CAPITULO
4º
·.Hola
cariño.-Dijo Marta, cuando llegó junto a Eduardo.
Era el día siguiente al de la visita de este a su casa.
·.¿Que
te pareció mi familia?.-Preguntó mirando a su pareja, con ansiedad mal
disimulada.
·.Tal
y como me la había imaginado, parecen todos hechos con el mismo molde.-Contestó
Eduardo, mientras comenzaban su paseo. Eduardo con su nuevo aspecto, despertaba
la cadicia de las compañeras de Marta que acababan de salir del Instituto.
·.Quiero presentarte a unos
amigos, cuando los he contado nuestra aventura, en el BARRIO, se han mostrado
muy interesados en conocerte.- La dijo Eduardo cogiendo del brazo y arrimándose
a ella con entusiasmo.
·.¿Son
de la organización?.-Preguntó Marta, visiblemente entusiasmada, pero bajando
la voz exageradamente.
·.Si
ahora vamos a un bar, el dueño es amigo, allí estaremos mas seguros que en mi
casa.- La propuso Eduardo.
Ambos muchachos se acercaron a una parada de autobús. Después de un
largo recorrido en este medio de transporte y por indicación de Eduardo se
bajaron. Marta miró alrededor, conocía la zona, era una parte del Gueto de las
denominadas residenciales, es decir donde vivían las personas mas acomodadas.
En un centro comercial que había cerca de la parada del autobús, se encontraba
el bar al que había hecho referencia Eduardo. Entraron al fondo, tres hombres jóvenes
y dos chicas tomaban algo sentados en una de las mesas. nuestros amigos se
acercaron.
·.Hola.-Dijo
Eduardo a modo de saludo, que quiso ser informal.-Como os prometí traigo a
Marta, Marta estos son mis mas íntimos amigos, Adela, Cati, Roberto, Ramiro y
Pedro y !atención! la estrella !!la famosa!! !!!Marta!!!.-Terminó Eduardo con
un tono jovial y desenfadado.
Los jóvenes, se levantaron para saludar a Marta, pero en sus caras no se
reflejaba la alegría que hubiera sido natural después de la informal
presentación que Eduardo había hecho.
“ Hola, mucho gusto, encantado, siéntate por favor, ¿como estás?”;
todos muy amables, pero sin la alegría propia del momento. Eduardo los miró
extrañado y después de sentarse preguntó.
·.¿Que
pasa aquí?, esto parece un funeral, Marta
va a creer que no nos parece bien su presencia en esta reunión.
·.Perdona,
Marta, tu no tienes la culpa de nuestro estado de animo; pero aunque tu
presencia nos agrada mucho, no podemos remediar estar apenados como
estamos.-Dijo una de las chicas, la llamada Cati.
·.Han
detenido a dos de los nuestros, esta noche será la expulsión,-Continuó otro
de los reunidos.
·.¿Pero
como ha sido?, ¿los han cogido repartiendo octavillas?.-Preguntó Eduardo con
ansiedad, recorriendo con la mirada la cara de sus amigos.
·.No
ha sido un chivatazo.-Contestó Pedro, que había sido el que había hablado
antes.-Cada vez ocurre con mas frecuencia.
·.¿Y
no se sospecha de quien puede ser el delator?.-Preguntó Eduardo.
·.No
tenemos ni idea.-Contestó otro de los reunidos, el llamado Roberto.
·.En
fin si la condena es de expulsión, aun tienen alguna posibilidad de
sobrevivir.-Dijo Eduardo, estremeciéndose al mismo tiempo.
·.No
lo creo.-Contestó Roberto.-De un tiempo a esta parte, seleccionan las zonas por
donde los expulsan, a estos les ha tocado la zona de los cortadores de cabezas,
es la nueva política, la zona está en relación con el grado de
responsabilidad que los expulsados tenían en la organización.
Por un momento todos quedaron en silencio. A continuación Cati, como
queriendo romper el hielo, le dijo a Marta.
·.En
fin, no te angusties y no pienses que esto ocurre todos los días, nosotros te
podemos servir de muestra y no digamos Eduardo, que lleva años viviendo en la
clandestinidad.-Y al decirlo, quiso dar a sus palabras un aire desenfadado,
aunque sin conseguirlo, del todo.
Mientras que la conversación había tenido lugar, el camarero había
estado trayendo las consumiciones, por lo que Marta dedujo que este pertenecía,
también, a la organización.
·.Bien,
en pocas palabras, lo que queríamos proponerte es que te unas a nosotros, pero
claro quizás no sea este el mejor momento para hacerlo.-Continuó Pedro.
Marta se dio cuenta, de que todas las miradas estaban pendientes de ella,
como queriendo adivinar lo que pensaba, temiendo su negativa, ellos no sabían
que su propuesta la llenaba de alegría; quería pertenecer a la organización;
sentía lo que les había pasado a sus compañeros, pero por encima del temor a
ser detenida, contaba su entusiasmo y además la encantaba ser la protagonista,
así que contestó.
·.Bien
quiero que sepáis que conocía el riesgo que se corre, pero aun así, me siento
muy orgullosa de que me propongáis pertenecer a la organización, mi contestación,
por lo tanto, es que si.
!Bien!; esclamaron todos a la vez, al mismo tiempo que se lanzaron a
abrazar a la protagonista, olvidando, por unos momentos, sus tristezas
anteriores.
·.Bueno,
bueno, ya está bien que a este paso me vais a dejar sin compañera.-Dijo
Eduardo bromeando.
·.De
momento te daremos misiones poco peligrosas y cuando te sientas segura y
conozcas los trucos para burlar a los vigilantes, podremos confiarte otros
asuntos mas arriesgados.-Dijo Pedro, que parecía era el que comandaba aquel
grupo.
·.Una
cosa queremos que sepas, aunque en cada grupo tenemos un coordinador, no tenemos
jefe.-dijo Roberto.
Y la conversación continuó por estos derroteros, explicaciones sobre la
organización, responsabilidades, preocupaciones, secretos, trucos, etc. De esta
forma fue transcurriendo la tarde.
·.Bien,
creo que es hora de marcharnos, no quisiera que mis padres sospecharan nada, su
primer encuentro con Eduardo ha sido muy positivo y no quiero estropearlo.-Dijo
Marta, mirando el reloj y haciendo un gesto de impaciencia.
Pocos días después de haber tenido esta reunión, nuestra protagonista
se enteró, por mediación de Eduardo, que se reunirían de nuevo, en el mismo
sitio que la vez anterior. Era para asignar compañero a Marta; no fue Eduardo,
era Pedro, un chico con larga experiencia en la organización, experiencia que
podía transmitir a Marta; siempre se hacia de esta manera, un veterano y un
novato, era la mejor manera de adiestrar a este en el menor tiempo posible y con
los menores riesgos.
Las primeras misiones que les encomendaron fueron sencillas, vigilancia
de personas; poco después reparto de octavillas por ciertas zonas del gueto y
mas tarde, según fue adquiriendo, Marta experiencia, a labores de reparto de víveres,
entre las familias que mas lo necesitaban. En los paquetes de comida se metían
actavillas e incluso cintas magnetofonicas en las que se explicaban los ideales
del movimiento clandestino.
·.Después
de algunos meses de dedicarse a este trabajo, Marta se sentía capaz de actuar
por si sola. Ella continuaba con sus clases en el Instituto y cuando finalizaban
estas y sus compromisos se lo permitian, Asistía a las practicas de la profesión
que había elegido para el futuro, asistente social; con la clara, desaprobación
del padre y la indiferencia de la madre.
Fue un día de otoño, empezaba a hacer frío, salió de su casa para
encontrarse con Pedro, creía que sería una de sus ultimas citas con el, la habían
prometido que pronto actuaría sola, pero no querían precipitarse, en los últimos
meses las detenciones se habian sucedido con mucha frecuencia. Todos estaban
convencidos de que había un delator, pero no habían podido descubrir quien
era, por esta razón su bautismo clandestino se retrasaba. Llegó al lugar en el
que habían quedado en encontrarse, tuvo que esperar unos minutos, al cabo de
los cuales vio acercarse a su compañero, como
siempre con la seriedad que lo caracterizaba.
·.¿Llego
tarde?.-Preguntó.
·.No
ya sabes que me gusta llegar a las citas un poco antes.
·.Bien
sigamos calle abajo, no quiero contarte nada estando parados, el delator conoce
todos nuestros movímientos y los lugares de encuentro.
Cuando emprendieron la marcha, en la dirección que Pedro había
indicado, este empezó a hablar
·.Vamos
a encontrarnos con Cati, hoy tenemos una misión muy delicada y necesitamos ser
tres.
·.¿No
puedes adelantarme nada?.
·.No,
ceemé en esta ocasión, la discreción es primordial, hasta que llegue el
momento, el único que puede saberlo soy yo, Cati tampoco está enterada.
Marta no insistió, siguieron andando y unas calles mas adelante se
detuvieron en una esquina.
·.Espero
que Cati no se retrase.-Dijo Pedro, mirando a sus alrededor; no le gustaba estar
parado, mucho tiempo, en un mismo sitio.
Hacia frío, Marta lo sintió por todo su cuerpo, se arropó con el
ligero chaquetón que tenia puesto, la incertidumbre de lo desconocido, pero
sabiendo que era importante, hacia que se sintiera tensa, con una mezcla de
placer y angustia que la vaciaba el estomago.
En ese momento, uno de los coches que pasaba cerca de ellos; uno grande,
lujoso, muy elegante, paró al lado de ellos junto al encintado, Cati asomó su
jovial cabeza y dijo.
·.¿Que
os parece?, podéis subir os llevo a donde queráis.
Pedro cogió a Marta por el brazo y la hizo entrar por la puerta de atras
y cuando hubo cerrado, el se colocó delante junto a Cati.
·.Estupendo
chica, es el coche que necesitábamos, para lo que tenemos que hacer, tu siempre
tan eficaz.-Comentó Pedro, con una sonrisa.
Cati rió alegremente mientras ponía el coche en marcha y se metía en
medio del intenso trafico. Marta miró el interior del coche, lujoso, lujoso y
grande, esto es lo que le aprecia en una primera observación, no preguntó,
sabia que no debía hacerlo, por lo que continuó con su observación; miró
hacia la parte delantera, al salpicadero y pudo darse cuenta de que los cables
habían sido arrancados y que habían hecho un puente, ahora sabía la
procedencia del vehículo.
Después de recorrer varias calles en una determinada dirección, Pedro,
acercando su boca al oído de Cati, la susurro algunas palabras que Marta no
logró oír, Cati miró con extrañeza a Pedro y
sin replicar nada, pero con evidentes signos de disgusto, cambió el
rumbo del coche.
Por fin llegaron a una zona del Gueto, en la que las casas que los
rodeaban estaban deshabitadas; era una zona pobre y muy cercana al BARRIO, pero
además era una zona que lindaba con la de los cortadores de cabezas, una de las
tribus; habitantes del BARRIO que se dedicaban a hacer pequeñas figurillas de
los dientes de las cabezas que cortaban a los expulsados y las vendían a los
ricos y caprichosos del Gueto, que se las pagaban a muy buenos precios, pues
era algo que se había puesto de moda
entre, lo que se podía considerar, la alta sociedad; el resto de los restos, es
decir el cadáver, se lo vendían a los caníbales; otra de las tribus del
BARRIO y que habían llegado a este extremo de vida por las dificultades, que al
principio encontraron para sobrevivir y que en la actualidad era su medio de
vida habitual. Cati detuvo el coche, pero sin parar el motor, miró a Pedro y
preguntó.
·.¿Y
ahora que?
·.Levanta
el capó, que Marta se quede al lado del coche, como si se hubiera estropeado,
de esta forma no levantará sospechas, tú y yo iremos a aquella casa de la
esquina, en ella está escondido un huido que tenemos que acompañar a un lugar
seguro, lo llevaremos en el maletero.-Contestó Pedro.
·.Bajaron
del vehículo, Marta los imitó.
·.Tu
Marta quédate al lado del coche, si ves que se acerca alguien, tenga o no
uniforme, asómate al motor como si estuvieras arreglándolo, vamos Cati.-Continuó
Pedro.
Se encaminaron hacia la casa indicada por Pedro, Cati delante, Marta los
miraba como se alejaban. Cuando habían andado unos metros, nuestra amiga observó
como Pedro sacaba algo del bolsillo y con un movimiento rápido lo empujó hacia
los riñones de Cati, esta volvió la cabeza, con una expresión, mezcla de
rabia y de sorpresa, entonces fue cuando Marta se dio cuenta de lo que había
sacado Pedro del bolsillo, era un puñal; aun lo empujó un poco mas en el
cuerpo de la muchacha y le dio algunas vueltas, por fin el cuerpo de la víctima
se fue deslizando, a Marta le pareció que muy lentamente, hasta quedar tendida
en el suelo y después de unos rápidos movimientos de pies y manos, quedó rígida
y una mancha de sangre fue extendiéndose por debajo del cuerpo tumbado.
De pronto, Marta, sintió una manos que la cogían por los hombros, se
sobresaltó miró y era Pedro que la empujaba hacia el interior del coche,
haciendo que se sentara en el; después el subió por la otra puerta, se limpió
las manos con un pañuelo y puso en vehículo en marcha.
·.Ella
era la delatora.-Dijo, lacónicamente, Pedro.
Marta rompió a llorar, pero sin isterismo, serenamente, cuando su
angustia se le hubo calmado, preguntó.
·.¿Estás
seguro?.
·.Estamos
seguros.-Rectificó Pedro y continuó.-De no haber cambiado nuestra dirección,
si hubiéramos llegado donde al principio nos dirigíamos, nos hubieran estado
esperando la policía.
El trafico había descendido en intensidad, no solo por ser algo mas
tarde, sino también por el tiempo, había refrescado y lo desapacible del
ambiente no invitaba al paseo. Después de recorrer buena parte del Gueto, Pedro
metió el coche en una callejuela; con gestos indicó a Marta que se aperara y
sacando un extraño aparato, que tenia forma de pistola, roció el interior del
coche con un liquido que desprendía un fuerte olor.
·.Es
para borrar la huellas.-La dijo Pedro al bajar, del vehiculo.-vamonos, lo
dejaremos aquí abandonado.
·.¿Entonces,
estaba todo planeado para eliminar a Cati?, ¿Esa era la misión de hoy? y ¿era
necesario que yo estuviera presente?.-Las preguntas de Marta eran, casi, como un
reproche.
·.Si
y no creas que te he llevado para que aprendieras nada, pero si no hubieras
venido, Cati habría sospechado, porque tu eres mi compañera; aunque según
tengo entendido pronto dejaras de serlo, porque te van a dejar actuar solo
dentro de poco, creen y yo también, que estás suficientemente preparada.
Marta asintió, sin pronunciar palabra; sentía en su interior una gran
satisfacción, aunque también cierto temor; se tenía que enfrentar a una
realidad, sin apoyo, era la primera vez en su vida, que tendría que tomar
decisiones, que tendría que tener iniciativa.
Después de coger un par de autobuses, llegaron cerca del bar en el que
Marta había tomado contacto, por primera vez, con la organización. Entraron,
alrededor de una de las mesas se encontraban sentados las mismos que había
conocido aquel día, pero esta vez estaba Eduardo y naturalmente faltaba Cati.
Saludaron a todos y Ramiro preguntó.
·.¿Todo
ha salido bien?.
·.Si.-
Contestó Pedro.-Todo acabó
Durante unos segundos, todos quedaron en silencio, no era la primera vez
que se enfrentaban a la muerte de un compañero, pero esta vez habían sido
ellos los que la habían provocado; si justificadamente, pero se daban cuenta de
que esto no resultaba un consuelo; pasados estos cortos segundos la conversación
se generalizó, como si todos quisieran, lo antes posible, olvidar lo ocurrido.
·.Santiago
quiere verte.-Dijo Ramiro dirigiéndose a Marta.
·.¿El
jefazo?.-Preguntó esta, con visibles muestras de alegría, pues sabía lo que
la quería comunicar.
·.Si,
mañana te llevaremos Pedro y yo, supongo que estarás al corriente de lo que te
quiere decir.
·.Si.-Dijo
lacónicamente la aludida, de su boca no podían salir mas palabras, un nudo que
tenia en la garganta se lo impedía; al mismo tiempo que respondía cogió la
mano de Eduardo y lo miraba con ternura.
·.Bien,
será mejor que nos marchemos, aunque aquí estamos seguros, pero es mejor que
no tentemos a la suerte.-Esta vez era Pedro el que hablaba.-Ya sabes Marta, mañana
aquí a las cinco.
·.No
faltaré, te lo aseguro.-Contestó con rotundidad.
Al día siguiente, a la hora señalada, los tres muchachos, Marta, Ramiro
y Pedro, subieron en un autobús; en una dirección que a Marta la resultaba
completamente desconocida. Empleaban este medio de locomoción porque la
organización había descubierto que el uso de coches resultaba altamente
peligroso, debido a los frecuentes controles que la policía hacia por todo el
Gueto. Llegaron a una zona en la que se asentaban grandes edificios, todos
ellos dedicados a oficinas y despachos de abogados y todo tipo de profesionales
liberales. Era la hora de salida de estos centros de trabajo, lo que hacía que
los alrededores estuvieran llenos de gente que, frenéticamente, trataban de
alcanzar, los autobuses que circulaban con dificultad entre la maraña de coches
que salían de los aparcamientos de aquellos edificios.
Se adentraron por una calle lateral, estrecha pero limpia sin
desperdicios y con muy buena iluminación; se pararon ante una puerta, pequeña,
de hierro y Ramiro llamó al timbre, la puerta se abrió sola sin que al parecer
nadie la empujara, entraron, era un vestíbulo pequeño, iluminado con una luz
roja. Ramiro detuvo a Marta cogiéndola por un brazo, Pedro cerró la puerta.
·.Perdona,
pero tenemos que vendarte los ojos.-Dijo el primero.
Marta no respondió y se dejó hacer, mientras Pedro cubría sus ojos con
una tela negra. Se sintió suavemente, empujada en una dirección que no podía
determinar; a ella la parecía que caminaban por un larga pasillo y poco después
se detuvieron, escuchó como se cerraban unas puertas y pudo notar que se
elevaba en un rápido y silencioso ascensor, después de un corto recorrido y de
sentir como se abrían las puertas, volvieron a conducirla por lo que a ella la
pareció otro largo pasillo, aunque con los ojos tapados no podía determinar la
longitud de este; llamaron a una puerta, de una manera especial, la pereció que
era una contraseña, entraron, y de pronto no notó a nadie a su alrededor, como
si fuera la única habitante del mundo, ese era la sensación que tenía;
alguien empezó a quitarle la venda; cuando sus ojos se acostumbraron a la luz,
se encontró en medio de un despacho, una habitación grande y suntuosamente
amueblada y decorada, dio media vuelta y se encontró cara a cara con el.
Era un hombre de mediana edad, delgado, mas bien bajo, con una expresión
en su cara agradable, simpática.
·.Hola
Marta.-Dijo con una voz demasiado profunda, considerando el fisico que tenía.-Perdona
lo de la venda, no es imprescindible, pero le da a todo una apariencia mucho mas
interesante.
Marta no respondió, estaba muy impresionada por lo lujoso del ambiente
que la rodeaba.
·.Sientaté.-Dijo
Santiago, pues era el, señalando un rincón del despacho, en el que había un
tresillo y una mesita de centro; Marta fue hacia el sitio que la había indicado
su anfitrión, mirando, al mismo tiempo, la enorme mesa de despacho que, parecía,
extenderse delante de la ventana.
·.No
quiero que nuestro primer encuentro sea demasiado oficial.-Decía Santiago
mientras caminaba detrás de la joven.
Se sentaron, alguien golpeó la puerta, al mismo tiempo que esta se abría
y entraba una joven, de aspecto atractivo, que transportaba en sus manos una
bandeja con un sevicio de café y unas pastas y que depositó en la mesa que tenían
delante.
·.¿Desea
alguna cosa mas, D. Santiago?.-Preguntó la joven, mirando, de reojo, a Marta,
mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa sarcástica.
·.No,
nada, que no me molesten hasta que yo avise.
La joven se retiró, Santiago sirvió el café y ofreció una taza a
Marta, ella lo cogió aun con la sorpresa reflejada en su rostro;
había pensado que todo aquello sería muy diferente, una habitación
oscura, sin ventanas, en fin algo diferente. Como si hubiera adivinado sus
pensamientos, Santiago la dijo.
·.Sé
lo que estás pensando, crees que lo que estas viendo no se ajusta a lo que tu
esperabas; bien esto es porque has que has tenido una mala información; si
estubieramos ocultos, si nuestra sede fuera tenebrosa, enseguida nos haríamos
sospechosos y pronto nos habrían detenido y nuestra organización
desarticulada; con esta apariencia, a los ojos de los demás, parece una de
tantas compañías que operan en este area, instaladas en estos edificios, de
hecho nos dedicamos a asesorar a capitalistas para que inviertan, mejor, su
dinero, ¿lo entiendes ahora?.
·.Si,
es como tu has dicho, que estaba mal informada.-Contestó Marta, al mismo
tiempo que suspiraba, como si la aclaración de su jefe la hubiera quitado un
paso de encima.
·.Bien,
entonces vamos con lo que te ha traído aquí, aunque creo que ya lo sabes,
quiero decírtelo con mis propias palabras.
·.Mas
que saberlo lo supongo.-Contestó Marta.
·.De
ahora en adelante, trabajaras sola.-Continuó Santiago, como si no hubiera oído
el comentario de la muchacha.-De momento, en asuntos de poco riesgo, pero sola,
esto es importante, no todos lo consiguen.
·.Lo
sé y te agradezco que te hayas fijado en mí.
·.Se
debe a que eres competente, muy competente.-Recalcó Santiago.-Te he estado
vigilando durante todo tu aprendizaje y siempre me han mantenido informado de
tus progresos y me he quedado asombrado de lo deprisa que has aprendido, pero
ten cuidado no te confíes.
·.No
te preocupes si me descubren, no será por descuido ni por excesiva confianza.
·.Bien,
como te decía de momento serán misiones de poco riesgo, entrega de ayudas,
ropa, comida y las octavillas, mas adelante se te encargaran otras misiones mas
importantes, aunque también mas arriesgadas.
·.Te
aseguro que todas ellas las realizaré, con el mismo entusiasmo.
·.Lo
sé, eres una muchacha valerosa, inteligente y desde luego muy guapa.-Dijo
Santiago, acercándose un poco mas a ella y cogiéndola de la mano.
Marta aunque sintió como un escalofrío de rechazo recorría su cuerpo,
se dejó hacer, no quería parecer demasiado remilgada, a los ojos de su jefe;
en aquellos momentos, pensaba que en el mundo de la clandestinidad tendría que
tener las ideas mas abiertas; además el, no tenía porqué saber, que después
de lo que la había ocurrido en el BARRIO, no podía soportar a ningún hombre
que no fuera Eduardo.
·.Marta.-Empezó
a decir Santiago, con tono solemne.-Desde el momento en que ingresaste en la
organización, me he fijado en ti, he seguido tu evolución, tanto en lo que se
refiere a tu eficacia, como a tu forma de pensar y puedo asegurarte que eres de
lo mejor que hemos reclutado, en mucho tiempo; pero me ha ocurrido, que al estar
tan pendiente de ti y observar esos valores que tienes, me he enamorado de ti,
no me interrumpas, fíjate que te lo estoy diciendo sin apasionamiento, fríamente,
no quiero sobresaltarte, conozco tu problema, en lo que respecto a los hombres;
como veras estoy informado de todo y creemé respeto tus sentimientos, solo he
querido que sepas lo que siento por ti y si alguna vez consigues superar tu
sentimiento de rechazo hacia los hombres, espero tener alguna esperanza de
conquistar tu corazón.
Marta rompió a llorar, esperaba que Santiago la hubiera propuesto, casi
impuesto la condición de acostarse con el, pero en cambio había encontrado un
hombre comprensivo, generoso y desde luego, si como la había dicho, lograba
superar ese sentimiento de rechazo que sentía por los hombres a partir del día
que fue violada, Santiago seria en primero en saberlo y así se lo dijo, entre
sollozos que el trataba de calmar acariciando las manos de Marta.
·.Bien
calmaté.-Continuo Santiago.-Ahora marcharté, por mediación de Pedro empezaras
a recibir las primeras consignas, mas adelantes las recibirás directamente de
mi.
·.Gracias,
gracias por todo.-Y se fue hacia la puerta y sin siquiera volver la cabeza, salió
de la habitación.
Poco después de que saliera Marta, entró la secretaria, fue hacia la
mesita y se puso a recoger el servicio de café, mientras lo hacia preguntó a
su jefe, que seguía mirando a la puerta por la que había salido Marta.
·.¿Que
tal la estrategia? ¿Dará resultado?.
·.Creo
que si.-Contestó Santiago, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa
diabolica.-Ha quedado gratamente impresionada.
La secretaria, una vez concluido su trabajo, salió del despacho, con la
misma expresión que tenia su jefe, en aquellos momentos.
Una vez pasado el tramite, de su entrevista con Santiago y pocos días
después, nuestra heroína, empezó a realizar sus primeros trabajos sola; estos
empezaron por ser el de llevar ropa y comida a los mas necesitados y dentro de
los paquetes se incluían octavillas y en algunas ocasiones cintas de casetes
con charlas grabadas, con las que se quería explicar los fines de la organización.
Cierto día que Marta se encontraba en una de estas misiones, que para
ella se habían convertido en algo rutinario, entró en una de las casas que
acostumbraba a visitar; en uno de los pisos vivía una viuda y sus tres hijos;
subió, hizo la entrega y después de despedirse de la agradecida mujer, salió
cerrando la puerta tras de sí, no había dado dos pasos en dirección a la
escalera, cuando pisó un objeto que alguien había dejado en el descansillo,
seguramente algún juguete de un niño, sintió un dolor muy fuerte en el
tobillo, se agachó para tocarse la pierna, intentó andar y el fuerte dolor se
lo impidió, no se atrevía a bajar la escalera sola por temor a caerse,
entonces decidió volver al piso y pedir que la señora la ayudara, con infinito
trabajo, dio los pocos pasos que la separaban de la puerta, levantó la mano
para pulsar el timbre y en ese momento pudo oír la voz de la viuda que decía.
·.“¿Ha
salido ya la señorita¿”.
·.No,
aun no, mama.-Contestó la voz de un niño-
·.En
cuanto la veas salir, baja esos papeles al cuarto trastero, al montón que
tenemos para vender y la ropa a la señora del cuarto, que hace unos días me la
pagó.-Volvió a oír la voz de la madre.
·.La
cinta la quiero yo para grabar un disco.-Dijo otra voz, esta vez perteneciente a
una niña, que se notaba mas crecida, que el dueño de la primera.
Marta se quedó con la mano extendida, sin llegar a pulsar el timbre;
sentimientos contradictorios recorrian su pecho, de rabia, de indignación, pero
también, en el fondo de su corazón se encendía una lucecita de comprensión;
poco a poco, bajó la mano; con mucha dificultad, por el dolor que sentía en el
tobillo, fue bajando la escalera, llegó al portal, salió a la calle y sintió,
en su espalda la mirada del niño que vigilaba su salida. Arrastrando el pié
logró llegar a la parada del autobús y sin
atreverse a volver la cabeza, subió a
dicho autobús; abrumada, no solo por el dolor, sino también, por las palabras
que había escuchado.
Este incidente del tobillo, la retuvo en casa varios días; sentada en un
sillón del cuarto de estar, leía y pensaba en su nueva vida y cada vez con mas
frecuencia en el incidente de la familia a la que se había dedicado a socorrer,
las palabras que había escuchado a través de la puerta, la tenían
obsesionada; ¿cuantos harían lo mismo?, quizá todos; toleraban a los miembros
de la organización, por las cosas que recibían, pero los mensajes no les
importaban nada y trataban de sacar el máximo provecho de las entregas.
Los días de curación se le hacían largos y tediosos, solo la lectura
la entretenía lo suficiente. Aquel día estaba sola en casa, después de
arreglarse, tomó la decisión de bajar la escalera, esta vez sin ayuda, para
instalarse, como hacia siempre en el cuarto de estar. Cuando estaba a mitad de
camino, el ruido de la puerta de entrada hizo que se quedara parada en mitad de
la escalera, sus padre la habían dicho que no bajara sola y no quería
contradecirlos. Por el rumor de las voces se dio cuenta de que era su padre y
algún hombre que lo acompañaba, pudo oír como su padre decía.
·.Pasa
estamos solos, Marta está en su habitación, no puede bajar sola debido a la
lesión del tobillo, así que no podrá escucharnos, en la sala de estar
podremos hablar con libertad.
Cuando ambos hombres, hubieron entrado en dicho cuarto, Marta terminó de
bajar, procurando no hacer ruido y se encendió en un hueco que había al final
de la escalera; desde aquí podría oír todo lo que dijeran; la había
intrigado el misterio con el que se había comportado su padre.
·.Sientaté
y dime lo que has averiguado.-Decía su padre en ese momento.
·.Bueno,
de momento no tengo nada concreto, desde luego el muchacho es un huido, pero aun
no sé si pertenece a la organización o no.
·.Me
lo figuraba, me lo figuraba.-Decia el padre.- En cuanto lo sepas dimeló.
·.Pero
fijaté que quizá este asunto salpique a tu hija.-Contestó el desconocido, que
tenia una voz ronca y desagradable.
·.Siempre
se puede decir que ella no sabia nada, que estaba tan engañada como nosotros.
·.Eso
será difícil, el investigador la ha visto salir de casa del chico.
·.Pero
eso no prueba nada, pudo haber salido de su casa y no enterarse de las
actividades de el.
·.¿Después
de pasar la noche con el sospechoso?, lo dudo y las “altas esferas” lo dudarán
aun mas que yó.-Contetó el desconocido, con sorna.
Ambos quedaron en silencio, Marta podía oír los pasos de alguien que
paseaba por la habitación, seguramente su padre y al cabo de un rato de
silencio, este preguntó.
·.¿Y
que sugieres que haga?.
·.Es
difícil de decir, la investigación está en marcha y no solo por mí, la mía
se puede tapar, pero hay otros interesados, el es un huido de hace mucho tiempo
y los jefazos se están, fijando, demasiado, en el. En fin resumiendo, te
sugiero, que si se descubre, lo denuncies tú, antes de que la detengan.
·.Yo
no podría hacer eso a mi propia hija, por el no me importa, pero ella es
nuestra única hija, no, no podría.
·.Pues
creemé, no quiero asustarte, pero las consecuencias, que tendríais vosotros
serian terribles, ya conoces sus métodos, el ordenador central lo conoce todo,
en fin no quiero forzarte; yo en cuanto sepa algo te lo diré y con tiempo para
que puedas decidir, pero no lo dudes mucho, en cuanto se descubra, todo se
desarrollará muy deprisa.
·.Tienes
razón, tienes razón, tengo que pensarlo sin apasionamiento.-Dijo su padre, con
tono dubitativo.
Precisamente el tono de su voz, fue lo que hizo que Marta sintiera un
escalofrío, ¿seria capaz de denunciarla?; empezaba a dudar.
·.Tengo
que marcharme.-Dijo el desconocido y Marta escuchó el ruido del sillón cuando
se levantó.
·.Tenme
al corriente y muchas gracias por todo, te acompañaré a la puerta.
Salieron ambos, Marta se acurrucó en el hueco de la escalera, escuchó
la puerta y como los dos hombres se despedían; después de cerrar, su padre se
encaminó hacia el cuarto de estar, se sentó y cojiendose la cabeza con ambas
manos se quedó mirando el vacío.
Marta, muy despacio, subió a su habitación; tenía que trazar un plan.
Pero al margen de Eduardo, este era demasiado pesimista, demasiado asustadizo,
enseguida empezaría por decir que era mejor entragarse. Ella sabía que si los
expulsaban en este momento, no sobrevivirían. Para poder sobrevivir en el
BARRIO se necesitaban dos cosas; poder y fuerza física, ninguna de ellas eran
patrimonio ni de Marta no de Eduardo. Se quedó pensativa, mirando por la
ventana de su habitación; de pronto tubo una idea, fue como un fogonazo, creía
tener la solución, al día siguiente empezaría a poner en practica su plan.
A la mañana siguiente y después de desayunar en su habitación, como
tenia por costumbre, desde que se había torcido el tobillo; se vistió con ropa
de calle, tomó dos calmantes y cuando el dolor se hizo soportable, bajó al
vestíbulo; la casa estaba desierta, la habían dejado sola, como ocurría todas
las mañanas; dejó una nota en la mesita que había debajo del perchero y poniéndose
el abrigo, salió a la calle. Subió al autobús que la conducía al bar donde
se reunía la organización y en
poco tiempo llegó a su destino. Miró la fachada, la había echado de menos en
aquellos días interminables, en que su lesión, la había mantenido
inmovilizada en su casa. Entró con paso decidido; en el bar
solo estaban Pedro y Eduardo, este fue quien la vio primero.
·.Marta,
cariño, ¿como has salido tan pronto?, no puede ser que tengas el tobillo
curado y una recaída puede retrasar mucho la curación.-La dijo este, a modo de
saludo.
·.Hola,.-Saludó
Marta, besando a Eduardo mientras
hacia un gesto con la mano a Pedro.-Estoy mucho mejor, fijaros puedo andar sin
bastón, además en casa me aburría.
·.Bueno,
siéntate, no sea que empeores por estar tanto tiempo de pié.-Dijo Pedro.
·.Quiero
empezar, pero enseguida y si puede ser con la misma familia que atendí el día
que me torcí el tobillo, quiero tranquilizarlos y que vean que no ha sido nada
serio.-Mintió Marta, diciendo todo esto de carrerilla, como si la faltara tiempo.
·.Pues
precisamente a esa familia tenemos que llevarla un paquete, parece que han
tenido que socorrer a otros y se les ha terminado todo lo que tenían del que
les llevaste tú.-Dijo Eduardo.
Socorrer a otros, menudos sinvergüenzas, pensó Marta, mientras se
acariciaba el tobillo.
·.¿Te
duele?.-Preguntó Eduardo.
·.!No!,
era solo un movimiento reflejo; no te preocupes estoy bien.-Contestó Marta,
sobresaltándose, al salir de sus pensamientos por la observación de Eduardo.
·.Pues
si quieres puedes llevarlo tú.-Dijo Pedro.-En realidad teníamos problemas,
pues como era fuera de programa, no sabíamos a quién mandar; mira aquí lo
tengo, pero ten cuidado tiene cintas, las han pedido en lugar de las octavillas,
se nota que son gente que han tomado conciencia enseguida.
“Si si conciencia, conciencia de gravar canciones en ellas y vendérselas
a sus amistades”.-Se dijo Marta para si misma.
·.Ten
cuidado cariño.-Dijo Eduardo.-Ultimamente no he querido ir por tu casa porque
me siento vigilado, no sé si serán imaginaciones mías.
·.Lo
tendré, en cuanto a lo de la vigilancia a la que crees que estás sometido,
seguramente será lo que tu has dicho, imaginaciones. No os preocupéis yo se
despìstarlos, dame un beso Eduardo.-Besó a Eduardo y despidiéndose de Pedro
con un gesto, salió del bar, cojeando ligeramente.
Después de tomar todas las precauciones que la habían enseñado; llegó
a la casa donde la familia que conocía y que esperaba el paquete. La miró;
aquellas paredes la traían desagradables recuerdos, pero la habían servido
para conocer lo que el destino la tenía reservado y por lo tanto tener tiempo
para prepararse y poder hacerle frente. Subió las escaleras, llamó a la
puerta, unos pasos se acercaron, corrieron los cerrojos y se abrió la puerta,
era la dueña de la casa.
·.!Pero
si es la señorita!, que alegría, no habían dicho que se había accidentado a
la puerta de nuestra casa, que disgusto, pero pase no se quede en la
puerta.-Dijo la mujer, apartándose para dejarla pasar y dando al mismo tiempo,
muestras de una gran alegría.
Marta, sin decir nada, entró, la dueña de la casa cerró la puerta.
·.Pase
a la sala, toda la familia está en casa.-Continuó la anfitriona.
Cuando Marta entró en la habitación que la habían indicado, todos los
reunidos la miraron con cara expectante; en sus miradas se podía leer la
impaciencia con la que esperaban, el paquete, que Marta debía traer.
·.¿Nos
trae el paquete señorita?, creamé estamos muy necesitados, el ultimo tuvimos
que compartirlo con otra familia.-Dijo la mujer con voz quejumbrosa.
·.Si
lo traigo.-Dijo Marta lacónicamente.
Todos miraron sus manos vacías, con ojos interrogantes.
·.Pero
no lo tengo aquí, sino escondido en la calle, en un lugar seguro.
·.¿Por
que?.-Preguntó uno de los hijos, un muchacho de, aproximadamente, 14 años y
de mirada aviesa.
·.Porque
vamos a hacer negocios todos, no solo vosotros.-Contestó Marta con determinación
y un punto de desafío en la voz.
El chico que había preguntado, se levantó y sacando una navaja, dijo a
Marta, con voz amenazadora.
·.Ahora
mismo nos va a decir donde está, porque si no la rajo.
·.No,
tu no harás nada, alguien tiene una nota y
si en un determinado tiempo no salgo de aquí, sana y salva, será entregada a
la policía central denunciando todo vuestro trapicheo y sabéis lo que esto
supone, el desahucio, la expulsión etc. etc.-Continuó Marta enumerando todo un
rosario de calamidades; todo dicho con tal decisión, que consiguió parar la
primera embestida del enfurecido muchacho.
·.Pero
aquí la policía no encontrará nada.-Contestó la madre con gesto altanero.-Así
que usted tendría que demostrar, que nosotros recibimos paquetes de la
organización.
·.Creo
que en el sótano, encontrarían lo suficiente, como para que yo no tuviera que
demostrar nada.
En la habitación se produjo un silencio pesado, todos quedaron como
petrificados; parecía como si hubiera caído una capa de hielo sobre la
familia. En la calle empezaba a llover, las gotas de agua sonaban al golpear en
los cristales de las ventanas. La madre temblaba de pies a cabeza, sabía que en
el sótano había pruebas suficientes para expulsarlos a todos y por la peor
zona.
·.Está
bien, ¿que es lo que quiere?.-Preguntó; después de sopesar las consecuencias
que tendría, para toda la familia, una negativa a negociar.
·.Así
está mejor.-Contestó Marta, con una sonrisa de triunfo.-Yo puedo
proporcionaros todos los paquetes que queráis, vosotros los vendéis y las
ganancias las repartimos a 50%.
·.Muy
bien.-Contestó la madre, después de una vacilación,. que mas parecía una táctica
que una duda real; el resto de la familia parecía haberse quedado muda.-Lo peor
es lo del dinero; no nos pagan de una vez, lo hacen poco a poco; en fin como
pueden.
·.!No!.-Dijo
Marta con energía.-No solo al contado, sino en el momento; pagareis en el
momento en que traiga el paquete y además seré yo quien lo valore, ¿de
acuerdo?.
·.De
acuerdo, lo que usted diga.-Contestó su interlocutora, con voz aterrorizada.
·.Bien
ahora me marcho, pronto sabréis de mi; tener dinero siempre disponible en casa,
me presentaré sin avisar y quiero el dinero en el momento; porque sino además
de no dejar el paquete, puede haber denuncía.-Y dando media vuelta, salió de
la casa, dando un portazo.
El efecto de los calmantes, empezaba a dejar de hacer efecto, notó que
el tobillo la dolía bastante; así que después de recoger el paquete que había
escondido, antes de entrar, empezó a bajar la escalera con mucha precaución,
no quería que un pequeño tropiezo, volviera a inmovilizarla en su casa; así
que con todas estas precauciones, no se percató, al llegar al portal, de que
una persona se escondía en la penumbra del hueco que quedaba debajo de la
escalera y cuando Marta pasó cerca; el hijo de la dueña de casa en la que había
estado, pues no era otro que el que se había enfrentado con ella, se le puso
delante y amenazándola con la misma navaja la dijo.
·.Eres
una hija de puta, no creas que te vas a ir así por las buenas.
·.Sabes
que si me pasa algo, la denuncía llegará a la policía.
.No lo creo, eso es un farol, en casa no he querido decir nada, porque mi
madre se atemoriza enseguida.-Y justo al terminar de decir aquella frase, se
abalanzó sobre Marta, con la navaja por delante; la sorprendida muchacha, con
un movimiento reflejo, se apartó a un lado; en el impulso el chico, clavó su
arma en el panel de madera que cubría la pared de enfrente a el. Marta, al
mismo tiempo que se apartaba, dio un golpe en la cabeza de su enemigo, con el
paquete que tenía en la mano, el atacante quedó tendido en el suelo sin
moverse, con precaución, nuestra heroina, se agachó y empezó a registrar el
cuerpo del caído. Del bolsillo interior de su raída chaqueta, sacó unos
papeles, los ojeó y con una sonrisa que denotaba su satisfacción, se dijo para
sí misma, “son las direcciones de los compradores, el chico debía de ser el
que se dedicaba a coordinar toda la operación”. Desclavó la navaja de la
pared y se agachó sobre el cuerpo tendido;”lo remataré” pensó, levantando
el brazo y en ese momento la sobrevino una nausea, no podía, no tenía valor;
tiró la navaja lejos y con los documentos y el paquete, salió a la calle todo
lo deprisa que sus pié la permitía. En su prisa por abandonar, lo antes
posible el portal, no se fijó que un reguero de sangre manaba por debajo de la
cabeza del chico que estaba tendido en el suelo.
Caminó por varias calles, sin un rumbo determinado, solo quería poner
tierra por medio. Al cabo del rato y con la imagen, dentro de su cabeza, de todo
lo que la había ocurrido, se paró delante de una cabina de teléfonos, entró
y después de descolgar el aparato, marcó el numero de la policía. La lluvia,
una lluvia fina, continuaba cayendo, dejando todo, suelo, paredes, todo,
empapado, pues aquella lluvia mas que caer parecía flotar en el ambiente; así
que Marta, después de salir de la cabina, quedó sumergida en este ambiente de
humedad, al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios. La expulsión
estaba servida y que fácil era, como matar a alguien apretando un botón a
distancia; ahora no la extrañaba que se denunciaran a tantas personas y al
llegar a este ultimo pensamiento, se estremeció, su padre apareció en su
pensamiento, seguramente a el también le resultaría fácil denunciarla.
Los días siguientes, fueron para Marta, de una febril actividad. Hizo
contacto con los compradores y después de explicarles que desde aquel momento,
era ella la encargada de vender. Hizo de aquel comercio, por llamarlo de alguna
manera, una actividad muy lucrativa; en poco tiempo consiguió una considerable
cantidad de dinero, que escondía en una caja metálica, que tenía enterrada en
el jardín de su casa.
Pero aun no estaba satisfecha, sabía que en el BARRIO, no solo hacia
falta dinero; necesitaba tener preparación física. Desde luego esta preparación,
con dinero, podía conseguirlo en cualquier gimnasio, pero también necesitaba
armas y aprender a manejarlas y para conseguir esto ultimo, solo se le ocurría
una sola persona, Santiago y también sabía que este la deseaba, así que llegó
a la conclusión que ese era el único camino para conseguirlo. Pero no se decidí;
aun no había superado lo ocurrido en el BARRIO y esto era lo que la impedía
tomar aquella decisión. Por este motivo tuvieron que pasar varios días; y solo
después de sorprender una conversación telefónica de su padre, con los
investigadores de su caso, en la que le comunicaban que todo se haría publico
en pocos días; se decidió a hacer una visita a Santiago.
Llegó a el vestíbulo del edificio, y subió con una desafiante,
determinación, al llegar a la oficina y después de dar los buenos días a la
secretaria la dijo, con voz
desafiante.
·.¿Puedo
pasar a ver a Santiago?, no tengo cita.
·.No
importa, tengo orden de dejarla pasar en el momento en que viniera.-Contestó la
joven, con una amplia sonrisa.-Espere un momento que le avise.
Se puso en pié y entró en el despacho, poco tiempo después salió
indicando a Marta que podía pasar.
Desde la puerta, nuestra amiga, vio que Santiago estaba sentado en el sofá,
Marta se sonrojó, sabia lo que esto significaba, se acordó de la conversación
telefónica de su padre, para darse ánimos.
·.Hola,
me alegro de que hayas venido, hacia varios días que te esperaba. La dijo
Santiago con voz suave, aunque su rostro permanecía serio.
Hola.- Contestó, lacónicamente Marta, quedándose parada en medio de la
habitación, tratándose de dar ánimos para dar el paso final.
·.Sientaté.-
La dijo Santiago, señalandola el sofá.
Después de que Marta se hubo sentado, Santiago continuó.
·.Te
decía que me alegro de que estés aquí, si no hubieras venido, te habría
mandado llamar.
Marta lo miró extrañada; el pacto era que aquel paso lo darían cuando
ella se decidiera y los encargos lo recibiría por un intermediario.
·.Marta.-
Vacilo Santiago y por fin terminó.- Has sido denunciada.
·.¿Denunciada?,¿por
que?.- Preguntó la muchacha, fingiendo sorpresa, al mismo tiempo que el terror
se apoderaba de ella, al acordarse de Cati.
·.Ejem,
veras.-Volvió a vacilar Santiago.- Alguien te ha denunciado por vender paquetes
y quedarte con el dinero, este acto, en fin, no quiero asustarte, pero tiene una
pena grave.- Dijo Santiago con una entonación macabra en la voz.
Marta estaba muy asustada, en aquel momento se hubiera puesto a llorar;
pero consiguió dominarse, a duras penas, pero lo consiguió y con energía,
aunque fingiendo humildad, dijo.
·.Si,
tienes razón, pero te aseguro que puedo explicarlo, tengo mis razones y si
estas no hubieran sido tan poderosas, nunca lo habría hecho.-Recalcó sus pslabras
con gestos, como el de retorcerse las manos al mismo tiempo que hablaba, en
parte porque estaba muerta de miedo y también para enternecer a Santiago, que
la miraba con gesto serio, aunque no agresivo.
·.Cuenta
Marta, desde que me enteré de todo este asunto, pensé que tendrías poderosas
razones y que no lo hacías, solo por afán de lucro.
Con un relato sencillo, per al mismo tiempo, dramatizando, en los pasajes
en los que notaba, que Santiago se mostraba mas sensible. La chica, contó todo
el episodio desde el día en que se enteró que seria expulsada, después de ser
denunciada por su propio padre y justificando para que quería el dinero, que
ilegalmente, conseguía. Cuando la muchacha estaba a punto de acabar su
relato, un sollozo, truncó su voz, bajando la cabeza, avergonzada de su
debilidad. Santiago no pudo mas, dejando a un lado su papel de jefe severo, cogió
una mano de marta y con la otra levantó su cabeza.
·.Lo
entiendo, sabia que tendrías unas razones muy poderosas para hacer lo que
estabas haciendo.- Dijo mirando, con ternura, la cara y los ojos llenos de
lagrimas de la chica. Esta se dio cuenta de que aquella era una ocasión de oro
para conseguir lo que quería , sin forzarlo, levantó un poco mas la cabeza y
la adelantó hacia el hombre; este no pudo resistirlo y sin decir ni una
palabra, la besó, un largo beso, que a Marta la pareció que duraba una
eternidad, al mismo tiempo que sentía como las manos de Santiago, empezaban a
recorrer su cuerpo. Fue como una sacudida eléctrica, una gran repulsión se
apoderó de su estómago, pero sabia que aquello era su salvación; tenía que
fingir y además hacerlo bien, que el creyera que era cierto lo que ella fingía
sentir. Entonces hizo un esfuerzo, cerró lo ojos y pensó en Eduardo, así,
poco a poco, de razonamiento en razonamiento, fue consiguiendo vencer su
complejo y cuando los dos cuerpos se juntaron en el sofá, Marta gozó
plenamente del otro hombre que no era Eduardo y ella lo sabía.
Aun le duraba a Santiago el vértigo de lo que había ocurrido, cuando
empezó a decir.
·.Si,
se que te expulsarán y comprendo que necesites dinero, para cuando llegue el
momento, aunque de ahora en adelante, no tendrás que vender paquetes, yo te lo
daré; pero necesitas otras cosas, armas, preparación para usarlas y lo que es
mas importante, información, contactos en el BARRIO.
·.Gracias.-
Dijo Marta, besando a Santiago, sin pedir nada, estaba consiguiendo todo la que
había venido a buscar.
·.Tenemos
que hacer planes muy concretos; no quisiera decirte esto, pero tu expulsión no
tardará mucho en producirse, pero no te preocupes.- Dijo con energía Santiago,
al ver la cara de terror que se la había puesto a Marta.- Nos dará tiempo para
prepararte; lo que siento es el tiempo que estemos separados.
·.Yo
también lo siento.- Dijo Marta, fingiendo mas ternura de la que en realidad
sentía, pues para ella, pasado el momento, no había quedado ningún
sentimiento hacia aquel hombre.- Pero lo que no entiendo es porque dices lo del
tiempo que estemos separados, del BARRIO no se vuelve.
·.No
te preocupes, tu no estarás demasiado tiempo, yo me encargaré de ello.
·.¿Me
traerás clandestinamente?.
·.No,
vendrás con todos los honores; pero no adelantemos acontecimientos, lo
primero es adiestrarte, veras..................
De esta forma, aparentemente, casual Marta consiguió lo que se había
propuesto. Durante los días que siguieron a los acontecimientos descritos, todo
fue actividad para nuestra heroína. Sesiones en un gimnasio, en galerías de
tiro, etc. Hizo media docena de excursiones al BARRIO; siempre acompañada por
varios guardaespaldas, que Marta pensó que eran hombres de la organización y
quiso indagar, preguntandoles a ellos directamente, pero a pesar de sus
esfuerzos e insistencia, nunca pudo sacarles una sola palabra, que no fueran las
necesarias para adiestrarla de como tenía que comportarse y actuar en el sitio
que se encontraba, dentro de aquel antro que muy pronto sería su hogar. También
la explicaron las diferentes zonas en que, tácitamente, se había dividido el
BARRIO, por sus habitantes y como eran estos, para que supiera con lo que tendría
que enfrentarse en el futuro. De esta forma, pudo enterarse, que los
merodeadores, se encontraban en cualquier parte del BARRIO y el resto de los
grupos, a saber; los caníbales, los cortadores de cabezas, los drogadictos y
alcohólicos. Cada uno ocupaba su zona, claro que los mas agresivos, como eran
los caníbales y los cortadores de cabezas, hacían incursiones en las zonas
ajenas, cuando los víveres faltaban en la suya; los drogadictos tenían su zona
entre los otros dos grupos y actuaban, en realidad, como un colchón de
seguridad para ambos. Había otro grupo; al que llamaban los decentes y se les
conocía por este nombre, porque realizaban trabajos, por ejemplo, de
camareros, descargadores, dependientes de las pocas tiendas que había, etc.,
estos individuos no habitaban las casa, sino que en una zona del campo, se habían
construido chabolas y sus condiciones de vida, siempre comparándolas con los
otros habitantes del BARRIO, era miserable; pero había un acuerdo entre los
grupos mas violentos, para no molestarlos ni matarlos, los necesitaban vivos,
para que realizaran los trabajos que ellos no querían llevar a cabo. Aun así,
de vez en cuando, sufrían algún ataque de los merodeadores, que era el grupo
menos controlado, aunque también los menos crueles.
De esta forma, Marta, se fue familiarizando con el sitio donde, en el
futuro, tendría que vivir; al menos durante una larga temporada. Su forma física
era muy buena, sabía defensa personal y era una alumna aventajada en el manejo
de las armas. Entre las que la dieron a escoger, había una que a Marta la había
llamado siempre la atención, era una pistola grande y pesada, que solo podían
usar los que tenían un adiestramiento especial y que disparaba unas balas que
en su interior tenían un explosivo, que al estar en contacto con el calor del
cuerpo, hacía el efecto de una bomba; esta fue, precisamente, el arma que Marta
escogió para usar en el BARRIO.
Cuando llegó a este nivel de adiestramiento, todos sus profesores
consideraron, que estaba lista, para enfrentarse con el angustioso tramite de la
expulsión. Era el momento justo, las ultimas noticias, eran que esta se
produciría inmediatamente.
Santiago la llamó a su despacho; durante el tiempo que había durado
su adiestramiento, se habían visto en varias ocasiones; en cada una de ellas,
la había dado documentos, información, para que estudiara y retuviera en su
memoria, porque precisamente en esta ultima entrevista, tendría que devolvérselos,
para que cuando la expulsaran, nadie los encontrara en su poder.
Marta entró en el despacho, Santiago la esperaba en el centro de la
habitación; fue hacia el se abrazaron y se besaron. Después de su sesión de
amor y cómodamente sentados en el sofá, empezaron a hablar del asunto que les
había, reunido, la fecha de la expulsión y las ultimas instrucciones.
·.Marta.-Empezó
a decir Santiago, con gesto serio.- Dentro de tres días os expulsarán; está
todo previsto para que esta tenga lugar por la zona de los drogadictos, pero los
merodeadores os estarán esperando, así que hoy lo dedicaremos a ultimar los
planes de vuestra actuación, durante el primer día de estancia en el BARRIO.
Mientras Santiago hablaba, Marta escuchaba atentamente y de vez en cuando
asentía con la cabeza, no quería interrumpir, sabía lo importante que era
tener todo previsto para ese día.
Santiago; después de dar a su
compañera una serie de indicaciones, sacó un mapa y lo extendió encima de la
mesa de centro y ambos, sobre este mapa, se pusieron a estudiar los planes que
para ellos habían confeccionado personas expertas en estos temas.
ooooooooo
Marta se estremeció, abrió los ojos poco a poco, la habitación estaba
helada, aun se acurrucó un poco en el silloncito, miró a su alrededor; la
estufa estaba encendida, así como las luces. Decididamente había que tapar las
ventanas con mantas, de otra manera se quedarían helados; miró, un poco de
refilón, hacia el dormitorio, pudo oír la respiración, acompasada, de
Eduardo, dormía. De la calle, de vez en cuando, la llegaba el sonido de un
disparo, gritos de dolor o de terror y después el silencio. No sabia si todo lo
que había recordado eran realmente recuerdos, o bien se había quedado dormida
y había soñado.
Miró su reloj, sonrió, no se lo habían quitado, algunas veces lo hacían,
era tarde, se incorporó, debía terminar su cometido de aquella noche, después
descansaría si todo salía bien y en una casa mucho mas confortable; terminó
de incorporarse.