Cada vez que escuchaba su corazón palpitar, miraba a todo lados, para no prestar atención a su ya deteriorado músculo .
– Haz lo tuyo – le hablaba al espejo , a mi déjame vivir, entre copas, desprecios y recuerdos de antaño.
Sacó de una gaveta del armario que tenía en el baño una botella casi vacía de guaro, se echó un sorbo; volteó a mirar de nuevo al espejo, su rostro cansado. Salió de la casa y cruzó la calle que daba con la esquina de en frente; de la que todavía era la municipalidad de San Marcos, y de un gran tropezón cayó contra al filo del caño haciéndose tremenda herida en la parte superior del ojo tuerto. Casi perdido en su inconciencia, empezó a hacer burbujas con saliva, y a hablar en voz suave con la cabeza metida en el caño, mientras los que , alguna vez lo conocieron, murmuraban detrás del señor de los enigmas ocultos.
– Está ebrio, llevémoslo a su casa – dijo la multitud –.
Empujaron la puerta que se encontraba semiabierta y lo colocaron suavemente en el catre.
Ya acostado, y con los ojos perdidos mirando el cielo raso, repleto de cacas de moscas, deliraba escuchando voces:
– ¿Eres Nago, verdad? – olló decir –. ¿Te acuerdas de mi?, querido camarada, soy Roberto Orellana, y también he estado vagando por este mundo de farzas humanas.
– No hermano, sí que te recuerdo, habías muerto allá en El Salvador y, ¿como es que te apareces así de pronto?, ¿es que estoy muriendo, o que?.
– De ninguna manera, los que somos así , nunca perecen. Sos como las aves que te han seguido desde que aprendistes a caminar sobre la palabra sincera; somos amantes del aire sin fronteras; los demás te han enterrado desde que tuviste conciencia; esos de más, mutilan sueños y buenas intenciones. Has estado en todas las partes de la vida, Nago, ése es el gran secreto. Mira lo que te traigo de sorpresa..., es tan pequeño ; pero grandioso comparado a todos los que te rodean y te tienen habitado. Pero deja que te lo presente y vas a estar tan vivo como cuando escuchaste su canto por primera vez.
– ¡No!...¡increíble!, esto es un sueño, la muerte o la eternidad; he pasado del llanto al canto, amigo Roberto ¿de dónde te has traído semejante Dios?
Nago echó a llorar estridentemente; su cara se abrió en lágrimas de felicidad; era real, era la diminuta salabii de los años dorados y la entelequia, la sabiduría, el placer de lo puro y transparente de la humildad y, la suavidad de la belleza. Era la primera novia, el primer beso, la primera caricia de madre, el tornasol del colibrí, y los secretos del zoncho; del viejo y sabio amigo.
– Te lo traigo, porque es tu piel, tú creaste tu libertad, eres inmortal. Ninguna vida es en vano; tu vuelo ha sido majestuoso y hemos aprendido de ti a amarnos hasta en la muerte; yo con mi fusil al hombro, a ciegas maté quimeras, perdí hermanos de piel, pero ahora me acompañan en mis vuelos. Ve, y busca a tu amigo, el viejo de las praderas, el del valle de la culebra, y cosecha montañas de placer con tu vida; disfruta de los verdes de tu campo; sumérgete en las aguas cristalinas de tu trópico. Haz que esas aguas te traspasen en cada poro y siente la pureza de tu alma, tu esencia, tu propio vuelo. Todos los que anhelamos un mundo más justo, y sabemos que la farza no trasciende en los sentimientos del hombre bueno. El zoncho, el colibrí , la salabii , son sencillamente el resultado de tu aceptación como ser humano, diferente a cada uno de los seres que te rodean. Los que vivimos con el pájaro azul , libre de ataduras, vemos en ti el mensaje, la pluma del que tiene que plasmar la memoria de quienes quisimos cambiar el mundo; advertirlo de que, el bien y el mal transmuta, y nosotros, que fuimos los torturados, forjamos las paredes del bien; tus aves ocultas, tienen hermanos en las esquinas de cada vida. Hoy te sumas a nosotros para volar y llevar fuerza a los que como tú, desean vivir con la verdad en las manos, y volar gritando libertad sin precios, ni sistemas con dueños, ni falsos dioses, que comen hijos y succionan conciencias. Nago; fuiste un mutante positivo, la cultura del bien es parte de nosotros, ¡corre! colibrí,...¡corre!, y muestra tu vuelo a las mentes sin frontera, escúrrete por el ósmosis de las fronteras mentales, dilúyete en el universo para que seas el plasma que alimenta a tanto soñador.
Y así, Nago fue cerrando sus ojos hasta quedar dormido, como duermen los grandes hombres, que sueñan en su gloria, y un conjunto de aves lo llevan al infinito; un infinito de pan,y en donde la vida es el aire, el vuelo, el dulce cantar de la salabii, que trajo en su pico cenizas para llenar de esperanza las almas del bien.
– Soy de barro el alma...– le decía el zoncho, mientras empezaba a morir. De barro el alma, y llevo en mi piel la madreselva de mis ancestros; tengo un nido de viejos soñadores que se miran los dedos horneados por el anafre de la infancia , golpeados por el martillo y el arado. Los niños lloran la leche de las madres muertas; su llanto se suma a mis cantos , con todos los buenos señores, que en cada siglo, mueren cambiándose de piel para sumarla a los sembríos sobre suelo fértil , nutriendo el endoesperma de las semillas buenas, de los buenos hijos.
Te observas frente de mí para cavilar en tí mismo, siempre fuimos en un vuelo a conocer las fronteras de nuestro guindo mental. Nacer de la muerte es venir de donde las aves poseen bocas que vuelan para la eternidad pegando gritos en el universo.
Soy,y he sido por siempre, tu conciencia, el zoncho de los profetas que se suman en el muro de los lamentos para que la energía univeral baje a hacer justicia.
Albergo en tus adentros, porque así me formaste, me hiciste tal y como soy, porque así me amaste. Entre los sencillos de la tierra, caminarán Nagos como tú; sumergidos en las cabezas que llevan aves en sus mentes, buscando respuesta en la libertad del vuelo mental, sin cadenas ni ataduras terrenales que dobleguen el pensar de los que quieren bailar a salón abierto, o cantar sobre una gran montaña para que su eco se inmortalice en la eternidad.
Desvariando y con una pequeña sonrisa en su rostro intelectual, fue achicando los ojos como candil que se apaga. Tranquilo, quedó profundamente dormido sobre su pueblo.
–FINAL–