CAPITULO
5º
·.Dime
Susana, sabes que a esta hora no quiero que me molesten; puedes decir que estoy
reunido.
Se oyó la voz de la secretaría.
·.D.
Santiago, es de la OFICINA.- Esta ultima palabra, la pronunció con un énfasis
especial.
·.!Ah!,
bien ponme inmediatamente.- Contestó Santiago, estremeciéndose al mismo
tiempo.
Se escuchó un “clic” y Santiago dijo, con voz tímida y un poco
entrecortada.-Si digamé, perdone por la espera, a su disposición.
Una voz profunda, resuelta, autoritaria, de alguien que está
acostumbrado a mandar, se pudo oír por el auricular.
·.“Escuche
Vd. bien, Santiago, y no me interrumpa. En su organización, está pretendiendo
ingresar una jovencita, bien pues quiero que lo evite por todos los medios; esta
joven se llama Marta, aprendasé bien este nombre, !Marta! y no quiero que
ingrese !¿lo entiende?!.
·.Entiendo
señor, ¿pero tengo que emplear cualquier método para impedirlo?.
·.“Cualquiera
que no dañe a la chica”.- Contestó la voz.
·.De
acuerdo, no se preocupe, me pondré a trabajar en ello inmediatamente.
·.“Recuerde,
me responde con su vida”.- Y colgó el aparato, dejando a Santiago con una
expresión de terror reflejada en el rostro. Este, bajando el brazo poco a poco,
también colgó y apretando un botón del intercomunicador, dijo.
·.Susana,
buscaré a Pedro rápidamente, que deje todo lo que esté haciendo y que venga a
verme.
·.¿Cuando
le cito? ¿mañana a primera hora?.
·.!!!No!!!,
!!!ahora mismo!!!, ! lo quiero aquí! !!!ahora!!!.- Gritó Santiago.
·.Enseguida.-
Contestó la secretaria, con voz temerosa.
Nuestro hombre, con la cara descompuesta, soltó el botón del interfono
y se levantó del sillón; empezó a pasear por el despacho, las manos a la
espalda y la cabeza agachada, mirándose la punta de sus zapatos. Levantó la
cabeza, se acercó a la ventana y mirando por esta, se quedó sin meverse, como
si estuviera reflexionando, cuando en realidad lo que hacía era tratar de
apartar el miedo que las ultimas palabras de su comunicante, le habían
producido.
Había transcurrido poco mas de media hora; Santiago continuaba en la
misma postura. Se escucharon unos golpes en la puerta.
·.¿Quien?.-
Preguntó Santiago, como quien sale de un profundo sueño.
La puerta se abrió con timidez; la cabeza de la secretaria asomó por
esta y dijo.
·.Pedro
está aquí, D. Santiago.
·.!!Que
pase!!, ¿!! que espera!!?.
La cabeza de la chica desapareció y sin llegar a cerrarse la puerta,
apareció, en esta un hombre joven; que también con timidez preguntó.
·.¿Querías
verme?.
·.Si
pasa.- dijo Santiago, esta vez mas calmado.
El recién llegado cerró la puerta, después de entrar y se encaminó a
la mesa de despacho. Santiago se había sentado en su sillón e indicó al
visitante que hiciera lo mismo en uno de los que había al otro lado de la mesa.
Una vez los dos acomodados, Santiago, con aires autoritarios, pero sin
alterarse, empezó a decir a su compañero lo que quería de el.
·.Tengo
entendido que, en la organización, quiere ingresar una jovencita llamada Marta.
·.Si.-
Contestó el recién llegado, animándosele la cara.- Y te aseguro que es una
chica que vale mucho.
·.Pues
tenemos que impedirlo.
Para Pedro, la contestación fue, como si le hubieran enfriado la sangre;
su expresión de entusiasmo se le congeló en la cara y hasta cambió de color,
poniéndose lívido.
·.Pero...es
que.- Titubeó Pedro.
·.No
hay peros, la orden viene de la OFICINA y
ha sido tajante, tenemos que impedirlo; sin dañarla.
·.Pues
va a ser un problema.- Contestó Pedro.-Se ha enamorado de Eduardo y creemé
es amor.
·.¿Podríamos
matar a Eduardo?.- Preguntó Santiago, sin emoción en sus palabras.
·.No,
eso sería contraproducente, para Marta se convertiría en un héroe y se empeñaría
en ingresa, aun, con mas ahínco.
·.¿Y
si lo denunciamos?, lo expulsarían inmediatamente.
·.Ella
lo seguiría y en las actuales circunstancias, durarían muy poco, los dos.-
Contestó Pedro, con la mano en el mentón, con gesto reflexivo.
·.Bien,
tenemos que pensar alguna solución; esto es muy serio, la orden ha sido
tajante; dentro de dos o tres días, ven a informarme de la marcha de los
acontecimientos, es urgente, ahora vete.
Pedro, sin decir nada, se levantó y fue hacia la puerta, en esta y
cuando tenía la mano en el pomo, se volvió y dijo a Santiago.
·.Creo
que será difícil hacerla cambiar de idea, es muy obstinada, y salió. Santiago
se quedó mirando a la puerta, en su cara se reflejaba la preocupación que sentía.
oooooooooooooo
A aquella casa no se la podía considerar un chalet; no en el sentido que
siempre se considera una casa a la que se clasifica de ese modo; no, esta era
una mansión, un verdadero palacio; de construcción moderna, pero un palacio.
Rodeada de un inmenso jardín, que por la parte delantera era una gran pradera,
salpicada de setos, que en primavera se llenaban de flores y en la parte
posterior, se extendía un bosque, domesticado; hecho de encargo para el dueño
de la casa y todo esto rodeado de kilómetros y kilómetros de verja
primorosamente forjada, seguramente trasladada de algún palacio antiguo, sin
reparar en el precio.
Santiago, después de identificarse, ante los guardas de seguridad,
encaminó su coche por el sendero que conducía a la puerta de entrada. Aparcó
el vehículo y ya delante de la casa, dudó si entrar por la puerta principal.
La casa estaba completamente iluminada, se escuchaba música y risas, estaban de
fiesta. Por fin se decidió, dio un rodeo y encontró una puerta lateral, la
entrada de servicio. Sus piernas le temblaban ligeramente. Llamó a la puerta,
apareció un guarda de seguridad que le pidió su identificación, después de
comprobarla, le mandó pasar. Una doncella se acercó, apresuradamente.
·.¿Trae
el champan?. dese prisa en descargarlo, lo estamos esperando.
·.Yo......verá.-
Titubeó Santiago.
·.¿Pero
no es Vd. el encargado del almacén de bebidas?, ¿entonces que hace aquí?, no
nos entretenga.
·.Por
favor, avise a D. Roberto, quiero verle, digalé que es urgente.- Y le dio una
tarjeta a la sirvienta, recobrando, de pronto, su dignidad.
La criada miró la tarjeta, después a Santiago y dando media vuelta salió
apresurada del vestíbulo donde se encontraban; al poco tiempo, volvió con un
mayordomo.
·.Sigamé,
por favor, el señor le espera en el despacho.- Dijo el mayordomo, dirijiendose
a Santiago con aire digno.
Este siguió al mayordomo y después de recorrer algunos pasillos,
llegaron ante una gran puerta. El mayordomo llamó, una voz contestó desde el
interior, pero Santiago no pudo distinguir lo que dijo; en ese momento todo su
cuerpo se cubrió de sudor frío; el mayordomo abrió la puerta invitándole a
pasar, así lo hizo y sintió como la puerta se cerraba a sus espaldas.
El despacho era grande, lujosamente amueblado, con un estilo moderno,
aunque en sus paredes se podían admirar cuadros de pintores de todas las épocas;
una lampara enorme, colgaba del techo y al fondo; a Santiago le pareció, que a
kilómetros de distancia, estaba EL, Roberto Mediavilla, el todopoderoso, dueño
de una inmensa fortuna; este le hizo señas para que se acercara, Santiago, con
las piernas temblorosas, así lo hizo.
·.Siéntese.-
Dijo el dueño de la casa con voz autoritaria.
Como si vinieran de otro mundo, Santiago podía escuchar risas y música,
amortiguados los sonidos por las paredes de la habitación.
·.Informe.-
El dueño de la casa, seguía valiéndose de monosílabos, seguramente para
reafirmar su autoridad.
·.Ejem.-
Carraspeó Santiago.- El informe axaustivo, lo traigo escrito.- Y dejó una
carpeta sobre la mesa.- Así que resumiendo, para no hacerle perder el tiempo;
el problema es que cuando me he enterado de que Marta no tenía que ingresar en
la organización, todo estaba muy adelantado, en fin que yo, en fin.- Titubeó.-
No creo que se pueda evitar que ingrese.- Y quedó como en suspenso, como
esperando la reacción del dueño de la casa. Este se cogió el mentón con la
mano derecha, estuvo un rato pensativo; cogió la carpeta, la abrió y después
de ojear las paginas mecanografiadas, las guardó de nuevo y apartando el sillón
donde estaba sentado, se levantó y con las manos a la espalda se puso a pasear
por el despacho.
Al cabo de un corto espacio de tiempo, que a Santiago le pareció una
eternidad, dijo, dirigiéndose a este, que se estremeció al oír su voz.
·.Bien,
parece inevitable; pero si podemos protegería, de ahora en adelante, Vd.
responde de la seguridad de la muchacha. Que no vuelva a ocurrir lo del BARRIO,
deberían haber tenido mas vigilancia, puesto que la excursión la hizo con un
miembro de la organización, Vd. debería haber estado informado, quiero que
sancione a ese muchacho y a la chica, repito, una total protección,
adiestramiento, dinero, guardaespaldas, todo, ¿ha entendido?, !!todo!!, todo lo
necesario para que no la ocurra nada, cuando llegue el momento de la expulsión.
Santiago, durante todo el tiempo que duró el discurso de su anfitrión,
asentía con la cabeza y Roberto continuó.
·.Y
al chico, mátelo.
·.Pero
D. Roberto.- Empezó a decir Santiago, con voz atemorizada.- en el informe le
digo que Marta está totalmente enamorada del chico y que de momento, sería
contraproducente hacerlo.
El magnate se quedó pensativo; “tenía razón aquel gusano”, es la
impresión que le causaba aquel hombre, sudando de miedo y dispuesto a
arrastrarse en el momento en que el levantara la voz.
·.Bien,
déjelo, pero sanciónele; la naturaleza del castigo la dejo a su criterio y téngame
informado personalmente.
En ese momento, se abrió la puerta, la cara de un joven apareció en el
hueco y dijo.
·.Hola
papa, ah veo que estás ocupado, vendré
mas tarde.
·.No,
no te preocupes, puedes pasar.- Le contestó el poderoso hombre de negocios,
aunque en esta ocasión su voz había cambiado, suavizandose.
El joven entró; vestía como quien va a emprender un viaje. Su cara era
simpatica y atractiva, su cuerpo el de un deportista; se acercó a la mesa de su
padre, mirando, con curiosidad, a Santiago.
·.Me
marcho, papá, ¿quieres alguna cosa?.
·.¿No
esperas a que termine la fiesta?.
·.No,
se nos haría muy tarde y quiero llegar a la cabaña antes del amanecer.
·.Ten
cuidado, llévate cuatro motoristas, ¿quien te acompaña?.
·.Mi
novia y tres parejas mas que tu no conoces, pero no te preocupes, además de los
motoristas, he dado aviso a los guardas de las autopistas.
Besó a su padre y continuó.
·.Que
terminéis de pasarlo bien, señor.- Dijo saludando con la cabeza a Santiago y
se dirigió a la puerta.
·.Que
paséis un buen fin de semana.- Dijo el millonario cuando su hijo cruzaba la
puerta y continuó, esta vez dirigiéndose a Santiago pero sin mirarlo
directamente.- Es mi hijo.- Y su voz se dulcificó, humanozandosele la expresión
de la cara. Pero en cuanto la puerta se hubo cerrado; su cara volvió a ser la
misma con la que se había dirigido a su atemorizado acompañante y volviéndose
hacia este le espetó, mas que le dijo.
·.Recuerde,
total protección y responde Vd. con su vida; con la misma facilidad que le puse
al frente de la organización, puedo quitarle, aunque de una forma mucho mas
desagradable.- Sentenció.- Ahora márchese y dentro de una semana le espero
para que me informe de la marcha de este asunto.
Santiago se levantó y después de despedirse, haciendo mil y una
reverencias, se encaminó hacia la puerta con la mirada del millonario clavada
en la espalda; el tiempo que tardó en coger el pomo, le pareció una eternidad
y cuando se encontró en el pasillo,sintió como si volviera a la vida; cerró
la puerta y se volvió: !Ah!.-Se asustó; delante de el estaba el mayordomo, con
cara de pocos amigos; con un gesto le indicó el camino y ambos emprendieron
la marcha por los mismos pasillos que habían recorrido para entrar.
Santiago se encontró en el jardín, se encaminó al aparcamiento y después
de abrir su coche se acodó en el, entonces miró a la mansión; en su cara se
reflejaba el odio.
·.“Te
vas a enterar de mi, viejo asqueroso, no solo te sacaré el dinero, sino que me
joderé a tu protegida”.- Murmuró, mientras ponía su coche en marcha y se
encaminaba a la salida.
A la mañana siguiente, en su despacho, sentado ante su mesa, que ahora
le parecía mas pequeña; pensaba en la conversación que había mantenido el día
anterior, con aquel odioso hombre. Llegado a un punto de estas reflexiones, pulsó
un botón de su intercomunicador y la voz de su secretaria dijo.
·.Digamé,
D. Santiago.
·.Llama
a Pedro, que venga inmediatamente, !inmediatamente!.- Recalcó.
·.Enseguida,
D. Santiago.
Santiago se recostó en el sillón, lo hizo girar y mirando por la
ventana, sin ver, se puso a meditar. “¿Que interés tendría el viejo en esa
muchacha?. El no la conocía personalmente; se propuso remediar aquello lo antes
posible, quizá era una belleza y por eso esa momia la quería para el; pero te
aseguro que no serás el primero, antes será mía; si es que merece la pena”.
Continuó pensando, con una sonrisa sarcástica en los labios.
Sonó el intercomunicador.
·.Si.-
dijo Santiago, como si saliera de un sueño.
·.D.
Santiago, aquí está D. Pedro.
·.Que
pase.- Respondió con voz seca y para sus adentros dijo.-“Esta idiota llama D.
a todo el mundo”.
Sonaron unos golpes en la puerta.
·.!!Pasa!!.-Gritó
Santiago que tanto protocolo lo exasperaba.
La puerta se abrió lentamente y apareció Pedro, que con cara seria
preguntó.
·.Hola
Santiago, ¿quieres algo de mí?.
Pasa y sientaté, ahora te lo explicaré; es un trabajo delicado, pero no
es peligroso.
Pedro se sentó en un sillón de los que había al otro lado de la mesa y
esperó.
·.Se
trata de esa muchacha, de la que te pregunté el otro día y que según me
informaste había ingresado en la organización; bien, quiero que seas tu su
acompañante y que me tengas informado, en todo momento; se trata de que se
adiestre lo mejor posible, pero sin riesgos, ¿lo entiendes?, sin
riesgos.-Recalcó.
Pedro sin decir nada, asentía con la cabeza; notaba el mal humor de su
jefe y no quería interrumpirle.
·.Tiene
un buen padrino.- Continuó Santiago, como hablando consigo mismo.- Cuando esté
adiestrada, quiero verla personalmente, para darla su destino, bien ahora puedes
irte, pero recuerda dos cosas, que no se entere de que está protegida y que no
corra ningún riesgo y todas las semanas vienes a informarme de la marcha de los
acontecimientos.
Pedro se levantó, al mismo tiempo que decía.
·.No
te preocupes, todo saldrá bien, la enseñaré todo lo que sé y en poco tiempo
podrá actuar sola, aunque yo siga vigilándola; pero te aconsejo que no toques
a Eduardo, para ella es como un talismán, después de su aventura por el
BARRIO, no puede tratar, intimamente, con ningún hombre, que no sea su amigo;
sería capaz de cualquier locura si le pasara alguna cosa, a el.
·.Ah,
ese asunto, que locura, irse al BARRIO sin preparación y sin escolta, solo se
le podía ocurrir a un idiota idealista como Eduardo; bien serán dos a
proteger.
·.Bueno
me marcho, todas las semanas tendrás mi informe.- Pedro con paso rápido, fue
hacia la puerta y sin despedirse salió, cerrando a sus espaldas; no estaba
contento, no le gustaba actuar como si fuera una niñera, pero no le quedaba
otro remedio.
Santiago se levantó despacio y con las manos en los bolsillos, fue hacia
la ventana y mirando, sin ver, empezó a pensar en los acontecimientos de los últimos
días. “¿Que quería aquel tipo de Marta?; seguramente hacerla su amante de
turno; pero el sería el primero, volvió a recalcar con insistencia malsana, no
sabía si la muchacha le gustaría, pero le daba igual, todo era por vengarse de
aquel hombre, de las humillaciones que le hacía padecer. Pero tenía que tener
cuidado; lo primero era granjearse la simpatía de Eduardo, sin perder
autoridad, después lo demás sería fácil. Aun con estos pensamientos en su
cabeza, dio media vuelta y se encaminó hacia la puerta, salió y dijo a la
secretaria.
·.Me
marcho, hoy no ya no estaré en la oficina, déjame todos los recados encima de
la mesa y marchaté sin esperarme. Salió al pasillo y estró en el ascensor que
le dejó, directamente en el aparcamiento. Subió a su coche, lo puso en marcha;
a esas horas, casi todo el mundo estaba en su trabajo por lo que el tráfico era
fluido, así que a buena velocidad, se encaminó al bar donde se reunía la
gente de su organización.
Después de aparcar, se quedó parado en la acera, con la vista clavada
en la fachada del bar; no quería que ninguno de los muchachos, le viera entrar;
se puso en marcha, pero dando un rodeo, por la calle de al lado, buscando una
puerta lateral, que conocía y que le conducía directamente al despacho del dueño.
Un guarda, que vigilaba esta puerta y que al instante conoció a
Santiago, lo dejó pasar sin preguntarle nada. Santiago abrió la puerta del
despacho, después de haber golpeado esta, ligeramente, con los nudillos.
·.Hola
Santiago.-Dijo el dueño del bar, levantando la cabeza de unos documentos que
tenía encima de la mesa.-Sientaté y dime que te trae por aquí; últimamente
no nos visitas demasiado, desde que te codeas con los JEFES.......
La voz del hombre sonaba sarcástica, pero amigable, en su cara de pez se
reflejaba, lo mismo, la ironía que el afecto que sentía por su visitante.
·.Es
un asunto incomodo, un encarguito de los JEFES precisamente.
Santiago se sentó y estirando las piernas, sacó un paquete de
cigarrillos ofreciendo uno a su amigo, este lo cogió y después de encenderlo,
se recostó en el sillón, esperando que su visitante le contara la razón por
la que se había dignado venir; pero sin preguntar nada, esperando que la
iniciativa fuera del otro; mientras miraba a Santiago con sus ojos húmedos y
su cara afilada, que hacía recordar a la de un pez.
Su visitante, en pocas palabras, le explicó el motivo de su visita. Quería
conocer a Marta, pero sin que esta se diera cuenta y el sitio que mejor se
ajustaba a sus intenciones era el bar, en el que a través de un monitor, se podían
ver a los muchachos reunidos.
·.Bien,
no hay problema; precisamente en este momento, la tienes sentada con los chicos
en la mesa de siempre.-Dijo el hombre-pez al mismo tiempo que dejaba oír una
risita, que parecía un chirrido.- Pero no se porque te preocupan tanto las
jovencitas; sabes muy bien que conmigo tendrías todo lo que quisieras.
·.Cuando
cambie, serás el primero en saberlo.- Contestó Santiago, con indiferencia,
mientras miraba el monitor, esperando que su amigo lo encendiera. Por fin, después
de una corta manipulación, el aparato se encendió; la cámara hizo un barrido
por buena parte del bar, para a continuación quedar parada ante la mesa donde
estaba sentada la cuadrilla. Su amigo señaló a Marta, con su dedo largo y
viscoso; Santiago miró y pensó que no merecía la pena tanta molestia; aquel
individuo podía tenerlas mucho mejores; en fin, pensó, son caprichos de
millonario.
·.Puedes
apagar, solo quería conocerla.- Dijo en voz alta, con desencanto manifiesto.
·.Yo
te puedo presentar a algunos chicos que están mucho mejor que ella.- dijo su
viscoso amigo arrastrando una risita chirriante.-!Ah!, mira llega Pedro.
A Santiago le extrañó la entonación de voz de su acompañante, por lo
que yo miró y pudo distinguir en sus encharcados ojos, una expresión que también
se podría distinguir en la mirada de cualquier enamorada. “Vaya, vaya, así
que esas tenemos, bien, es bueno conocer los puntos débiles de tus enemigos,
por si en un momento determinado necesitas usarlos, en su contra”. Pensó
Santiago, sabía que Pedro ansiaba su puesto, por este motivo, este
descubrimiento le daba una gran ventaja.-Bien me marcho.- Dijo en voz alta, al
mismo tiempo que se levantaba.- Cuídala y cuando comprendas que está madura me
la mandas al despacho.
El hombre asintió, cerrando sus acuosos ojos, mientras que en sus abultados,
pero pequeños labios, se dibujaba una sonrisa, entre sarcástica y tierna.
Salió a la calle, anochecía, no le apetecía coger el coche, así que
decidió andar un rato; tenía que ir a uno de los bares que frecuentaba, para
un asunto de negocios. Fue calle abajo, el sitio no estaba lejos. Después de un
corto paseo, que le sirvió para ordenar sus pensamientos; llegó al bar al que
se dirigía. Era un sitio elegante, con portero; entró sin contratiempos, pues
era habitual y por esto le conocían.
El Salón estaba decorado con gusto, aunque un poco recargado; del techo
pendían costosas lamparas de cristal y las mismas, pero en tamaño pequeño,
alumbraban desde las paredes; que estaban enteladas en color rojo y de este
mismo color era la moqueta que cubría, confortablemente, el suelo. Se sentó en
una mesa, enseguida un camarero, solicito, se acercó a preguntarle lo que quería
tomar; pidió una copa de su bebida favorita y cuando se la sirvieron, se recostó
en el sillón en el que estaba sentado, encendiendo un cigarrillo. Desde donde
estaba podía distinguir todo el salón; corrillos de políticos, periodistas,
prostitutas de lujo, en fin la nueva casta. Era un sitio elegante, pero no tanto
como el de los JEFES, en los que aquellos frecuentaba no tenía entrada ni el
mismo; era el ultimo escalón al que se podía aspirar. Santiago llamó al
camarero y pidió otra copa, la primera ya le estaba haciendo efecto, se sentía
mas ligero y con la mirada mas clara; se sentía muy bien. Aún tenía esos
pensamientos en la cabeza, vio como una muchacha muy bien arreglada y bonita, se
acercaba a su mesa.
·.Hola
Santiago.-dijo sentándose.- ¿Has traído lo que te pedí?.
·.Si,
aquí lo tienes, esta vez has tardado poco en repartirlo.
·.Parecían
ansiosos, dicen que esto les quita el nerviosismo, que la política es muy
complicada; ja, ja, ja, claro que lo es, si yo te contara algunas cosas, te
quedarías asombrado.
Santiago sin contestar, sacó un paquete del bolsillo de su americana y
se lo dio a la muchacha.
·.En
fin, a mi no me importa, lo que quiero es que consuman mucho y supongo que tu
también.- Dijo, desabrido; las palabras de la chica le habían quitado la
sensación de bienestar que tenía, por efecto de la primera copa, o la
causante, ¿no habría sido la segunda? ¿o quizás la tercera?.
·.Bien
Santiago, hasta luego, están tan impacientes que algunos me están mirando.
Santiago vio como se alejaba, balanceando el culo; ahora sentía su
cabeza con si estuviera en una nebulosa y todos los objetos que no fijaba
directamente con la vista, los distinguía, pero
borrosos. Levantó la cabeza; en un rincón dos individuos charlaban y reían
amigablemente.-“Pero si es aquel tipo, el antiguo militante de la organización;
el que se marchó, gritándome, que estabamos todos vendidos; ¿que se traerá
entre manos charlando con el ministro de seguridad ciudadana?; !!que
mierda!!”.
Santiago dejó el vaso sobre la mesa, puso el dinero en el plato que le
habían dejado con el tiket e intencionadamente dejó caer la colilla,encendida,
sobre la moqueta, en la que enseguida se empezó a hacer un agujero; se levantó
y se fue hacia la salida. Salió a la calle, era completamente de noche;
las piernas le pesaban, le dolía la cabeza; mañana mandaría a recoger el
coche a algún jilipollas-lameculos y paró un taxi que pasaba en ese momento,
le dio la dirección de su apartamento y se recostó entornando los ojos.
ooooooooooo
Habían transcurrido varias semanas; según los informes que tenía,
Marta progresaba muy deprisa; pronto la podrían dejar sola; esperaba a Pedro de
un momento a otro, era el día del informe y lo esperaba con impaciencia.
Llamaron a la puerta, tímidamente.
·.!!Pasa!!.-Gritó Santiago,
que cada día le daba mas asco la blandura y sumisión,(fingida) de Pedro.
Se abrió la puerta y como en anteriores visitas, Pedro,
entró con una actitud tímida e incluso un poco inclinado hacia
adelante, como si estuviera haciendo una continua reverencia a su jefe.
·.Sientaté.-Dijo
Santiago, secamente, casi, imitando a Roberto Mediavilla.-Informa.
·.Pues
bien, la chica está lista, muy bien preparada; es muy inteligente, como te he
dicho otras veces y por esto ha tardado menos en aprender.
·.Mándamela,
quiero hablar con ella; no te preocupes, que seré delicado y cauto, iré poco a
poco, con diplomacia; en realidad, mi secretaria y yo hemos trazado un plan, que
creo dará el resultado apetecido.
·.Ten
cuidado, si se entera el JEFE...........
·.Si
nadie se lo dice, no creo que pueda enterarse.-Contestó Santiago, con una
entonación que hizo enrojecer a Pedro.
·.Claro,
claro, supongo que habrás tomado todas las precauciones.
·.Naturalmente,
eso no lo dudes.-La misma entonación anterior apareció en su voz.
·.Tenemos
otro problema.-Pedro quería cambiar de tema, se sentía incomodo.
·.¿Relacionado
con Marta?.
·.No,
es Cati.
·.¿Que
le pasa esta vez?.
·.Quiere
una cuenta numerada en Suiza y si no se le concede, nos amenaza con contar a
cierta prensa, todo lo que sabe sobre la organización y es mucho.
Santiago se levantó del sillón, empujando este, con brusquedad, hacia
atrás; con las manos en los bolsillos de su chaqueta y la cabeza baja, dio una
cortos paseos por el despacho; después fue hacia la ventana y se puso a mirar a
la calle; su acompañante no quería interrumpir sus pensamientos, sabía que
las reacciones de su jefe eran peligrosas; este sin volver la cabeza y con voz
que no denotaba ninguna emoción, preguntó.
·.¿Se
la ha tratado de convencer, con algo menos costoso?, un puesto de mas categoría...,
no se, algo que la llame la atención.
·.Si
y no ha servido.
·.¿La
has amenazado?.
·.También,
pero con el mismo resultado, la expulsión no la preocupa, tiene contactos en el
BARRIO.
Santiago, quedó en silencio; al cabo de un rato y sin volver la cabeza,
suspiró y dijo.
·.Liquídala.
·.Pero...
¿que le decimos a los demás?.
·.Liquídala.
A los que no estén contaminados, diles que era ella la que denunciaba a sus
compañeros; la actual ola de expulsiones, por ese asunto del transplante de órganos,
favorece esa explicación; a los otros, simplemente, les dices la verdad, así,
de paso, servirá de escarmiento.
·.¿Como
se hará?.
·.Encargaté
tu personalmente.
La habitación quedó en silencio, Santiago seguía mirando por la
ventana, con las manos metidas en los bolsillos de la americana; Pedro, sentado,
había dejado caer la cabezo sobre su pecho, como abrumado por la
responsabilidad. Al cabo de un rato, Santiago dijo.
·.Ahora
vete, para Marta será una experiencia mas.
Pedro sin decir nada, se levantó y cogiendo los documento que había traído,
se encaminó hacia la puerta; su apariencia era deplorable, los hombros caídos
la cabeza inclinada, todo en el denotaba lo que aquella orden suponía de
tragedia. Santiago seguía mirando por la ventana, sin volverse, notó como la
puerta se cerraba, “por fin solo”.-
pensó y a continuación y siempre para sus adentros.-“!!!Que mierda!!!, que
ganas tengo de que me deporten a Suiza” y volviéndose dio una tremenda patada
al sillón, que fue a parar al otro extremo de la habitación.