que
se dej caer inmediatamente a los pies de Rasputn, aduciendo que slo l
poda salvar a su esposo. Rasputn pidi el nombre del marido y se
sorprendi al enterarse de que se trataba del general Sukhomlinov, el
ministro de la Guerra, un hombrecillo rechoncho de setenta aos, de quien
se saba que disfrutaba de la buena comida y la bebida. Su incompetencia
era parcialmente responsable de las derrotas del ejrcito ruso; hubo
incluso un momento en que rechaz la oferta que hicieron los franceses de
proporcionarles municiones, alegando que el ejrcito ruso posea
suficientes. La Duma haba hablado de la posibilidad de acusarlo de
desfalco, pero el hecho de que el zar disolviera la Duma termin con esa
amenaza.
  Rasputn le pregunt por qu estaba tan angustiada. Ella le explic que
los enemigos de su esposo seguan tratando de acusarlo de estafar dinero
que debi gastarse en armas.
  --Lo hizo? -inquiri Rasputn mirndola fijamente a los ojos.
  La mujer se sonroj y baj la mirada.
  --Slo un poco... como todos los oficiales rusos.
  Rasputn la agarr de la mano y la levant bruscamente.
  --Entonces, pudo ser el responsable de miles de muertes. Por qu habra
de ayudarlo? -inquiri con severidad.
  Madame Sukhomlinov se deshizo en lgrimas.
  --Porque lo amo. Y es realmente un hombre bueno y decente...
  Rasputn nunca pudo soportar las lgrimas. Rode sus hombros con un
brazo.
  --De acuerdo. Por favor, no llore.
  La mujer se sorbi las lgrimas sobre el hombro de Rasputn.
  --Me lo promete, verdad?
  Se estir y desabroch un botn de atrs de su vestido.
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Rasputn observ, irnico pero preocupado, en tanto ella dejaba caer el
vestido al suelo y se desataba el corpio, revelando unos pechos blancos y
redondos.
  Se estaba quitando las enaguas cuando le dijo:
  --Basta ya!
  La visin de las piernas bien torneadas, enfundadas en medias de seda
gris, haba despertado el deseo en su cuerpo; mas la derrota total que vio
en el rostro de la mujer, la splica e infelicidad, hicieron que se diese
cuenta de que no poda aceptar lo que le ofreca.
  --Vstase, -las lgrimas rodaban silenciosamente por las mejillas de la
mujer-. Har lo que pueda por su esposo, se lo prometo, -indic
bruscamente.
  La mujer le rode el cuello y lo bes. La suavidad de sus labios hizo
peligrar su resolucin, pero saba que no podra respetarse a s mismo si
la utilizaba as para satisfacer una lujuria pasajera. Le dio la espalda
mientras se vesta; ella se arrodill, le bes la mano y sali.
  Simanovich entr, poniendo los ojos en blanco.
  --Te deshiciste de ella?
  --Promet ayudarle.
  --No te gust?
  Era evidente que Simanovich deseaba que fuera l quien tuviese
influencia sobre la zarina.
  --Estoy envejeciendo, -contest Rasputn.
  De pronto, se sinti cansado y asqueado.
  Cuando, esa tarde, durante el t, Munia Golovina le comunic que Flix
haba regresado a San Petersburgo (poca gente se haba acostumbrado a
llamarlo Petrogrado), Rasputn se mostr perplejo.
  --Quin es?
  --El prncipe Flix Yusupov. Lo conoci usted hace unos aos. Desea
verlo de nuevo.
  Rasputn record al joven tmido de mirada preocupada.
  --S, me acuerdo de l. Me dijo que tocaba la guitarra.
  El recuerdo produjo en Rasputn una especie de afecto sentimental por
Yusupov, que pareca necesitar ayuda y consejos.
  --Me gustara verlo de nuevo.
     (200)
  --Vendr a mi casa maana por la tarde. Podra usted venir a tomar el
t?
  --Bien. Me encantar. Dgale que lleve su guitarra.
  Por primera vez desde la entrevista con madame Sukhomlinov, su depresin
amainaba.
  Ms tarde ese mismo da, habl a la zarina del general Sukhomlinov y
ella le escuch comprensivamente. El proceso contra el general se abandon
discretamente.
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     (201)




 XIII
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     A principios de diciembre, Rasputn anhelaba regresar a Pokrovsko
para las Navidades. Estaba harto de Petrogrado y de las interminables
intrigas. La poltica le aburra y, sin embargo, se vea obligado a pensar
en la poltica y a hablar de ella desde el momento en que despertaba por
la maana. Hasta el tiempo que pasaba en Zarsko Selo se estaba
convirtiendo en una carga. Era lo bastante perspicaz para darse cuenta de
que la zarina careca de inteligencia para juzgar la situacin poltica,
que se dejaba llevar una y otra vez por sus emociones. Mas l se
encontraba dndole los consejos que ella deseaba or, sencillamente porque
no haba modo de inducirle a ver la verdad sin hacerla desdichada. No
caba duda de que Goremykin, el primer ministro, era un desastre y deba
despedrsele a la mayor brevedad posible, pero la zarina le tena simpata
y confiaba en l por ser tan reaccionario. Era obvio que el mejor hombre
para sustituirlo sera Rodzianko, o incluso Guchkov; pero la zarina odiaba
a ambos porque queran una constitucin democrtica. Al propio Rasputn no
le gustaba Rodzianko, que lo haba perjudicado varias veces; pero se
percataba de que con l de primer ministro el pas se unira detrs del
zar. Como mnimo, el zar deba volver a reunir la Duma.
  A principios de diciembre, Rasputn pas una tarde entera discutiendo
con Goremykin, tratando de convencerlo de que volviera a reunir la Duma e
hiciera varias pequeas concesiones a los liberales; el anciano era terco
como una mula. Rasputn regres a casa exhausto y deprimido.
     (202)
  Para calmarse, se pase por los muelles del Neva, hasta hallarse frente
a la baha de Finlandia. La gran extensin de agua le tranquiliz
gradualmente el nimo. Record su primer da en San Petersburgo, cuando se
encontr en ese mismo sitio, mirando hacia la isla de Cronstadt. Dirase
que haba pasado un siglo desde entonces. De pronto, cay en la cuenta de
que haba logrado por fin todo lo que haba soado de pequeo: una
posicin de poder y una intimidad con el zar ms estrecha an que la del
arcipreste Avvakum. La irona de la situacin le hizo sonrer. Se hallaba
atrapado en una ciudad que haba llegado a odiar y en un estilo de vida
mortal para el alma.
  Cuando regres al apartamento en la calle Gorokhovaya, le dijo a Mara:
  --Maana tomaremos el tren de regreso a Tobolsk.
  Sus dos hijas se pusieron a bailar a su alrededor, emocionadas. Esa
noche llam a Prascovia por telfono, informndole que poda esperarlo al
cabo de unos ocho das, segn las condiciones del camino de Tobolsk a
Pokrovsko.
  A las ocho de la maana del da siguiente, Dunia lo despert.
  --La zarina est al telfono.
  Rasputn agarr el auricular y contest irritado:
  --Hola, Mama, qu ocurre?
  --Es Alexei, -explic ella con voz entrecortada.
  --Cre que se encontraba con su padre.
  --S, est con l. Acabo de recibir un telegrama. Tiene una hemorragia
nasal y regresan hoy mismo.
  --Que le sangre la nariz no tiene importancia.
  --No regresaran si no la tuviese. No puede hacer nada?
  --Ir a verlo tan pronto como llegue. Cundo ser?
  --Maana, no s a qu hora.
  Rasputn colg y comunic, cansadamente, a Dunia:
  --Nos quedamos.
  Vio a la zarina esa tarde. Tena la cara hinchada, se haba dado un
golpe en la mandbula, tena los ojos rojos y pareca cansada. Al parecer,
el nio sufri un fuerte resfriado la semana anterior y el sonarse
constantemente le haba producido una hemorragia nasal que
     (203)
no se detena con nada. El nio, de once aos, volva a tener fiebre.
  Al da siguiente hubo ms telegramas. Alexei sufra tanto ya que tenan
que parar frecuentemente el tren. Tardaran al menos veinticuatro horas
ms en llegar a casa. Rasputn pas una hora tranquilizando a la zarina y
la dej finalmente sonriente y animada. l estaba agotado.
  Cuando lleg a casa, Flix Yusupov lo esperaba. Los dos se haban visto
la semana anterior en casa de Munia Golovina; pero Yusupov pareca
extraamente reticente. Ahora, el prncipe se levant de un salto y, para
asombro de Rasputn, se deshizo en lgrimas. Rasputn le rode el hombro
con un brazo.
  --Vamos, vamos, amigo, sintese y cunteme sus problemas.
  Mientras Yusupov sollozaba en su hombro, Rasputn tuvo una rfaga de
perspicacia. Lo empuj suavemente hacia un silln. Yusupov se son
violentamente la nariz.
  --He pasado toda la semana tratando de verle, pero usted estaba siempre
en palacio.
  --Bueno, pues hablemos ahora. Se trata de su matrimonio, verdad?
  Yusupov lo mir sorprendido.
  --S cul es el problema.
  --Ah, s?
  Yusupov se preguntaba evidentemente si hablaban de lo mismo.
  --Cunto tiempo hace que sabe que... prefiere a los hombres?
  Yusupov suspir aliviado. Volvi a sonarse la nariz para evitar las
lgrimas.
  --Creo que desde pequeo. Pero luch contra ello. Ahora... ya no quiero
luchar.
  Hablaron durante ms de una hora. Rasputn no saba nada de la
homosexualidad, pero su comprensin y su calidez dieron a Yusupov la
impresin de que lo comprenda. Cuando las dos hijas de Rasputn llegaron,
Yusupov se fue. Mara coment:
  --Es muy apuesto. Pero hay algo extrao en l.
  --Tiene hielo en los ojos, -seal Daria.
     (204)
  --Tiene problemas. Al menos, eso piensa l... -explic Rasputn.
  Esa noche, fue al Villa Rode y bail al son de la msica gitana. A la
tercera botella de vino, se qued dormido. Al despertar, se encontraba en
un coche que lo llevaba a su apartamento. Tena una sensacin de pesadez
en el estmago. Cuando, media hora ms tarde, se acost, la pesadez se
haba convertido en quemazn. Permaneci acostado media hora, sintindose
peor por momentos y preguntndose si deba llamar a un mdico. Se tambale
hacia el lavabo y vomit violentamente. Tuvo nuseas durante otro cuarto
de hora. Finalmente, se tumb boca abajo sobre la alfombra, tratando de
hacer desaparecer las nuseas. El telfono son en la habitacin vecina.
No hizo caso. Cuando se encendi la luz de su habitacin, se haba quedado
dormido. Mara entr en camisn. Se arrodill al lado de su padre y lo
sacudi.
  --Mama est en el telfono. Quiere que vayas inmediatamente a palacio.
Dice que Alexei se est muriendo.
  Mara no se preocup demasiado al ver a su padre tumbado en la alfombra.
Lo haba visto borracho antes. Pero, cuando l se incorpor, ella se
alarm.
  --Pareces enfermo.
  Rasputn tena la tez cenicienta y los ojos rojos. Se levant con
dificultad.
  --No te preocupes. Aydame a vestirme.
  Empezaba a amanecer cuando el coche lleg a Zarsko Selo. De camino,
Rasputn haba dormitado. Dunia, que se encontraba con l, lo mantuvo
cubierto con mantas de viaje y le friccion las fras manos.
  La zarina baj corriendo al vestbulo en el momento en que Rasputn
lleg; era obvio que haba estado mirando por la ventana del dormitorio.
  --Grgori, gracias a Dios que ha llegado. -Se hallaba tan angustiada que
no se percat de cun enfermo pareca-. Venga rpido.
  Casi lo arrastr escalera arriba.
  El zar se hallaba arrodillado junto a la cama, rezando. El nio,
despierto, pareca tener fiebre y estaba sonrojado. La almohada se
encontraba cubierta de manchas de sangre. Botkin se hallaba de pie, junto
a la ventana, contemplando la nieve.
     (205)
  Cuando Rasputn vio el estado del nio, su propia sensacin de
enfermedad desapareci; la fuerza en su interior se enfoc y se concentr
repentinamente. Se acerc a la cama y sonri. El nio trat de sonrerle
tambin. Rasputn alarg la mano y le toc la frente, que estaba caliente.
  --Vaya, me das muchos problemas, verdad? -le dijo.
  Puso la mano en la mejilla de Alexei. Mir al zar y le pregunt con
burlona aspereza:
  --Para qu me hicieron venir hasta aqu? No le pasa nada.
  --Ha estado sangrando, -aleg el zar.
  --Pero ya no sangra. Ya est bien. -Agit el cabello del nio-. Verdad
que s?
  Alexei asinti con la cabeza, demasiado exhausto para sonrer.
  Rasputn se volvi hacia la zarina.
  --Regreso a casa, estoy cansado.
  Ella lo acompa a la puerta. Rasputn le dio un beso y susurr:
  --Estar bien, ahora.
  La zarina le rode el cuello con los brazos y lo abraz tan
violentamente que l casi se ahog.
  --Cuidado, Mama, -le dijo.
  Por primera vez, Alejandra vio su rostro,
  --Est <usted> bien?
  --S, creo que s.
  Se contuvo justo antes de decir "Creo que alguien trat de envenenarme",
pues slo la preocupara. En vez de ello, indic:
  --Necesito unas vacaciones en mi pueblo.
  --S, por supuesto. Pero an no, por favor. No, hasta que Alexei se
encuentre realmente mejor.
  Rasputn durmi durante todo el trayecto de regreso a Petrogrado.
  A la maana siguiente, Mara llam a palacio. Alexei haba dormido
apaciblemente toda la noche. Tras la visita de Rasputn, ya no hubo
hemorragia.

  En la noche del 11 de enero de 1916, Rasputn despert de una pesadilla
inquietante. So que era un oso,
     (206)
perseguido por cazadores en uniforme rojo. Todos ellos llevaban sombrero
de copa. Lo haban arrinconado en una cueva, desde donde escuchaba los
gritos que se iban acercando. Entonces, una multitud surgi de los rboles
y se dio cuenta de que eran campesinos, vestidos de harapos y pieles de
animal. Se levant sobre las patas traseras y los campesinos cayeron al
suelo, adorndolo. De pronto, se oy el estallido de unos disparos; se
volvi y vio que los cazadores vestidos de rojo se encontraban detrs de
l, dentro de la cueva, y que le apuntaban con sus armas. Despert
sudando.
  Encendi la luz, luchando contra el pnico. Entonces se dirigi a la
mesa y cogi una pluma. En una hoja de papel puso, como encabezamiento;
"El espritu de Grgori Efimovich Rasputn-Vovhyk de la aldea de
Pokrovsko."  Sus dedos siguieron escribiendo, como por voluntad propia.
Cuando, media hora ms tarde, hubo terminado, reley las primeras frases:
"Escribo y dejo esta carta en San Petersburgo. Tengo la sensacin de que
dejar esta vida antes del prximo primero de enero." Estaba demasiado
cansado para seguir leyendo. Volvi a acostarse y cay en un sueo
profundo.
  A la maana siguiente, dobl la carta sin leerla y la meti en un sobre,
en el cual escribi: "Para ser entregada a la zarina en caso de mi
muerte". La guard en un cajn, ocultndola debajo de un papel secante. Ya
no recordaba lo que haba escrito. Pero estaba seguro de que era algo que
preferira no saber.

  En febrero de 1916, el zar despidi finalmente a Goremykin y nombr en
su lugar a Boris Strmer, otro candidato de Rasputn. Fue una decisin que
no goz de mucha popularidad. El pueblo crea que Strmer era alemn; el
gabinete saba que era un hombre mediocre cuyos nicos talentos consistan
en la adulacin y la intriga. La Duma sospechaba, con razn, que deba su
nombramiento a Rasputn. En marzo, le toc a Polivanov, el ministro de la
Guerra, que haba sustituido a Sukhomlinov, el desfalcador. Polivanov era
implacable y eficiente. Haba mejorado el adiestramiento y el equipo del
ejrcito y se prepar para contraatacar masivamente
     (207)
a los alemanes. Antes de que tuviera tiempo de llevar a cabo el ataque,
fue despedido y sustituido por el general Shuvaiev. El General no era ni
implacable ni eficiente; pero era totalmente leal al zar y a la zarina. En
julio, le toc a Sazonov, ministro de Asuntos Exteriores, otro ministro
que pensaba por s mismo y a quien Rasputn le era antiptico. Strmer lo
sustituy en el cargo que ocup l mismo, adems del de primer ministro.
La zarina, cuyos consejos llevaron a estos cambios, volvi entonces su
atencin al ministerio del Interior, para el cual recomend otro candidato
de Rasputn, Alejandro Protopopov.
  En junio se lanz la gran ofensiva preparada por el destituido Polivanov
en un frente de unos cuatrocientos ochenta kilmetros. Los austracos
fueron cogidos por sorpresa y se batieron en retirada. El zar orden que
sus tropas mantuvieran la ofensiva, costara lo que costase. Le
obedecieron, pero el precio fue enorme: ms de un milln de hombres en un
mes.
  Las cartas del zar a la zarina detallaban los planes militares; le
enviaba tambin mapas. Cada carta contena la orden de no revelar estos
planes a nadie; pero ella daba por sentado que l se refera a nadie
excepto Rasputn. De haber sido Rasputn un espa alemn, cosa que muchos
en Petrogrado crean ya, el ejrcito ruso habra sido derrotado
contundentemente en el verano de 1916. De hecho, sigui avanzando, con
enormes prdidas. Rasputn se escandaliz al ver la cifra de las bajas y
aconsej repetidamente al zar que detuviera el avance y dejara de
desperdiciar la vida de los hombres. El zar no le hizo caso, pues crea
que la victoria vala este precio. Esta impresin no era compartida por
sus soldados; en invierno se haba extendido ya el descontento en el
ejrcito.
  En Petrogrado, Rasputn se diverta enormemente, ayudando a planificar
su propio asesinato. Beletski, el corrupto polica, fue quien le habl
primero de los planes, cuyo autor era la persona que el propio Rasputn
haba nombrado, Alexis Hvostov, ministro del Interior. Desde el principio,
haba buscado una oportunidad para deshacerse de Rasputn, a quien
consideraba como un vulgar ignorante y un peligro potencial para sus
propias ambiciones.
     (208)
  Haba hablado del asunto con Beletski, que sugiri que el mtodo ms
sencillo consistira en atraer a Rasputn a un coche o un carruaje,
asesinarlo en una callejuela y arrojar su cuerpo al neva. Beletski, que
tambin crea que Rasputn era un vulgar ignorante, le tena, sin embargo,
cierta simpata, por lo que le advirti que no subiera a ningn vehculo
desconocido. Esa misma noche, un coche se detuvo junto a Rasputn, que iba
caminando por el muelle Ingls y un polica que l reconoci sac la
cabeza.
  --El ministro le ruega que vaya a verlo. Es un asunto urgente.
  --En ese caso, dgale que venga a verme, -contest Rasputn, volvindose
y alejndose, y dejando al polica con la mano en la pesada cachiporra que
llevaba en el bolsillo.
  Hvostov se enfureci. Mand llamar al coronel Komisarov, el guardia
especial de Rasputn, para pedirle consejo. Komisarov le dijo que el
mtodo ms seguro era el veneno y que saba dnde conseguirlo. Pero
Komisarov, como Beletski, haba llegado a odiar a Hvostov y senta cierto
afecto por Rasputn. Tras un mes de retrasos, llev a Hvostov un gran bal
con docenas de cajones, en cada uno de los cuales haba una etiqueta con
una calavera. Pas dos horas explicando los efectos del veneno a Hvostov,
que le prometi mucho dinero una vez que Rasputn hubiese muerto. De
hecho, los "venenos" eran todos remedios caseros, y Komisarov sac sus
aparentemente exhaustivos conocimientos de un viejo libro que Rasputn le
prest.
  Este tiro le sali por la culata a Rasputn. Esa noche de diciembre,
cuando fue a la Villa Rode, uno de los agentes de Hvostov se encontraba
sentado a la mesa de al lado; y, cuando Rasputn dormit un momento, el
hombre ech una cucharilla de polvos blancos en su bebida. Era un antiguo
remedio letn para los dolores de espalda que contena cido trtaro; fue
ste el que enferm tanto a Rasputn la noche que lo mandaron llamar a la
cama del zarevich.
  Hvostov empezaba a sospechar de sus dos compaeros en la conspiracin.
Decidi que Iliodor sera probablemente un mejor asesino e inici una
correspondencia
     (209)
secreta con el ex pope, que viva entonces en Finlandia. Hvostov ofreci a
Iliodor fondos ilimitados para organizar el asesinato y le envi a un
antiguo ladrn llamado Rezhetski con el primer pago. En la frontera con
Finlandia, los oficiales inspeccionaron el equipaje de  Rezhetski  y se
sorprendieron al encontrar tanto dinero. Enviaron un telegrama a la
polica de Petrogrado y se enteraron por el historial de  Rezhetski  de
que era un ex convicto. La polica de Petrogrado llam a Beletski, que
adivin adnde iba  Rezhetski  y por qu llevaba tanto dinero. Orden que
lo arrestaran y lo devolvieran a Petrogrado. Entonces fue a ver a Hvostov
y le dijo, con expresin inocente, que acababa de atrapar a Rezhetski, que
trataba de huir con la caja para gastos menores. Hvostov rechin de
dientes pero no pudo hacer nada. Beletski y Rasputn pasaron la velada
riendo y bebiendo.
  Fue en ese momento que Beletski provoc su propia cada por un descuido.
Estaba harto del departamento de polica y de trabajar bajo las rdenes de
Hvostov; Rasputn susurr unas palabras en el odo del zar y Beletski fue
nombrado gobernador de Siberia. Antes de marcharse para tomar el cargo,
otorg una entrevista a un peridico de Petrogrado, en la que habl
abiertamente del complot contra la vida de Rasputn. Lo que haba olvidado
era que el zar haba dado rdenes de que ya no se publicaran noticias
sobre Rasputn en los peridicos de Petrogrado. El director del rotativo
supuso que una entrevista con el comisario adjunto de la polica estara
oficialmente acreditada. Ambos descubrieron su error; el peridico fue
clausurado y Beletski perdi su nombramiento como gobernador de Siberia.
Para colmo, el zar despidi tambin a Hvostov y nombr provisionalmente al
primer ministro  Strmer  como sustituto. Rasputn hizo todo lo posible
porque el zar revocara su decisin; agradeca a Beletski el haberle
proporcionado tanta diversin inofensiva. Pero el zar se mostr inflexible
y  Beletski  sigui en desgracia.
  Strmer entreg el ministerio del Interior al to de Hvostov, un hombre
honrado que se horroriz al enterarse de cunto dinero del gobierno
desapareca en los bolsillos de los funcionarios corruptos. Al saber que
Maniulov,
     (210)
el amigo de Rasputn, era uno de los peores infractores, Hvostov le puso
una trampa, ofrecindole un soborno con billetes marcados. Maniulov acept
el soborno y lo arrestaron. No parecan preocuparle sus apuros; cuando lo
interrogaron, se limit a dar a entender que, si compareca en juicio,
hara interesantes revelaciones acerca de Rasputn. A la zarina le
hablaron de ello y envi un telegrama al zar. El to de Hvostov se
encontr de sbito sin trabajo. Protopopov, el amigo de Rasputn, tom su
lugar.
  Pese a sus intrigas, Rasputn haca todo lo posible por evitar el
deslizamiento hacia los desastres. En Petrogrado, el precio de los
alimentos se haba multiplicado; hasta la sal costaba seis veces ms que
antes de la guerra. Mucha gente mora de fro debido a la escasez de
combustible; el transporte era insuficiente para traer carbn de la regin
del Donetz en el sur. Mientras la gente mora de inanicin, se
transportaban las carcasas de carne podrida, rumbo a las fbricas de
jabn; haban llegado demasiado tarde a las estaciones. En el frente, los
soldados moran innecesariamente debido a la falta de armas y de
municiones. El problema, como haba dicho siempre Rasputn, se encontraba
en el sistema ferroviario. Rog al zar que hiciera algo al respecto y el
zar detuvo todo transporte de civiles durante tres das y utiliz los
trenes para transportar alimentos y combustible. Pero tres das no
bastaban y la escasez de alimentos aument.
  Cuando empez el invierno, Strmer fue objeto de ms crticas. Se echaba
de ver ya que era tan ineficaz como Goremykin y que careca de su honradez
y valor. El problema consista en encontrar a alguien que lo sustituyera;
la zarina odiaba a los pocos hombres competentes de Rusia.
  A medida que la situacin empeoraba, incluso esa objecin perdi fuerza.
A sugerencia de Rasputn, Protopopov tante a Rodzianko, para ver si
aceptara ser primer ministro. Rodzianko sonri extraamente a Protopopov
(a quien consideraba como un retrasado mental) y le contest que le
encantara, con una condicin: que la zarina permaneciera en el palacio de
Livadia durante el resto de la guerra y que no se le permitiera intervenir
     (211)
en la poltica. Protopopov se tap las orejas con las manos y sali
corriendo de la habitacin.
  En noviembre, Strmer fue finalmente despedido. Al decidir deshacerse de
l, el zar pas por alto los ruegos de su esposa. En su lugar, nombr a
Alejandro Trepov, un conservador leal. Desde el punto de vista de la
zarina, Trepov tena una desventaja, odiaba a "nuestro amigo". Adems,
consideraba que el nombramiento de Protopopov como ministro del Interior
era un desastre e hizo prometer al zar que se deshara de l. La zarina
estaba frentica. Hizo lo que pudo por disuadirlo. "Corazn, puedes
confiar en m. Tal vez no sea muy inteligente, pero poseo fuertes
emociones y eso ayuda a menudo ms que un buen cerebro..." Cuando el zar
regres del cuartel general, hablaron largamente de Protopopov y se
acercaron ms que nunca a una amarga pelea. Pero el zar cedi finalmente y
permiti que Protopopov siguiera en su cargo.
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     (212)




 XIV
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     Un da, a principios de diciembre, Munia Golovina fue a ver a
Rasputn. Encontr la puerta abierta. Rasputn se hallaba sentado en una
silla junto a la ventana.
  --Grgori, no debera dejar abierta la puerta. Cualquier persona podra
entrar.
  --Quin?
  --Alguien que deseara perjudicarlo. Dnde estn todos?
  --Las nias salieron de compras con Dunia.
  Al verlo de cerca, se dio cuenta de que pareca enfermo y cansado.
Acerc una silla y le cogi las manos.
  --He estado hablando por telfono con Ana. Ha recibido una carta de
Prascovia.
  Rasputn la mir sorprendido.
  --Sobre qu?
  --Su esposa dice que usted ha predicho que morir pronto.
  --Tal vez muramos todos pronto.
  --Pero, por qu decirlo ahora?
  Rasputn la mir fijamente y ella vio que tena profundas ojeras.
  --Si de veras quiere saberlo... puedo oler la muerte. Puedo oler el
desastre. Oy lo que Purishkevich dijo de m en la Duma?
  --Por supuesto. Pero sus amigos no lo creen.
  Purishkevich, uno de los diputados ms brillantes, haba pronunciado un
violento discurso en contra de Rasputn y su malfica influencia. Era la
acusacin ms
     (213)
detallada y perjudicial que se le hubiese hecho hasta entonces.
  --Dice que odio la democracia. Pero, se da cuenta de que la Duma est
ahora en sesin slo porque <yo> rogu al zar que permitiera que se
reuniera nuevamente? Y este mismo Purishkevich que me llama una "herida
ulcerada" trat de convencerme, hace seis meses, de que le consiguiera el
cargo de ministro del Interior.
  Munia sinti alivio al ver que Rasputn se enfureca; sus depresiones la
atemorizaban.
  --Lo han atacado antes y ha sobrevivido.
  Rasputn la mir con una extraa expresin.
  --Y, cree usted lo que Purishkevich dice de m?
  --No sea tonto. Sabe que no lo creo, -contest con firmeza. Se levant y
coloc una mano en la cabeza de Rasputn-. Ana y yo lo conocemos mejor.
  --Seguro?
  Rasputn le rode la cintura y la atrajo hacia s, le desabroch el
abrigo para poder apretar la mejilla contra su vestido. Ella permaneci
quieta, con una leve sonrisa.
  --Est segura de que es as?
  --Por supuesto.
  El tono de Munia era alegre y confiado. Rasputn baj la mano
deliberadamente hasta los tobillos y la desliz hacia arriba, sobre la
media de seda. Ella no se movi cuando la mano se movi sobre la desnudez
encima de la media y descans en el delgado algodn de sus bragas.
Rasputn la apret contra s y le acarici las nalgas.
  --Est absolutamente segura? -pregunt.
  Ella permaneci inmvil con la mano descansando an en el cabello
enmaraado de Rasputn. Tena las mejillas sonrojadas, pero su voz era
firme.
  --No podr quebrantar mi fe en usted, Grgori Efimovich. S que me est
poniendo a prueba.
  Rasputn dej caer la mano y se apoy en la silla, cerrando los ojos.
Entonces, le agarr la mano y se la bes.
  --No debera estar besando <mi> mano.
  Se haba arrodillado frente a l y se llev su mano a los labios. l la
mir con irnico afecto.
     (214)
  --Ahora, dgame la verdad, por favor, qu le hizo decirle a su esposa
que crea que no la volvera a ver?
  --Sucede todo el tiempo. Tengo una sensacin. Ya sabe usted que cuando
estoy cansado me gusta pasearme junto al ro. Ayer el agua se convirti
repentinamente en sangre.
  --A la cada del sol?
  --No estaba cayendo el sol. Era sangre de verdad... la sangre de los
grandes duques.
  Oyeron las voces de las chicas en el vestbulo. Munia se levant
apresuradamente. Cuando Mara y Daria entraron corriendo en la estancia,
se encontraba sentada junto a la ventana.

  Desde su primera visita, seis meses antes, Flix Yusupov era un
visitante asiduo del apartamento de Rasputn. Su devocin pareca profunda
y autntica, si bien evitaba deliberadamente la compaa de las
discpulas. En una ocasin, Mara lo vio coger el vaso de vino del que
haba bebido su padre y llevrselo a los labios, como besndolo. Unos das
ms tarde, cuando Yusupov lleg con un fuerte dolor de cabeza, Rasputn lo
hizo sentarse en una silla, y, de pie a sus espaldas, le apret las manos
sobre la frente. El dolor de cabeza desapareci y Yusupov agarr la mano
de Rasputn y la mantuvo sobre sus labios durante largo rato. Finalmente,
Rasputn dijo:
  --Basta, -y apart la mano.
  Una maana, cuando Rasputn despert, Dunia le inform:
  --El prncipe Yusupov se encuentra en el estudio. Insisti en esperar.
  Rasputn se levant a duras penas y refunfu; le dola la cabeza.
  --Primero treme t.
  Diez minutos ms tarde, cuando entr en el estudio, encontr a Yusupov
tumbado sobre el sof, desnudo.
  --Qu cree usted que est haciendo? -pregunt Rasputn.
  Sin mirarlo, Yusupov explic:
  --Grgori, necesito su ayuda. Necesito que me cure.
     (215)
  Las lgrimas le corran por las mejillas. Rasputn acerc una silla al
sof y se sent; una mojigatera natural le hizo evitar mirar el cuerpo
desnudo de Yusupov.
  ste coment:
  --Anoche volv a caer. Parece que no puedo evitarlo. -Agarr las manos
de Rasputn-. Aydeme, por favor. Ponga sus manos sobre m -y las presion
contra su pecho y su abdomen.
  Rasputn las apart violentamente y se levant.
  --Por Dios, vstase!
  Yusupov lo mir con expresin dolorida y Rasputn se sinti culpable.
  --Lo siento. Me duele la cabeza y estoy cansado.
  Yusupov trat de cogerle nuevamente la mano y Rasputn retrocedi,
irritado.
  --Deje de portarse como un nio mimado.
  Yusupov lo mir estupefacto, como si Rasputn lo hubiese abofeteado.
  --Vstase. Regresar en un momento, -orden Rasputn.
  Fue a la cocina, se sirvi una gran copa de vino y se lo tom de un
trago; Dunia lo observ con aprensin, pues Rasputn nunca beba por la
maana. ste oy cmo se cerraba una puerta y mir fuera de la cocina.
  --Se ha marchado, -dijo Daria.
  --Qu ha ocurrido? -pregunt Dunia.
  --Nada. Ese chico necesita una buena tunda.
  Dunia, que haba odo algunas de las confesiones que le haba hecho
Yusupov a Rasputn, coment:
  --Eso probablemente le encantara.
  Pasaron diez das, durante los cuales Rasputn no supo nada ms de
Yusupov. Pensaba en l con una punzada de arrepentimiento. Yusupov le
pareca susceptible y egocntrico; pero crea que haba algo bueno en l.
Mas estaba demasiado ocupado para pensar mucho en ello.
  El 14 de diciembre, por la tarde, Mara le inform:
  --Flix llam por telfono. Dijo que llamara ms tarde.
  --Bien. Ya se le acab el mal humor, -respondi Rasputn.
     (216)
  Cuando estaba a punto de salir del apartamento para ir a Zarsko Selo,
Yusupov volvi a llamar.
  --Grgori, quisiera disculparme.
  --De qu?
  --No est enfadado conmigo?
  Yusupov estaba utilizando su tono de "niito" y esto irrit a Rasputn,
que se control y contest:
  --Claro que no.
  --Ah! Me alegro tanto. Quiere conocer a Irina?
  --S.
  Rasputn no conoca a la esposa de Yusupov.
  --Regresa maana de Crimea. Podra venir a cenar con nosotros? Sera
una cena tarda.
  --Como a qu hora?
  --A media noche?
  --Supongo que s. Si viene a buscarme usted.
  --Por supuesto.
  --Entre por la escalera trasera. Dir al guardin que le abra la puerta.

  El zar haba llegado ese da del cuartel general. Se encontraba de buen
humor. Ya haba visto al primer ministro Trepov, que le habl de sus
planes para mantener a raya a la Duma; las sesiones terminaran durante la
Navidad y se iniciaran nuevamente en enero. Si los izquierdistas "creaban
problemas", Trepov los intimidara y cerrara la sesin. La perspectiva de
hacer eso tan pronto encant tanto al zar como a la zarina. El zar habl
con optimismo sobre la posibilidad de deshacerse pronto de Trepov. Al ver
el ceo fruncido de Rasputn, le dio una palmada en la espalda.
  --Por qu tan melanclico, padrecito?
  --Ser sensato deshacerse tan pronto de Trepov?
  El zar respondi firmemente:
  --Mire, ni me gusta ni confo en l. En cuanto haya encontrado un
sustituto, lo voy a despachar. Pero no antes de que haga el trabajo sucio
-ri entre dientes.
  --Al menos, Trepov comprende la importancia del sistema ferroviario.
  --Todos lo entendemos, Grgori, todos lo entendemos. Venga, vamos a
tomar el t.
     (217)
  Lo tomaron en el <boudoir> color malva de la zarina y el zar habl de la
guerra. La campaa en el Somme estaba causando enormes prdidas humanas a
Alemania. Los rumanos haban declarado la guerra a Austria, seal de que
crean que Austria sera derrotada. En Macedonia, los aliados haban
iniciado una gran ofensiva. Ahora, el gobierno alemn peda al presidente
Wilson que negociara la paz. Todo ello significaba que el fin estaba
cerca.
  Rasputn cambi de tema y habl de Yusupov, cuyo padre haba sido
relevado recientemente como gobernador de Mosc.
  --Ah, s. He odo rumores extraos acerca de l, -observ el zar.
  --Qu rumores? -inquiri la zarina.
  --No importa, amor. No lo entenderas.
  Despus de leer un cuento al zare-, vich, Rasputn se despidi.
  --Cundo regresar al cuartel general? -pregunt al zar.
  --Pasado maana.
  --En ese caso, no vendr maana.
  --Entonces, dame tu bendicin.
  Rasputn le mir directamente a los ojos; los suyos estaban tristes.
  --No. Esta vez, yo soy el que necesita su bendicin.
  Se arrodill a los pies del zar. Ligeramente azorado, el zar hizo la
seal de la cruz sobre su cabeza. Cuando se levant, Rasputn abraz
fuertemente al zar y bes a la zarina. Sali apresuradamente.
  --No te parece que Grgori est un tanto extrao ltimamente? -pregunt
el zar.
  Rasputn despert al da siguiente sintindose pesado y embotado. Trat
de rezar, pero dirase que tena la mente envuelta en una nube de
oscuridad. Los solicitantes empezaron a llegar poco despus de las diez;
afortunadamente, haca tanto fro que haba menos que de costumbre. Una
mujer, que quera que Rasputn sacara a su hijo del ejrcito, dej una
buena suma de dinero en billetes. Cuando se hubo marchado, Dunia entr y
cogi algunos; saba que Rasputn los regalara probablemente
     (218)
antes de que terminara la maana. Lo encontr escribiendo una carta.
  --Qu est haciendo?
  --Estoy escribindole al zar, pidindole que saque a alguien del
ejrcito.
  --No lo ver hoy?
  --No.
  Estaba hablando con el ltimo solicitante, un banquero que quera que lo
conectara con el ministerio de la Guerra, cuando entr Dunia.
  --Madame Vyrubov quiere verle. Dice que es urgente.
  Rasputn se deshizo del banquero, prometindole que hara todo lo
posible. Ana entr presurosa en la estancia; llevaba la capa y las botas
de piel cubiertas de nieve. Cojeaba mucho como resultado del accidente.
  --Grgori, qu es todo esto de que va a ir a casa de Yusupov esta
noche?
  --Me ha invitado para que conociera a su esposa.
  --Mama ha investigado. Su esposa se encuentra en Crimea.
  --Lo s. Regresa hoy.
  Ana cogi ambas manos de Rasputn.
  --Promtame que no ir.
  --Lo pide Mama?
  --No, lo pido yo. Pero a Mama le parece que es muy raro. Y yo habl con
Protopopov esta maana. Dice que se ha extendido un rumor de que algo le
va a ocurrir a usted. Purishkevich ha hecho insinuaciones.
  --No creo que Flix conozca a Purishkevich.
  --No importa. Es peligroso salir a medianoche.
  Rasputn se llev una mano de Ana a la mejilla.
  --Aniushka, no puedo decepcionarlo. Se lo promet.
  Ana suspir y baj la mirada. Estaba tan acostumbrada a aceptar todo lo
que l deca que le era difcil oponerse.
  --Pero, por qu tan tarde?
  --Para que sus parientes no se enteren de la visita. Su padre me odia.
  --Est bien. Usted sabe lo que hace, -Ana se puso de pie y le cogi una
mano, mirndolo directamente a los ojos-. O no?
     (219)
  Rasputn le sonri; tena expresin de cansancio.
  --Qu ms quiere? Ya lo ha recibido todo.
  Una hora ms tarde, Protopopov le llam por telfono. Era evidente que
haba hablado con Ana. Le repiti lo que ella ya le haba dicho; que haba
rumores de que algo le ocurrira y que Purishkevich pareca estar detrs
de ello.
  --Pero Flix no conoce a Purishkevich.
  --S que lo conoce. Mis agentes los vieron juntos por la maana despus
del discurso de Purishkevich en la Duma. Estuvieron casi una hora en su
oficina.
  --Est bien. Le preguntar al respecto cuando lo vea. Pero Flix es
demasiado cobarde para matar a nadie.
  Simanovich lleg esa tarde para encargarse de las cartas que Rasputn no
haba abierto. l tambin haba odo los rumores. Despus de tomar el t
en la cocina con Dunia, pregunt:
  --Qu es todo esto de que va a salir a medianoche?
  --nicamente para ir a casa de Yusupov. Vendr a buscarme.
  --No vaya.
  --Es usted la tercera persona que me dice eso hoy. Tengo que ir. Lo
promet.
  Cuando Yusupov lleg, poco despus de la medianoche, Dunia dorma en su
silln y las chicas estaban acostadas. Rasputn sali silenciosamente.
Yusupov pareca abatido y estaba plido. Llevaba un enorme abrigo de piel
y una gorra de piel con orejeras.
  --Por qu est tan tapado? -inquiri Rasputn.
  --No estuvimos de acuerdo en que sera un secreto?
  --No es precisamente un secreto. Protopopov me llam y me dijo que
pensaba usted matarme.
  --Qu?
  Yusupov pareca un conejo espantado y Rasputn se ri a carcajadas.
Entraron en el coche. Yusupov mir por la ventana trasera antes de
emprender el trayecto. Rasputn, que se haba sentido extraamente
intranquilo, se relaj repentinamente.
  --Por qu no vamos mejor a la Villa Rode a escuchar msica gitana?
     (220)
  --Si gusta. Pero mi mujer lo espera.
  --Oh! Est bien. -Mir por la ventana-. Por qu vamos por aqu?
  --Por si nos siguen.
  --Mand a los policas secretos a su casa. Les dije que no saldra esta
noche.
  Diez minutos ms tarde, se detuvieron frente a la casa de Yusupov. Haca
poco que se haba mudado y haba todava postes del andamiaje en la calle.
La msica de una banda de jazz norteamericana flotaba en el tranquilo y
fro aire.
  --Qu pasa? Dais una fiesta?
  --No. Mi mujer invit a unos amigos. Iremos al comedor y tomaremos el
t.
  La casa ola a pintura fresca. Yusupov le precedi, bajando por las
escaleras recin alfombradas hasta el stano. Rasputn mir a su alrededor
con curiosidad. Esta habitacin haba sido tambin pintada y amueblada
recientemente.
  --T? O prefiere vino?
  --Ninguno de los dos. Esperar hasta que baje su esposa.
  --Entonces, qu desea?
  --Que toque algo en la guitarra.
  Mientras Yusupov tocaba una meloda hngara, Rasputn se pase por la
estancia. Examin atentamente una enorme vitrina antigua, abri la puerta
y mir sus mltiples compartimentos y estantes. La msica de arriba haba
cesado. Yusupov dej de pronto de tocar.
  --Ir a ver si Irina est lista. Por qu no come un poco de pastel?
  --No, gracias. No me gusta el pastel.
  --Vino dulce?
  --Cuando llegue su esposa. Brindar por ella.
  Yusupov sali de la habitacin. Rasputn se acerc a un gran crucifijo
de cristal que se encontraba en el rincn. Al examinar el cuerpo de
Cristo, detenido por clavos de plata, lo inund una extraa tristeza. Se
arrodill frente al crucifijo, agach la cabeza y rez.
  Detrs de l, Yusupov abri la puerta. Permaneci inmvil cuando vio que
Rasputn rezaba. Entonces, de dos grandes zancadas, atraves la
habitacin. Rasputn
     (221)
sigui rezando silenciosamente, si bien debi de or que la puerta se
abra. Yusupov sac un revlver del bolsillo. Estaba muy plido y le
temblaban los labios. Alarg el brazo, con el revlver en la mano, cerr
los ojos y apret el gatillo. El estallido fue ensordecedor en la pequea
habitacin. Rasputn lanz un grito ahogado y cay de bruces. Se oyeron
pisadas en las escaleras y cuatro hombres entraron atropelladamente. El
primero era  Vladimir  Purishkevich, un hombrecillo calvo de barba
cuadrada. Mir a Rasputn que yaca boca a bajo y grit:
  --Bravo, chico! Lo has hecho!
  Le dio una palmada en la espalda a Yusupov.
  En ese momento, la luz se apag. Yusupov grit, aterrorizado. La luz
volvi a encenderse y un joven en uniforme de oficial dijo:
  --Lo siento, toqu accidentalmente el interruptor.
  Yusupov se volvi hacia l.
  --Por Dios! Idiota! Quiere que me d un ataque cardaco?
  Un hombre barbudo en levita se arrodill junto a Rasputn. Puso el
cuerpo boca arriba y busc el pulso.
  --Est muerto, no cabe duda.
  Yusupov y Purishkevich se abrazaron mutuamente. Los otros tres hombres
dieron palmadas en la espalda a Yusupov.
  --Esta noche, ha salvado a Rusia, -le dijo Purishkevich.
  Yusupov se senta generoso.
  --<Nosotros> salvamos a Rusia.
  El joven en uniforme de oficial, el gran duque Dmitri Pavlovich, el
mejor amigo de Yusupov, inform:
  --Necesito un trago fuerte.
  Los cinco hombres subieron.
  En el pasillo, uno de los conspiradores, un hombre llamado Sukhotin, se
puso el pesado abrigo de piel y la gorra de Rasputn y subi al coche. Su
cometido consista en regresar a casa de Rasputn y entrar por la puerta
trasera, dando la impresin a la polica secreta de que Rasputn haba
regresado a casa.
  En la habitacin encima del stano, Yusupov sirvi grandes cantidades de
vodka. Todos bebieron solemnemente.
     (222)
  --Por Rusia.
  La mano de Yusupov segua temblando.
  El hombre de levita, un tal doctor Lazovert, pregunt:
  --Cundo lo sacamos?
  --Ms vale esperar a que Sukhotin regrese con el coche.
  Yusupov dio cuerda al gramfono y puso un disco. Entonces, mientras los
dems hablaban emocionados, sali de la estancia.
  En el stano, Rasputn segua tumbado boca arriba, tal como lo haba
dejado Lazovert. Yusupov atraves cautelosamente la habitacin y lo mir
fijamente. Se arrodill junto al cuerpo, mir por encima del hombro y
desabroch el pantaln de Rasputn. Empez a tirar de l para bajrselo.
En ese momento, el cuerpo se crisp. Yusupov mir la cara y grit. Los
ojos de Rasputn estaban abiertos y miraban enfurecidos a Yusupov. De una
sacudida, se incorpor y se arrodill. Cuando Yusupov trat de alejarse
rodando, Rasputn lo agarr por el cuello. Yusupov solt un aullido y
pele como un gato. De pronto, se encontr libre nuevamente. Rasputn
haba vuelto a rodar y estaba boca arriba nuevamente, con los brazos en
cruz y los ojos cerrados. Yusupov subi a toda velocidad y encontr a
Purishkevich en el pasillo.
  --Est vivo! Todava est vivo!
  Cuando Lazovert sali para ver lo que ocurra, Yusupov grit:
  --Idiota! Dijiste que estaba muerto!
  --Dios mo! -exclam Purishke-, vich.
  Yusupov se volvi y vio a Rasputn subiendo las escaleras a gatas. Al
divisar a los hombres arriba, empez a gritar y rugir; no eran palabras,
sino ms bien los sonidos que habra emitido un toro herido.
  --Dnde est el revlver? -pregunt Purishkevich y entr corriendo en
la habitacin.
  Rasputn lleg al ltimo peldao de la escalera, se puso de pie
tambaleante y corri hacia una puerta lateral. sta se abri y entr un
hlito de aire nocturno. Purishkevich regres, blandiendo el revlver.
  --Dnde est?
  --Afuera, en el patio.
     (223)
  Purishkevich sali, seguido de los dems. Rasputn gateaba hacia el
portn. Purishkevich se le acerc, sereno, apunt y dispar. Rasputn cay
boca abajo.
  Un momento ms tarde, un polica apareci en la entrada.
  --Qu ocurre?
  Yusupov se acerc apresuradamente al polica, que lo reconoci.
  --Ah, es usted, alteza! O un disparo.
  Yusupov lo agarr del brazo.
  --S, no fue nada. Slo un convidado tonto que est tratando de
ensearnos cmo mat a un oso de cerca.
  Se ech a rer, pero senta que se entrecortaba su voz. Agarr al
polica del brazo y lo llev a la calle.
  --Realmente, no hay de qu preocuparse. No queremos un escndalo...
  El polica salud rpidamente.
  Para entonces, haba varias personas ms en el patio. Eran los
sirvientes de Yusupov. Purishkevich se encontraba de pie junto al cuerpo
tumbado.
  --Creo que sigue vivo. Acaba de moverse, -dijo.
  Dio un puntapi a la cabeza con el zapato de punta; se oy un ruido
apagado.
  --Metmoslo en la casa, -sugiri Yusupov.
  Llevaron el cuerpo al comedor y extendieron peridicos en la alfombra
con el fin de evitar las manchas de sangre. Mientras lo hacan, alguien
toc el timbre de la puerta. El sirviente entr y susurr a Yusupov:
  --Hay un polica en la puerta... quiere verlo.
  Era el mismo que vieron en el patio.
  --Mire, seor, lo lamento, pero creo que debo pedirle ms detalles. No
puedo regresar y...
  Se interrumpi, sobresaltado, cuando Purishkevich sali corriendo de la
sala y lo agarr del brazo.
  Los ojos del hombrecillo centelleaban.
  --Hombre, ha odo hablar de Rasputn? -pregunt con voz tensa y aguda.
  El polica asinti con la cabeza.
  --El hombre que ha estado traicionando nuestro pas con los alemanes,
el amante de la emperatriz?
  Yusupov intent interrumpir, pero Purishkevich alz la voz.
     (224)
  --Bueno, pues est muerto. Lo hemos matado. Yo soy Vladimir
Mitrafanovich Purishkevich, miembro de la Duma. Lo matamos para salvar a
Rusia. Y si usted es un patriota, no dir una palabra de esto. Entiende?
  El polica volvi a asentir con la cabeza, demasiado asombrado para
hablar. El comportamiento de Purishkevich haca pensar que estaba
borracho.
  --Ahora, djenos hacer nuestro trabajo!
  El polica permiti que lo sacaran por la puerta principal.
  --Ahora s que la has liado! -exclam Yusupov-. Ms vale que lo
arrojemos al ro en seguida. Tendremos la mitad de la polica aqu en un
minuto.
  La obvia histeria de Purishkevich lo haca sentir calmado y superior.
Entr en el estudio y sac una porra del escritorio.
  --Esto es por si acaso vuelve a despertar!
  Mientras hablaba, Dmitri  Pavlovich  grit:
  --Flix! Rpido! Est vivo!
  Rasputn luchaba por sentarse y con las manos araaba el peridico que
tena debajo. Tena la cara cubierta de sangre y una mejilla sangraba
donde  Purishkevich  le haba dado el puntapi. Con un grito de rabia,
Yusupov se abalanz sobre l; le golpe violentamente con la porra,
gritando:
  --Hale! Toma esto! Esto har que te acuestes!
  Rasputn se derrumb sin emitir sonido. Yusupov permaneci inmvil
encima de l, atacndolo con la porra.
  Finalmente, Dmitri Pavlovich lo agarr del brazo.
  --Basta. Est muerto. Quieres llenarte de sangre?
  Yusupov solt la porra, se volvi y empez de pronto a llorar
histricamente. Entonces se volvi otra vez y mir el rostro apaleado, que
ya pareca totalmente inhumano, y se desmay.
  Purishkevich se dirigi a los sirvientes, que se encontraban en el
umbral de la puerta.
  --Consigan una manta y envulvanlo. Apresrense! La polica podra
llegar en cualquier momento.
  Lo arrastraron por los pies, con la cabeza golpeando los escalones,
dirigindose hacia el coche.
     (225)




 EPLOGO


     El 17 de diciembre de 1916, la zarina escribi al zar en el cuartel
general: "Esta noche, gran escndalo en casa de Yusupov... gran reunin,
Dmitri, Purishkevich, etc., todos borrachos, la polica oy tiros,
Purishkevich  sali corriendo y grit a la polica que nuestro amigo
haba sido asesinado... Flix dice que nunca fue a su casa. Sigo confiando
en la merced de Dios que slo lo hayan hecho huir a algn sitio..."
  sta fue la ltima carta que la zarina escribi a su marido. El primero
de enero, cuando sacaron el cuerpo de Rasputn del hielo, Nicols regres
inmediatamente a Petrogrado para consolar a su mujer. Dos das ms tarde,
Rasputn fue enterrado en el parque imperial de Zarsko Selo. Para
entonces, Mara haba encontrado la carta de su padre, en la cual predeca
su propia muerte, y se la entreg a la zarina:
  La carta deca:

  <El espritu de Grgori Efimovich Novhyk de la aldea de Pokrovsko.
  Escribo y dejo la presente carta en San Petersburgo. Tengo la impresin
de que dejar esta vida antes del primero de enero. Deseo hacer saber al
pueblo ruso, a Papa, a la Madre rusa y a los nios, a la tierra de Rusia,
lo que deben comprender. Si me matan unos asesinos comunes y
particularmente mis compaeros campesinos, vos, zar de Rusia, no tenis
nada que temer, permaneced en el trono y gobernad, y vos, zar de Rusia, no
tendris por qu temer por vuestros hijos, pues reinarn
     (226)
durante cientos de aos en Rusia. Pero si me asesinan unos boyardos, unos
nobles y si derraman mi sangre, sus manos permanecern manchadas con mi
sangre, no podrn lavarse mi sangre de las manos en veinticinco aos. Se
irn de Rusia. Hermanos matarn a hermanos y se matarn mutuamente y se
odiarn y, durante veinticinco aos, no habr nobles en el pas. Vos, zar
de la tierra de Rusia, si os el repicar de una campana que os diga que
Rasputn ha sido asesinado, debis saber esto: si fueron vuestros
parientes los que causaron mi muerte, entonces nadie de vuestra familia,
es decir, ninguno de vuestros hijos o parientes vivir ms de dos aos. El
pueblo ruso los matar. Me voy y percibo la orden divina de decir al zar
del pueblo ruso cmo ha de vivir si he desaparecido. Debis reflexionar y
actuar con prudencia. Pensad en vuestra seguridad y decid a vuestros
familiares que he pagado por ellos con mi sangre. Me matarn, ya no formo
parte de los vivos. Rezad, rezad, sed fuerte, pensad en vuestra bendita
familia>.

GRGORI.

  Dmitri Pavlovich y Yusupov eran ambos miembros de la familia real,
Dmitri por lazos de sangre y Yusupov por lazos matrimoniales.
  El zar no regres al frente. Dirase que una extraa apata lo haba
invadido.
  En 1917, empez la Revolucin. En enero hubo huelgas y manifestaciones
de protesta. El 8 de marzo hubo motines por la escasez de pan. Dos das
ms tarde, la polica dispar contra la multitud, que repeta, como un
cntico: "Muerte a la alemana." El regimiento de Volinski se rebel y
otros le siguieron; aparecieron barricadas en las calles. La Duma sancion
la formacin de un gobierno provisional.
  Cuando el zar trat de salir del palacio, los soldados se lo impidieron
con sus rifles, dicindole: "No puede irse, seor coronel." Haba esperado
demasiado tiempo antes de seguir el consejo de Rasputn de que fuese
prudente y pensara en su seguridad.
  El 16 de abril, Lenin lleg por tren a Petrogrado. Durante cierto tiempo
no fue ms que un agitador; Kerenski
     (227)
estaba al frente del gobierno provisional. Pero, en octubre, los
bolcheviques se apoderaron de los principales edificios de Petrogrado. Con
el tiempo, esa ciudad pas a llamarse Leningrado, as como la Zaritsyn de
Iliodor se llam Stalingrado.
  En agosto de 1917, Kerenski haba llevado a la familia real a Tobolsk;
en el trayecto, en barco fluvial, pasaron por Pokrovsko, donde vieron la
casa de Rasputn, ms alta que las dems, frente al ro.
  Mara Rasputn se haba casado y su esposo, un joven mstico llamado
Boris Soloviev, pensaba rescatar a la familia real. El obispo Hermgenes,
que, irnicamente, se haba convertido en obispo de Tobolsk, ofreci su
ayuda. Pero el zar se neg a cooperar a menos que recibiera la promesa de
que no tendra que salir de Rusia.
  En abril de 1918, la familia real fue transferida a Ekaterinburgo. El 16
de julio, cuando hubo rumores de que el ejrcito de rusos blancos
avanzaba, los llevaron a todos al stano de la casa y los asesinaron.
Dispararon primero contra Nicols; la zarina y los nios cayeron de
rodillas y les dispararon en esa posicin. Cuando la princesa Anastasia se
movi, la golpearon con la culata de un rifle. Una mujer que obtuvo
posteriormente fama al asegurar que era Anastasia, insisti en que slo
estuvo inconsciente por los golpes y que era la nica superviviente.
  Los asesinos de Rasputn nunca fueron castigados. Purishkevich muri del
tifus en el sur de Rusia, tras luchar contra los blancos; haba escrito un
libro titulado <Cmo mat a Rasputn>. Yusupov se fue a Pars, donde
escribi tambin un libro titulado <Rasputn: su influencia malfica y su
asesinato>. Su relato del asesinato contiene discrepancias obvias. Por
ejemplo, insiste en que primero dio a Rasputn pasteles envenenados con
cianuro, sin saber, por lo visto, que el cianuro necesita pocos segundos
para matar. Asegura que Rasputn le daba la cara cuando le dispar, pero
no explica por qu la entrada de la herida causada por la bala se
encontraba en la espalda. Mas, hasta la muerte de Yusupov, era peligroso
mencionar las sospechas o poner en duda su propio relato de los motivos
patriticos que le hicieron
     (228)
asesinar a Rasputn; en 1934 demand a la Metro Goldwyn Meyer por hacer
una pelcula titulada <Rasputn, el monje loco>, en la que se sugera que
el motivo del asesinato de Rasputn era la venganza, pues Rasputn haba
violado a su esposa; gan 375.000 dlares. En 1965 demand a la Columbia
Broadcasting System por invasin de la intimidad cuando presentaron una
obra de teatro acerca de Rasputn; en esta ocasin, perdi.
  Cuando, en 1961, conoc a Mara Rasputn en Los ngeles, despus de
haber escrito un libro sobre su padre, me cont algunos de los hechos
reales de la vida de este personaje. stos son los que he intentado
mostrar en la presente historia.
     (229)





NDICE ONOMSTICO


0 3
Alejandra Fiodorovna, zarina de Rusia: 9, 119, 120, 130-142, 145-150,
151-153, 155, 161, 162, 166, 167, 169, 170, 171, 173, 176, 177, 178, 179,
182, 183, 184, 185, 190, 191, 192, 194, 195, 196, 197, 199, 200, 201, 202,
203, 204, 205, 206, 207, 210, 211, 216, 217, 218, 223, 225, 227.
Alejandro II de Rusia: 14, 98, 99, 133, 152.
Alejandro III de Rusia: 26, 135, 144, 152.
Alexei, zarevich: 130, 131, 132, 140, 145, 146, 147, 148, 150, 151,  169,
182, 183, 184, 185, 187, 192, 202, 203, 204, 205, 208, 217, 227.
Alexis de Rusia: 20.
Alixe de Hesse: <vase> Alejandra Fiodorovna de Rusia.
Anastasia de Rusia: 140, 145, 150, 151, 182, 227.
Andronikov, prncipe: 197.
Averzhan: 69.
Avvakum, arcipreste: 26, 27, 28, 29, 78, 85, 202.

Badmaev, Pedro: 120, 193.
Bekyeshova, Dunia: 88, 92, 186, 188, 191, 192, 193, 202, 204, 212, 214,
215, 217, 218, 219.
Beletski (polica): 207, 208, 209.
Bernab, monje: 130, 168.
Bernab (hermano lego): 93.
Bieli: 124.
Bogrov, Mordka: 172.
Botkin, doctor: 146, 147, 148, 149, 151, 178, 183, 184, 204.

Cronstadt, Juan de: <vase> Sergieff, Juan.

Chaikovski, Piotr Ilich: 164.

Daria (<la Bizca>): 69, 70, 71, 73.
Davidsohn:  187, 188.
Diaghilev, Serge de: 186.
Dobrovolski, Sofa: 126, 127, 129, 157, 158, 166, 176.
Dreyfus, Alfred: 145.
Dubrovina (padre de Prascovia): 88.
Dubrovina, Prascovia Fedorovna: 51, 52, 53, 54, 55, 56, 59, 76, 78, 80,
81, 83, 88, 89, 92, 94, 95, 103, 124, 131, 138, 163, 168, 170, 188, 202,
212, 214.
Dunya (ta de Ana Egorovna): 18.
Dzhunkovski (jefe de la polica): 195.

Eager, miss: 145.
Egorov (sacristn del monasterio de Optima Pustyn): 120.
Egorovna, Ana: 13, 15, 17, 18, 21, 23, 26, 27, 30, 31, 40, 42, 49, 53, 54,
59, 76, 80.
Elizaveta: 91.
Elizaveta (novicia): 128, 129.

Filipov, Daniel: 65, 69.
Francisco Fernando de Habsburgo, archiduque de Austria: 189.
Fredericks, conde: 149, 150, 151.
Freud, Sigmund: 128.

Gapn, pope: 133.
Gilliard, Pierre: 145, 183.
Glatkin, Seriozha: 32, 33, 34, 35.
Ggol, Nikolai Vasilievic: 108.
Golovina, Munia: 164, 165, 173, 174, 181, 199, 203, 212, 213, 214.
Gomozov, Aksinia: 32, 34, 50, 51.
Gomozov, Katia: 32, 33, 34, 35, 37, 51, 52.
     (230)

Goremykin (primer ministro): 153, 192, 196, 201, 206, 210.
Grishkin, Daria Petrovna: 27, 28, 50, 132.
Guchkov (presidente de la Duma): 179, 201.
Guillermo II de Prusia, emperador de Alemania: 161, 181, 190.
Guseva, Chionya: 188, 189.
Gvosdev, Vasili: 22, 23, 24, 28.

Hermgenes, obispo de Saratov: 118, 119, 120, 123, 130, 175, 176,  177,
178, 227.
Hipius, Zinaida: 124.
Hvostov (ministro del Interior): 197, 207, 208, 209, 210.

Ignati, abad: 60, 65.
Ignati (mozo de cuadra): 15, 16, 17, 18.
Ignatiev, Alejandro Pavlovich: 126, 127, 133.
Illacowicz, Jan: 42, 43.
Inocencio IV: 26.
Ionn, pope: 145, 150.
Irena (sirvienta): 88.
Isabel de Hungra, santa: 128.
Ismailova, Elena: 90.
Ivan IV>el Terrible> de Rusia: 69, 160.
Izvolski, general: 158.
Izvolski, Polina: 158, 159.
Izvolski, Zenaida: 158.

Jaroslav II: 26.
Jess de Nazaret: 58, 65, 108, 220.
Jons (personaje bblico): 104.
Jos, pope: 64, 65, 66, 67, 113.

Kaledin, Aksinia: 50.
Kaledin, Arkhip: 20, 21, 25, 50, 77.
Karamzin: 26.
Katerina: 77, 78, 79, 88, 132.
Katkoff (tendero): 95, 96, 98, 99, 104, 114, 125, 126, 127, 130, 152,
169, 170.
Katkoff, Elena: 96, 98, 99, 100, 101, 103, 106, 107, 112, 113, 114,  125,
126, 127, 130, 157, 158, 159, 166, 169, 170, 176.
Kerenski, Aleksandr Fiodorovich: 226, 227.
Kokovtsev (ministro de finanzas): 170, 171, 179, 180, 181, 192.
Kolchac, Vladimir: 144.
Koliabin, Mitia: 119, 120, 176, 177.
Komisarov, coronel: 197, 208.
Kostrovski, Nikon: 66, 68, 69, 70, 71, 73, 74.
Kuzmich, Dmitri: <vase> Kostrovski, Nikon.

Lazovert, doctor: 222.
Lebikov, Mijal: 144, 145, 146, 147, 149, 150.
Lenin, Vladmir Ilich, Ulinov, <llamado>: 134, 226.
Lotkin, Olga: 174, 175, 176, 177, 178.
Lucas, evangelista: 58, 89, 93.
Lukianov (procurador del Santo Snodo): 168, 176.

Macario, pope: 62, 63, 64, 68, 80, 94.
Maniulov (espa de la polica): 165, 166, 173, 175, 187, 197, 209, 210.
Mara de Rusia: 140, 145, 146, 151, 183, 227.
Mara Magdalena (personaje bblico): 54.
Mateo, evangelista: 104.
Merejkovski: 124.
Miguel Feodorovich,  zar de Rusia: 185.
Militsa, duquesa: 100, 110, 111, 112, 113, 114, 116, 117, 119, 121, 122,
123, 129, 130, 131, 132, 133, 134, 135, 136, 137, 138, 139, 140, 141, 142,
143, 144, 148, 161, 185, 186.
Mosolov: (canciller de la corte) 132.

Napolen I Bonaparte: 144.
Natalia Naryshkin, zarina de Rusia: 20.
Naumov: 116.
Nevski, Alejandro: 26.
Nicolaievich, Anastasia: 123, 124, 143, 185, 227.
Nicolaievich, Nicols: 123.
Nicolaievich, Pedro: 110, 115, 116, 117, 118, 119, 120, 122, 135,  136.
Nicols II, zar de Rusia: 9, 26, 98, 100, 106, 110, 119, 124, 130-143,
145-150, 151-157, 160-161, 165, 166, 167, 168, 169, 171, 173,  177, 178,
179, 180, 181, 182, 183,
     (231)
184, 185, 186, 189, 190, 191, 192,  194, 195, 196, 197, 201, 202, 204,
205, 206, 207, 209, 210, 211, 213,  216, 217, 218, 225, 226, 227.
Nicols Nikolievich Romnov, gran duque: 136, 195, 196.
Nijinski, Vaslav: 186.
Nizier-Vachot, Philippe: 119.
No (personaje bblico): 39.
Novoselov (profesor): 179.

Olga de Rusia: 140, 141, 145, 151, 183, 227.
Orlov, madame: 170.
Osipova, Daria: 120, 132.
Ostrogorsky (mdico): 146.

Papus (mstico francs): 120.
Pavel, pope: 18, 26, 29, 30, 54, 60, 89, 90.
Pavlovich, Dmitri: 221, 224, 225, 226.
Pedro I <el Grande> de Rusia: 26, 102, 190.
Peterkin, Pedro Scherbatov, <llamado>: 94, 95, 96, 97, 98.
Philippe, doctor: 136, 150.
Plehve (ministro del Interior): 133.
Pobiedonostsev, Konstantin Petro-, vich: 26.
Polina M. (actriz): 163, 166.
Polivanov (ministro de la Guerra): 206, 207.
Princep, Gavrilo: 189.
Protopopov, Alejandro: 8, 207, 210, 211, 219.
Purishkevich, Vladimir Mitrafano-, vich: 9, 212, 213, 218, 219, 221,  222,
223, 224, 225, 227.
Pyotre, pope: 89, 90, 92, 93, 94, 168, 187.
Pyotre (novicio): 61, 62, 63.

Rasputn, Efim Akovlevich: 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22,  23,
24, 25, 27, 29, 30, 31, 32, 33, 35, 36, 37, 40, 41, 49, 50, 53, 56, 80,
168.
Rasputn, Mijal (o Misha): 14, 16, 17, 19, 20, 21, 22, 24, 26, 29.
Rasputn Dubrovina, Daria: 124, 186, 202, 212, 214, 215, 219.
Rasputn Dubrovina, Dmitri: 56, 81, 88, 89.
Rasputn Dubrovina, Matriona (Mara): 76, 78, 81, 88, 89, 163, 164, 169,
173, 186, 187, 188, 190, 193, 194, 196, 202, 204, 205, 212, 214, 215, 219,
225, 227, 228.
Rasputn Dubrovina, Mijal: 55, 56.
Rasputn Dubrovina, Varvara: 94, 186.
Rimski-Krsakov, Nikolai Andrievich: 172.
Rodzianko, Mijal: 156, 179, 185, 196, 197, 201, 210.
Romanov, los: 29, 185.
Rozanov:  124.
Rezhetski: 209.

Saborevski (mercader): 92, 131.
Saborevski, Arcadi: 57, 58.
Saborevski, Mileti: 57, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 92.
Sasanov, Grgori: 112, 114, 157, 163, 193.
Sazonov (ministro de Asuntos Exteriores): 207.
Scott, Walter: 26, 29.
Scriabin, Alejandro: 112, 113, 114, 117, 124.
Semenova, madame: 41, 42, 44, 45, 46, 76.
Semenova, Olga: 41, 42, 44, 45, 46, 47, 49, 51, 52, 76, 138.
Serafn de Saratov, san: 132.
Sergieff, Juan: 104, 105, 106, 107, 108, 109, 118, 126, 130, 137.
Sergio (hermano lego): 64, 66, 67.
Sergio, pope: 175, 176, 177.
Shuvaiev, general: 207.
Simanovich, Aaron: 157, 165, 169, 173, 193, 197, 198, 199, 219.
Soloviev, Boris: 227.
Steiner, Rodolfo: 124.
Stolypin, Pedro: 154, 155, 156, 157, 161, 163, 164, 166, 167, 168, 170,
171, 172, 173, 176, 179.
Strmer, Boris: 206, 207, 209, 210, 211.
Sukhomlinov, general: 198, 200, 206.
Sukhomlinov, madame: 198, 200.
Sukhotin: 221, 222.

Taneyev, Ana: 161, 162, 163, 164, 165, 170, 171, 181, 182, 183, 184,  193,
194, 195, 212, 213, 218, 219.
Tatiana de Rusia: 140, 141, 145, 151, 183.
Tatischclev, Irina: 144.
Tefano, obispo: 118, 119, 120, 123, 128, 129, 130.
Trepov, Alejandro: 211, 216.
     (232)
Trotski, Liev Davdovich Bronstein, <llamado>: 134.
Trufanov, Iliodor: 111, 112, 113, 117, 118, 119, 123, 124, 143, 173,  174,
175, 176, 177, 178, 179, 182, 188, 195, 208, 209, 227.
Tyucheva, mademoiselle: 167.

Vasily: 45, 46, 76.
Victoria I de Inglaterra: 119.
Vyrubov, teniente: 161, 162.

Wilson, Thomas Woodrow: 217.
Witle (primer ministro): 143, 153, 154.

Yemeljan, Ostiets: 66, 68, 69.
Yusupov, prncipe: 9, 164.
Yusupov, Flix: 164, 165, 199, 203, 214, 215, 216, 218, 219, 220, 221,
222, 223, 224, 225, 226, 227, 228.
Yusupov, Irina: 216, 218, 220, 228.

Zhelyabov: 99.
Zhigoulev, Matvei: 22, 23, 24.
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