CAPITULO
7º
Por fin su casa, su lujosa casa, pues de esta forma se podía catalogar a
aquel edificio al que habían llegado y que les serviría de refugio, durante el
tiempo que permanecieran en el BARRIO. Un lujo, si, aunque los muebles fueran de
la mas diversa procedencia, eran casi nuevos y acondicionaban tres plantas de un
edificio de cinco; el bajo y el ultimo, lo ocupaba la guardia personal de Marta,
hombres entrenados y armados con las famosas pistolas y rifles que disparaban
aquellas balas explosivas; la casa era un verdadero fuerte que se podía decir
que era inexpugnable.
Marta y Eduardo la recorrían con atención; la satisfacción se
reflejaba en la cara de nuestra heroína, el, sin embargo, tenía una expresión
seria y distraída, como si quisiera desentenderse de todo, igual que el
comportamiento que pudiera tener cualquier rey consorte. Durante la inspección
de la casa, estaban acompañados por un individuo de corta estatura, con la cara
un poco puntiaguda y los ajillos pequeños y situados muy separados y un poco a
cada lado de la cara, de forma que cuando se le miraba de frente, no se podían
situar sus ojos delante de la cara, por estos detalles de su fisonomía y por el
hecho de tener una voz aflautada, a cualquiera de sus acompañantes les hacía
recordar a una rata y este era precisamente el apodo por el que se le conocía,
“El rata”. Otros tres individuos, estos como guardaespaldas, los acompañaban
un poco mas alejados, luciendo sus pistoleras, aprecian distraídos, Pero nada
escapaba a su vista, mirando siempre atentos, sobre todo a las ventanas; que
como no, estaban tapadas con tablones; pero sin llegar a cubrirlas completamente,
para que pudiera pasar la luz del exterior y por encima de las rendijas y para
evitar el frío, habían clavado plástico transparente; por lo que la
temperatura del interior de la casa era bastante confortable; el edificio
contaba con calefacción central, que se podía mantener gracias a que todo el
pertenecía a la organización.
·.Hemos
quitado todo lo que consideramos que era demasiado personal y que pertenecía al
antiguo habitante de la casa.- Decía en aquel momento el “El Rata”, no
queriendo nombrar directamente al antiguo jefe.
·.Me
gusta.- Dijo Marta con aire satisfecho e hizo un ademan con el que parecía que
quería tomar posesión de todo lo que abarcaba su mirada.
En ese momento llegaban delante de una gran puerta, “El Rata” la
abrió, se puso a un lado de ella y dijo a Marta, con todo la solemnidad que su
aflautada voz le permitía.
·.Jefa,
este es su despacho; el puesto de mando desde el que dirigirás todas nuestras
operaciones.- Y se inclinó ceremoniosamente.
Los dos muchachos entraron; primero Marta, después Eduardo; la habitación,
como el resto de la casa, estaba bien amueblada, pero sin respetar ningún
estilo. Marta hizo un gesto de aprobación.
·.En
la pared tienes un cuarto acorazado.- Dijo “El Rata”, que había entrado en
ultimo lugar y cerrado la puerta a continuación, dejando fuera a los guarda-
espaldas.
·.Ese
cuarto lo emplearé para guardar el archivo; ¿quien conoce la conbinación de
la puerta?.
·.Después
de que la ajustes tú, nadie mas.
·.Bien,
entonces lo haré ahora, dame las instrucciones.
“El Rata” dio a Marta un folleto y prudentemente se apartó, para que
esta pudiera, sin temor a ser observada, poder cambiar la combinación de la
puerta. Eduardo hizo lo mismo, sentándose en un sillón que había en un rincón
con un gesto de indiferencia. Marta empezó a maniobrar en el mecanismo de la
cerradura al mismo tiempo que ojeaba el folleto y dijo apartándose de la
puerta, al poco de sus monitoras.
·.Bien
esto está, ahora quiero quedarme sola, tengo algunas cosas que guardar y después
revisar los documentos de mi antecesor; tu Eduardo quédate.- Dijo al ver que el
muchacho empezaba a levantarse.
·.Ya
me voy.- Dijo “El Rata”.- En la puerta dejo a dos guarda- espaldas; como
jefe de seguridad, no quiero que te pase lo que a tu antecesor.- Y en sus
ajillos apareció un brillo sarcástico.- Al antiguo jefe de seguridad le costó
la vida.- Y despidiéndose, con la mano, salió del despacho, cerrando la puerta
a continuación.
Marta, haciendo un ademán, para que Eduardo no hablara; sacó un aparato
del bolsillo y con el recorrió toda la habitación, sin descartar ningún rincón,
palmo a palmo y cuando terminó y con una sonrisa de satisfacción en la cara,
dijo a su compañero que miraba extrañado.
·.Estaba
buscando micrófonos, no nos podemos fiar de nadie, esto tenemos que hacerlo
todos los días. Te he dicho que te quedaras, porque quiero que tu también
conozcas la combinación del cuarto acorazado; somos socios y aunque para todos,
yo soy la jefa, nosotros sabremos que lo somos los dos.
·.No,
lo siento, yo no quiero ser jefe; te ayudaré en todo, pero no quiero tomar
decisiones ni mandar.- Ante la mirada que le dirigía Marta, mitad de extrañeza
y mitad de enfado, Eduardo se explicó.- Comprendo que todo esto es por nuestra
supervivencia, pero creo que podríamos haberlo intentado como tantos otros, sin
entrar en esta organización de criminales.
·.¿Te
parecen mejores los caníbales? o ¿Quizás los cortadores de cabezas, ¿preferirías
ser merodeador?; claro que podríamos ser decentes, pero si hacemos balance de
lo que éramos en el Gueto, para lo único hubiéramos servido, en este lado,
hubiera sido para víctimas. !No querido! baja de tu pedestal, si no fuera por
todo lo que hemos hecho estaríamos muertos, entérate, !muertos!.
Eduardo bajó la cabeza y con una voz débil, como si quisiera hablar
consigo mismo, dijo.
·.Pero
es que todo lo estoy haciendo desde que hemos entrado en el BARRIO, me parece
una traición a los ideales en los que he creído siempre y por los que he
luchado.
·.Si,
pero considera que para poder luchar con eficacia, necesitas estar en la cumbre;
desde abajo no conseguirás cambiar nada.
·.¿Y
tu crees que te dejarán estar lo suficientemente arriba?, porque si no es así
serás una sierva de ellos, aun mayor que están abajo del todo.
·.!!Llegaremos!!,
!!llegaremos!!, a esa cumbre, yo te lo garantizo.- Contestó Marta, henchida de
orgullo; motivado por lo últimos triunfos; pero que Eduardo interpretó, como
que Marta sabía algo que el desconocía; se propuso averiguarlo.
·.Espero
que en el camino a esa cumbre, no nos dejemos nada demasiado importante.-
Contestó Eduardo.
·.En
todos los caminos se deja uno algo y sí,
algo tan importante como es el entusiasmo de la juventud, pues esta, enfrascados
en la lucha diaria, se pasa sin darse uno cuenta.- Contestó Marta, en un tono
muy bajo, por lo que Eduardo, casi no la entendió y ya con voz normal.- Pero
dejemos estas consideraciones por ahora. Vamos a comer; de ahora en adelante,
tendrás hasta criados que te servirán; si es que tus escrúpulos lo pueden
aguantar.- Y cogiendo a Eduardo por el brazo, lo empujó hacia la puerta; este
gruñó y se dejó conducir, salieron.
ooooooooooooooo
Días después, Marta, había tomado posesión de la jefatura de la
organización. Sentada ante la mesa de su despacho ojeaba algunos papeles,
informes en su mayoría, de los últimos trabajos que se habían realizado;
llamaron a la puerta.
·.Adelante.-
Dijo Marta, levantando la cabeza.
“El Rata” asomó por la puerta y entró.
·.Hemos
recibido este aviso del Gueto.- Dijo el recién llegado, dando a Marta un sobre
que traía en la mano.
La chica cogió el sobre, lo abrió y después de leerlo despacio,
levantó la cabeza, mirando al “Rata”.
·.Sientaté.-
Le dijo.- Es el encargo de un trabajo especial.- “El Rata” escuchaba con
atención, mientras se repantingaba en el sillón.- Tienes que reunir los
camiones, también el frigorífico, algunos coches blindados y una buena
escolta; tenemos que recoger un cargamento en la frontera.
·.¿De
armas?.- Preguntó “El Rata”.
·.De
armas y de droga; pero antes tenemos que pasar por el matadero; date prisa prepáralo
todo y pasado mañana temprano saldremos, ¿sabes donde está Eduardo?.
·.Si,
está en los archivos.
·.Dile
que venga; no espera iré yo misma.- Dijo levantándose y saliendo de detrás de
la mesa. Seguía vistiendo como un hombre, en el BARRIO era un buen disfraz.
“El Rata” también se levantó, ambos salieron del despacho y cada uno se
encaminó hacía un lado del pasillo. A Marta la siguieron dos vigilantes, como
si fueran su sombra, los mismos que antes montaban guardia en la puerta. Subió
al piso de arriba; después de recorrer un largo pasillo, entró en una habitación
guardada por varios hombres armados que la saludaron al acercarse. En aquel
momento, Eduardo, revolvía en un cajón, se sobresaltó al ver entrar a Marta;
inmediatamente cerró el cajón y la saludó dándola un beso.
·.¿Te
entretienes?.- Preguntó Marta con tono cariñoso.
·.Si
paso el rato.- Contestó, el , evasivo.
Salieron, siempre seguidos por los guarda-espaldas; recorrieron el camino
de vuelta al despacho. De vez en cuando, desde la calle, se escuchaba algún
disparo. El dia seguía cubierto, aunque la nieve había dejado de caer; pero el
frío era muy intenso, a pesar de los plásticos en las ventanas, la calefacción
no conseguía caldear la casa suficientemente; solo en el despacho se disfrutaba
de una temperatura confortable. Se sentaron.
·.Hemos
recibido un aviso del Gueto, tenemos que recoger un cargamento en la frontera;
una operación importante, pero muy peligrosa, me gustaría que tú no vinieras;
de esta forma si me pasara algo a mí, tu te quedarías de jefe.
·.No,
sabes que no quiero serlo y acompañándote si nos matan no necesitaríamos a la
organización y además ya sabes lo que me aburro estando aquí metido.
Marta lo miró fijamente; sabía lo que se aburría, se había negado a
encargarse de nada; por eso y después de encojerse de hombros y para alejar el
peligro de suicidio, debido a la depresión, le dijo.
·.Bien,
vendrás, pero no cometas imprudencias; espero que por lo menos cojas un arma.
·.Solo
la pistola.- Se refería a la que Marta le había dado el primer día que
llegaron al BARRIO y que conservaba como un talismán.
·.De
acuerdo, pero el cargador tienes que cambiarlo, ha pasado mucho tiempo y no me fío
del estado en que se puedan encontrar las balas.- Eduardo asintió con la cabeza
y Marta continuó.- Bien, mira este será el plan.- Y sacando un mapa del cajón,
lo extendió encima de la mesa; Eduardo arrimó su asiento y Marta, con un lápiz,
fue indicándole el camino que recorrerían. La verdad, es que Eduardo la
escuchaba sin oír, no le interesaba el plan, sus pensamientos estaban en el
archivo; buscaba algún documento que le indicara como Marta, había llega a ese
nivel; pero no sabía por donde empezar, había empezado por los archivos,
porque aunque sabía que Marta había llegado al BARRIO entrenada, también es
cierto que dentro de este, tendría que tener a alguien que la estuviera
esperando para protegería y enseñarla los lugares donde tenía que atacar para
hacerse son la jefatura de la organización. Pero de momento no había podido
averiguar quien podía ser esta persona; quizá “El Rata”; pero no, este no
tenía conexión directa con el Gueto; en fin seguiría buscando.
La voz de Marta le llagaba como un murmullo, el, de vez en cuando, emitía
algún gruñido, que tanto podía servir de aprobación como de pregunta, para
una posible aclaración; pero en realidad, no se había enterado de nada de lo
que la muchacha le estaba diciendo.
ooooooooooooooooooo
Se preparaba la operación; era el dia señalado. En los alrededores de
la casa la actividad, era febril, en las inmediaciones se habían acordonado
varias bocacalles, los vigilantes patrullaban con las armas dispuestas para
disparar. Delante de la puerta se alineaban cinco camiones de gran tonelaje y
uno especial, frigorífico, de pequeña capacidad, pero con un motor que le podía,
incluso, hacer volar; alrededor de
este pequeño camión, habían montado una guardia especial. Delante del convoy,
un vehículo blindado, con un artefacto en la parte delantera, hacia recordar a
un quitanieves y detrás un coche, un turismo, muy grande
a continuación y cerrando filas, otros vehículos blindados, aunque
estos sin el artefacto en su parte delantera. El paisaje que se divisaba desde
la parte exterior de la casa, recordaba el de una ciudad bombardeada; enfrente
de la sede de organización, se abría una calle ancha, salpicada de montones de
escombros y basura; todas las ventanas de los edificios que estaban habitados,
con las ventanas cubiertas con tablones y el resto de los edificios, medio
derruidos, sus ventanas aprecian bocas bostezando, con algunas puertas
colgando. La nieve cubría todo, una nieve sucia, llena de excrementos y de las
alcantarillas, que aun no se habían atascado, salía un hedor pestilente. Los
motores en marcha, rugían, de vez en cuando, acelerados en vacío, por sus
conductores, que en sus puestos, esperaban la señal para partir. En aquel
momento salieron de la casa, una treintena de guardias personales de Marta, con
sus armas especiales y en grupos de diez se situaron alrededor de los vehículos
blindados, cinco guardias mas de los que patrullaban por las calles, al lado de
cada camión y una vez que todos estuvieron en sus puestos, salieron del
portal Marta, Eduardo y “El Rata”, rodeados de cuatro guarda-espaldas.
Aquello pareció una señal, de la calle que estaba enfrente a la casa, se
escuchó un gran griterío y una horda de gente, hombres y mujeres, corrían
hacia el cordón de separación; caminaban como sonámbulos, sin armas, gritando
y gesticulando.
!!!Los drogadictos!!!.- Gritó una de los guardianes.
!!Disparar primero al aire!!!.- Gritó Marta.
Así lo hicieron, una andanada de disparos, se perdió en el cielo; pero
los atacantes, si es que a estos desgraciado sin orden y casi sin conciencia, se
les podía considerar de esa forma; hicieron caso omiso y continuaron con sus
gritos avanzando a la carrera. Los primeros estaban llegado a la barrera de
separación.
·.!!Fuego,
fuego!!.- Volvió a gritar Marta.
Una descarga cerrada y en el suelo quedaron la casi totalidad de la
primera fila de los vociferantes,
pero esto no sirvió, para que los demás se detuvieran, así que los disparos
continuaron; era como cazar patos, los guardianes solo se tenían que preocupar
de disparar deprisa, muchos de los que se acercaban, caminaban con algún
orificio de bala en el cuerpo, pero no parecía dolerles ni sentirlo, seguían
corriendo hasta que su cuerpo se vaciaba de sangre y entonces caían como
fardos.
Cuando el tiroteo era mas intenso y por lo tanto todos tenían su atención
puesta en una dirección; por la calle que quedaba a espaldas de los camiones,
sonaron disparos; algunos vigilantes cayeron, heridos o muertos, incluso algún
guardia personal de Marta aunque estos estaban mejor protegidos.
Inmediatamente, los guarda-espaldas, rodearon a Marta y sus acompañantes
y los metieron en el portal; la joven se quedó en la puerta para poder dar las
ordenas, aunque bien protegida.
·.¿Que
pasa preguntó Eduardo.
·.Nos
han entretenido con los drogadictos para poder atacarnos por detrás; son
merodeadores, lo que no entiendo es como han conseguido las armas.- Continuó y
a renglón seguido.- !!!Fuego, fuego!!!.
Su guardia personal, apuntó cuidadosamente sobre los nuevos atacantes,
que habían hecho una carnicería entre los descuidados vigilantes de aquel
lado. Los proyectiles silbaron y cuando hicieron impacto en los cuerpos de los
atacantes, estos explotaron; los trozos de cuerpo sanguinolentos saltaron en
todas direcciones; los huesos de las víctimas servían como metralla, pare
herir e incluso matar a los que estaban a su alrededor. Cada andanada de
proyectiles, dejaban esparcidos, por todas partes, trozos de personas, muertas o
heridas, gemidos, insultos, sangre, una visión dantesca. Aquello no continuó
mucho tiempo, eran unas armas muy poderosas para los atacantes, que solo
contaban con pocas y rudimentarias pistolas; los que quedaban con vida y podían
andar huyeron; en el suelo quedaron los heridos mas graves, abandonados por
amigos y enemigos, revolcándose en la sangre y que muy poco después morirían.
Los caníbales se encargarían de hacer limpieza, esa misma noche, como aves de
rapiña.
!!Alto el fuego!!.- Gritó Marta, saliendo del portal, seguida de Eduardo
y de el “El Rata”´
y rodeados por los guardaespaldas.- Subamos a los camiones; da la orden
“Rata”.- Continuó, mientras se encaminaba hacía el coche, que esperaba con
la puerta abierta por uno de los guardias de su escolta.
·.!!Todos
a los camiones!!.- Gritó el “Rata”; subiendo al coche detrás de Eduardo.
Los motores rugieron, los vehículos empezaron a caminar, con el
quitanieves a la cabeza; pronto se vería su utilidad. Esta especie de tanque,
apartaba los escombros y los montones de basura y de esta forma dejaba libre el
camino al resto de convoy, que a poca velocidad avanzaban por las desoladas
calles del BARRIO. Se internaron en la zona de los caníbales; seguramente habría
otra refriega; en previsión los guardas, asomaban sus armas a través de las
ventanillas de los coches y camiones; el camión frigorífico era,
especialmente, protegido, casi tanto como el vehículo en el que viajaba Marta.
Poco después, unos gritos y algunos disparos, les anunciaron el ataque; una
descarga cerrada de parte de los guardias fue suficiente, las balas explosivas
eran contundentes, los atacantes se retiraron, no sin dejar numerosas bajas.
·.¿Donde
vamos.- Preguntó Eduardo; al darse cuenta de
que salían de la ciudad, aunque el campo que contemplaba, era aún mas
desolador que el propio BARRIO. Por donde alcanzaba la vista, no se podía
distinguir mas que arena, todo parecía un desierto, un desierto salpicado de
montones de basura y chatarra, sin una planta, solo arboles secos y retorcidos;
Eduardo suspiró.
·.Los
pesticidas, el uso abusivo de estos productos, es el causante de este desastre.-
Dijo “El Rata”, que observaba como Eduardo estaba mirando
aquel desierto helado.
·.¿Y
aquella colina?.- Dijo este, señalando un montículo coronado por arboles que,
aunque secos, continuaban en pié y de ellos colgaban lo que a nuestro amigo le
aprecian frutos, que por la distancia y el resplandor de la nieve, no podía
distinguir a que especie pertenecían.
·.!La
colina de los desesperados!.- Dijo “El Rata”, lanzando una carcajada.
Efectivamente, según se acercaban, Eduardo se pudo dar cuenta de que los
que colgaba de los arboles, eran hombres, hombres ahorcados; algunos casi
reducidos sus cuerpos solo a los huesos debido al tiempo que hacía que estaban
colgados, sin que nadie se hubiera molestado en enterrarlos.
·.¿Quien
los cuelga?.- Volvió a preguntar nuestro desconcertado amigo.
·.Nadie,
son gente que, bien, por enfermedad, cansados de padecer, vienen aquí para
poner fin a todo; la mayoría son decentes, aunque tampoco faltan de los otros
grupos; nunca caníbales ni drogadictos.- Contestó “El Rata”, con voz
ronca.
Después de que el convoy rodeara la citada colina, vieron aparecer un
gran edificio, circundado por una alambrada.
·.Mira
Eduardo ese es el matadero; es la primera meta de nuestra excursión.- Le dijo
Marta, queriendo quitar dramatismo a los pensamientos de su compañero.
·.¿Es
por eso por lo que llevamos el camión frigorífico?.
·.Si
tenemos que trasladar algo a la frontera.
·.Será
que no tienen bastantes filetes.- Comento Eduardo, en un tono indiferente.
Marta y “El Rata” se miraron, el rostro de ella muy serio, el del
“Rata” con un gesto de ironía, sus ojillos chispeaban.
Llegaron al portón, que partía en dos la alambrada, en la que de trecho
en trecho, colgaban unos carteles en los que se podía leer, ELECTRIFICADA.
A una señal del primer vehículo el portón empezó a moverse y cuando estuvo completamente
abierto, el convoy pasó al patio que formaba el edificio, construido en forma
de herradura. Los camiones, reculando quedaron parados en unos muelles de carga
que se extendían a lo largo de uno de los lados del patio; el frigorífico, pasó
por una gran puerta abierta a la derecha del muelle y el coche en el que viajaba
Marta, paró en la puerta del edificio central y por la que en ese momento salían,
los que aprecian formar parte del comité de bienvenida; un hombre de grandes
proporciones, cincuentón, musculoso. Su vestimenta consistía en unos
pantalones, que no se podía distinguir si eran de lona o de otro material
impermeable, pero que brillaban como el charol desde su intensa negrura; un
chaquetón de piel completaba su atuendo; un gran machete, que colgaba a la
cintura, eran las armas que a simple vista se podía observar; su cara poblada
de una barba canosa y una gran melena que cubría su cabeza, le daban un aspecto
feroz, aunque no desagradable. A Eduardo le recordó a los cortadores de cabezas
que había visto en el BARRIO y así se lo dijo a Marta, extremo que la muchacha
confirmó, aclarándole que este grupo colaboraba con la organización
estrechamente; detrás y completando el grupo salieron algunos hombres armados
con fusiles; todos ellos quedaron parados en la puerta, esperando que los recién
llegados descendieran del coche y poder darles la bienvenida. Los primeros en
hacerlo fueron los guarda-espaldas con sus temibles armas, después “El
Rata”, que se paró al lado de la puerta, pues como responsable de la
seguridad no quería correr riesgos, ni aun con los que
consideraban sus colaboradores; Marta bajó y enseguida metió sus manos,
enguantadas, en los bolsillos de su chaquetón impermeable; miró a su
alrededor, como si curioseara, aunque lo que en realidad hacía, era vigilar los
tejados y por ultimo fue Eduardo el que apareció por la puerta del coche; este
no se preocupó de vigilar, solo curioseaba; aquello no le parecía un
matadero; no se veía ganado por ningún lado y además no tenía ese olor
característico, que el recordaba de cuando, en sus tiempo de estudiante, visitó
uno. Se encogió de hombros y siguió al grupo que se encaminaba hacía el comité
de recepción, con su poco tranquilizador jefe a la cabeza; este se adelantó
y extendiendo sus manos, tanto en señal de saludo, como para mostrar que no tenía
armas; tocó pero sin coger, las manos de Marta.
·.Bienvenida
a mi fabrica, esperaba tu visita, me han contado tus hazañas y estaba ansioso
por conocerte.
·.Gracias,
de ahora en adelante nuestras relaciones serán mas frecuentes, por lo menos en
los próximos meses, en el Gueto están necesitados de mercancía.- Contestó
Marta, con una sonrisa, que en ningún momento quiso que pareciera amable y
continuó.- Me gustaría conocer todo el sistema de fabricación.
·.Si,
podéis pasar, yo personalmente te lo explicaré con todo detalle.
El nutrido grupo, pasó al interior del edificio; este estaba limpio y se
podía observar que era de reciente construcción; entraron en una especie de
sala de juntas, que tenía una mesa central y encima de ella una maqueta. Tanto
los visitantes como el director, se pusieron en torno a ella y sentándose en
los sillones que la rodeaban, esperaron a que el anfitrión empezara con las
explicaciones. Inmediatamente después de sentarse, les sirvieron un delicioso
café que fueron saboreando mientras el barbudo director les explicaba, sobre la
maqueta, donde estaban situados las distintas dependencias. cuando terminó y
dirigiendise a Marta, el hombretón dijo.
·.Bien,
ahora haremos un recorrido por las diversas instalaciones; comprobarás que todo
está en orden y de esa manera podrás informar a la Oficina.
Salieron y emprendieron su andadura por un pasillo, en el que en su parte
izquierda se podían ver las oficinas, a través de una pared acristalada; unas
instalaciones nuevas, equipadas con los mas modernos aparatos; todo lo que hasta
el momento estaban viendo tenía impresionado a Eduardo, quizás el mas escéptico
y el mas ignorante de las diversas realidades del BARRIO. Al finalizar aquel
pasillo pasaron, a través de una puerta, a otro igual que el anterior; pero en
este, que en realidad era una pasarela elevada, en lugar de las oficinas, solo
tenía una pared, preciosamente, decorada con un artístico mural. Enfrente una
gran pared acristalada, dejaba pasar la luz del sol, no se veía el paisaje
desolado que habían contemplado antes de entrar; sino un bosque bellísimo y
era a través de las ramas de los arboles, por donde se filtraba la luz del sol,
de un sol que Eduardo no se podía explicar, pues el cielo que habían dejado
atrás era plomizo y amenazaba con empezar a nevar de un momento a otro. En la
inmensa sala que se extendía debajo de la larga pasarela, hombres mujeres y niños,
paseaban, tomaban alguna bebida, comían. Eran cientos; sus movimientos eran
pausados, la mayoría formaban parejas y muchos llevaban un bebé en un carrito;
todos estaban bien vestidos, como los habitantes de Gueto, no se aprecian en
nada a los que había observado en las calles hacía poco tiempo, incluso ellos
estaban peor vestidos que los que estaba observando en aquella gran nave. Pero
algo extrañó a Eduardo, no podía escuchar sus voces, se saludaban con
movimientos de cabeza e incluso de labios, a los niños se les veía gesticular,
pero no se podía escuchar nada, ningún sonido; Eduardo alargó las manos como
queriendo tocar el aire delante de el.
·.¿Pensas
que tienes un cristal delante?, no, es que no hablan.- Le dijo “El Rata”,
que estaba a su lado y era el único que había observado el movimiento de sus
manos.
·.Pero
¿porque?.
·.No
levantes la voz.- Volvió a contestar “El Rata”, aceracandose mas a Eduardo,
para poder bajar la voz, de modo que los demás no se enteraran de lo que
estaban hablando.- Están operados de las cuerdas bucales; pero calla, te lo
explicaré mas adelante.
·.Pero los niños.
·.También,
!calla!.
·.Por
aquí.- dijo, en ese momento el inquietante director.
La comitiva empezó su recorrido por la pasarela; esta hacía un giro a
la derecha y de esta forma, tanto Eduardo, como sus acompañantes, pudieron ver
la pared que quedaba debajo de la pasarela; apreciando lo que parecía una
colmena; diversos pisos con pequeños apartamentos, uno junto al otro y también
abajo y arriba; pero con una de las paredes de cristal, de modo que desde donde
ellos estaban se podían ver el interior de todos las habitaciones. Todos
aquellos apartamentos estaban muy bien amueblados y contaban con todas las
comodidades que un ser humano pudiera desear, pero desde luego la intimidad no
se podía decir que estuviera garantizada; por lo menos esto es lo que pensó
Eduardo al ver aquellas viviendas.
Marta asentía de vez en cuando, ante las sucintas explicaciones del
hombre del chaquetón de cuero; aunque la muchacha no preguntaba mucho, se
notaba que conocía los detalles del lugar.
El grupo, salió por una puerta que había al fondo y el aspecto de las
nuevas instalaciones que se abrieron a sus ojos, hicieron pensar a Eduardo en un
hospital moderno, limpio; las enfermeras y los médicos iban y venían,
atareados en sus quehaceres; fue a preguntar algo y “El Rata”, cogiéndolo
del brazo, lo hizo callar con un gesto. La pared derecha de esta nuevo pasillo,
estaba ocupada por puertas a distancias regulares, lo que hizo pensar, a
Eduardo, que eran habitaciones del hospital; creencia esta, que poco después
quedaría desmentida, al enterarse que estas habitaciones, en realidad, eran
quirófanos. A la izquierda, grandes ventanales, dejaban ver el patio central;
desde donde estaban se podía apreciar que aun se encontraban en el edificio
central. Llegaron a una puerta, esta mayor que las anteriores y que daba acceso
a una gran habitación en forma de anfiteatro, seguramente para estudiantes, o
para observadores, o para ambos a la vez, pensó Eduardo al verlo. A una
indicación del director, se sentaron alrededor de una gran claraboya, en el
centro del anfiteatro y debajo del cristal que lo cubría, un quirófano redondo
y en el centro una mesa de operaciones, encima de ella y atado un hombre
completamente desnudo, hacía esfuerzos para soltarse y aunque abría la boca,
de esta no salía ni un solo sonido; los enfermeros y los médicos, vestidos con
las ropas típicas de cualquier cirujano, entraron; una de las enfermeras, puso
una inyección al paciente, pero sin ninguna precaución ni cuidado, lo que hizo
que el pobre hombre, torciera el gesto debido al dolor que le producía.
·.En
este momento el paciente es anestesiado.- Dijo la voz de uno de los médicos;
que al parecer su única misión consistía en ir explicando todos los pasos de
la operación, a través de un micrófono.
Sin tapar al paciente y una vez que este se hubo dormido, empezó la
operación; el cirujano cortaba y extraía órganos y los depositaba en unos
contenedores especiales que había en la mesa de la lado; pero en ningún
momento se molestó en detener la hemorragia que desangraba al paciente y que
desaguaba por un tubo que tenía la cama de operaciones. Eduardo no pudo
soportarlo, se tambaleó en su asiento, el color de su cara desapareció y
hubiera caído a no ser por “El Rata” que cogiéndole por los sobacos y con
una fuerza, que nadie hubiera adivinado en su frágil cuerpo, lo levantó y
ambos, con Eduardo, casi a rastras, salieron del anfiteatro, ante la sonrisa
sardónica del resto de los asistentes.
“El Rata”, llevó a Eduardo a los servicios mas cercanos, conocía el
sitio sin duda; aquí pudo vomitar y después de que su circunstancial amigo le
hubo lavado la cara; empezó a sentirse mejor, miró al “rata” y con una voz
que parecía salir de un agujero, preguntó.
·.¿Pero
porque esa carnicería?.
·.¿Todavía
no lo sabes?. Es para extraer los órganos y transplantárselos, en el Gueto, a
gente de la Oficina.
·.¿Pero
los donantes?....
·.No
son donantes, son gente expulsada, que los mantienen con vida, sin voz, para que
no armen escándalos; con todas las comodidades, eso si; los médicos opinan que
esta tranquilidad espiritual, hace que sus órganos estén en mejores
condiciones.
·.Pero
si también he visto niños, ellos ¿ que hacen aquí?.
·.Si
los órganos de estos son mas sanos; cuando empezaron a escasear los expulsados,
construyeron los apartamentos que has visto y fomentaron la unión por parejas
de las prisioneros, de esta forma y
al tener descendencia, tenían órganos nuevos, de niños, que al estar criados
para este fin, están controlados por los médicos.- Eduardo volvió a vomitar.
·.¿Pero
tantas órganos necesitan?.- Preguntó Eduardo, con un hilo de voz.
Conozco a alguno de la Oficina, que parece un puzle.- Contestó “El
Rata”.
·.¿Y
que órganos se extraen?.
·.Todos.
·.¿Todos?
·.Todos,
incluso el pito.- Contestó, una vez mas, “El Rata”, mientras de su garganta
salía una risita, que parecía el chillido del animal que daba nombre a su
apodo.- ¿Te encuentras mejor?; entonces salgamos, no conviene que se dén
cuenta de tu ignorancia de estos temas y sobre todo que no se den cuenta de tus
escrúpulos, ese jodido director, sería capaz de cortarte la cabeza con su
machete, sin que pudiéramos intervenir .
Salieron, ambos; el resto de la comitiva, estaba ya en el pasillo, esperándolos;
al verlos aparecer, gastaron alguna broma sobre el olor a hospital y la gran
cantidad de sangre que habían provocado el desvanecimiento de Eduardo.
Continuaron el recorrido, después de dispensar al muchacho, del resto de la
visita y quedando de acuerdo en que se verían en el coche; un empleado acompañó
a nuestro amigo hasta el patio.
El resto del grupo, salió del pasillo de los quirófanos y se internó
en una nave, que tenía dos puertas automáticas, que comunicaban con los quirófanos,
por ellas y en unas cintas transportadoras, que circulaban paralelas, salían,
por una los cuerpos inertes de los que fueron pacientes y que en aquellos
momentos, eran ya cadáveres y por la otra los contenedores con los órganos que
poco antes se habían extraído de aquellas personas; al final de esta cinta, se
cargaban en camiones como el que habían traído el convoy de Marta y cuando no
había camión frigorífico disponible, se almacenaba en frigoríficos, cuidados
por personas muy especializada.
·.Estos
se almacenan, durante poco tiempo, solo mientras llega el siguiente camión;
pues solo extremos según la demanda.- Explicó el siniestro director,
accionando con la mano, como si quisiera cubrir, con ella, toda la nave, con un
gesto de orgullo, al mismo tiempo que su cuerpo se esponjaba como el de un pavo
real.
Los muertos de la otra cinta, eran colgados, por los pies, de unos
ganchos que pendían del techo y que también circulaban automáticamente y eran
introducidos en cámaras de congelación.
·.Estos
otros, pueden esperar algo mas de tiempo.- Volvió a explicar, el pomposo
director.
·.¿Para
que los utilizan?.- Preguntó Marta con voz neutra, casi con indiferencia.
·.Para
negociar con los grupo, semiincontrolados, de caníbales; es la única forma de
que no maten mas de los necesarios, de los habitantes del BARRIO y que cuando lo
hacen que sean los que le interesa a la Oficina.- Contestó el director.
·.Uno
de los jefecillos de estos grupos, tiene una fabrica de salchichas; ja, ja, ja;
no sé si alguno en el Gueto, no comerá salchicha de expulsado, ja, ja, ja.-
Comentó uno de los acompañantes-empleado, que por su aspecto en su modo de
vestir y en sus modales, se notaba que trataba de imitar a su jefe.
Nadie dijo nada, ni rió aquel chiste; pero en la cara de Marta se reflejó
la repugnancia que sentía.
Esta nave, completaba el ala izquierda de la herradura que formaba el
edificio, llamado El Matadero; el ala derecha estaba destinada a las
dependencias de los que trabajaban en el. La comitiva, hizo el camino de
regreso, mas deprisa que el de ida y pronto se encontraron en la puerta de
salida haciéndose los saludos y cumplidos de rigor; cuando de pronto y sin
aviso previo, se escucharon varios disparos y un gran griterío. Entonces los
invitados y la comitiva, se reunieron en el centro del patio rodeados de sus
respectivos guarda-espaldas.
·.Calma,
solo es un grupo de caníbales incontrolados, los guardas han disparado al aire
para amedrentarlos; Querían robar cuerpos, pero aquí es imposible entrar.-
Dijo el barbudo director, señalando la alambrada que rodeaba el matadero. En
efecto, colgados de ella y calcinados, había, por lo menos, una docena de
personas, hombres y mujeres, vestidos con harapos, en posturas grotescas; no
habiendo hecho falta los disparos, cuando los guardas los habían hecho, los
entrometidos estaban muertos.
·.Debe
haber mucho hambre en el exterior.- Comentó el empleado del matadero, que
trataba de imitar al director.
·.Bien,
nos vamos.- Dijo Marta, dando un ultimo apretón de manos, al jefe de aquel
Matadero-Hospital.
Subieron a sus coches, a una señal del “Rata”, los camiones se
pusieron en marcha, en el mismo orden en que habían llegado; saliendo, otra
vez, al desértico y árido campo.
·.¿Te
encuentras mejor?.- Preguntó, solicita, Marta a Eduardo. Este asintió con la
cabeza y no hizo ninguna pregunta sobre el resto de la visita; sus compañeros
tampoco hicieron ningún comentario, sabían que el muchacho, no aguantaría
semejantes explicaciones.
En aquel momento, el coche pasaba al lado de la colina de los
desesperados; algunos cuerpos se balanceaban a impulsos del aire; para Eduardo,
la vista de esta danza macabra, en aquellos momentos, casi era reconfortante;
después de lo que había visto.
-(Es una manera menos cruel de acabar).- Pensó.
Pero enseguida desechó esos oscuros pensamientos y pasándose una mano
por la frente; pensó que tenía que aclarar algunos puntos oscuros, todo lo que
Marta no le había explicado, alegando, siempre falta de tiempo; pero el lo
descubriría. ¿Por que la protegían?, ¿quien era el protector?, eran
preguntas que tenía en su mente y que solo cuando las descifrara sabría si
tendría que odiar a Marta o la seguiría queriendo, quizás mas profundamente
que ahora.
Entraron, otra vez, entre las casas del BARRIO, la maquina quitanieves,
comenzó a apartar escombros, basuras y algún que otro cuerpo; que aunque
estando vivo, estaba lo bastante drogado como para no esterarse de que la pala
de la maquina lo aplastaba.
·.¿Y
ahora adonde?.- Preguntó Eduardo.
·.A
la frontera, tenemos que hacer la entrega de los órganos y recoger la mercancía
que nos tienen preparada.- Contestó Marta.
Los camiones rugian en su marcha hacia la frontera entre las dos zonas;
pronto se divisaron las casas que albergaban a los guardas-jurados que cuidaban
de la línea divisoria; “El Rata”, con un transmisor, dio unas indicaciones
que Eduardo no pudo entender, pero vio como un gran numero de guardas,
comenzaban a sacar fardos y cajas de la casa, amontonándolos en la calle, a la
espera de la llegada del convoy que cada vez se acercaba mas. Cuando estuvieron
a una distancia prudencial, aparcaron y todos los efectivos humanos, tanto por
parte de los vigilantes de los camiones como por parte de lo guardas jurados, se
dedicaron a cargar los fardos y cajas en los camiones y a continuación el camión
frigorífico quedó al lado de la frontera para mas tarde pasar al Gueto. Tanto
Marta como sus dos acompañantes, habían bajado del coche y rodeados por los
guarda-espaldas vigilaban que la operación se hiciera lo mas rápidamente
posible. Cuando mas enfrascados estaban en las maniobras y solo faltaba por
cargar algunas cajas; del lado del Gueto, se escucharon el chirriante sonido de
varias sirenas y los potentes motores de algunos coches que se acercaban.
·.!!!La
policía!!!.- Gritó alguien
Marta miró en aquella dirección, sabía lo que ocurriría, los guardas
jurados, para justificarse ante la policía, empezarían a disparar, contra sus
hombres, por lo que, sin dudarlo y con voz clara,
gritó.
·.!!Fuego!!.
Tanto los centinelas como sus guarda-espaldas, dispararon, al unísono,
con sus espantosas armas; los cuerpos de los desprevenidos guardas, estallaron
lanzando sus trozos en todas direcciones; los que después de la primera
andanada quedaron con vida, trataron de reaccionar, pero fue tarde, las balas de
los policías que se acercaban disparando, desde los coches, se encontraron con
los cuerpos de los desgraciados guardas jurados, que hicieron de pantalla
protectora a los hombres de Marta.
·.!!Abandonar
el resto de la mercancía!!, !!a los camiones!!.- Gritó, por segunda vez,
Marta, después de comprobar que el camión frigorífico, se había internado en
el Gueto, sin problemas.
El convoy se puso en marcha, sin apresuramientos, se notaba que todos
estaban acostumbrados a estos percances. Según se alejaba el coche, Eduardo, dándose
la vuelta, pudo distinguir a través de la ventanilla trasera,
a la incierta luz de los faros de los coches de la policía; el dantesco
espectáculo que ofrecían, los cuerpos de los desgraciados guarda-jurados, que
habían muerto en la refriega y que habían sido los únicos perjudicados.