C A P I T U L O 2º

       A la mañana siguiente, cuando se despertó, la sensación que sentía, era completamente diferente a la del día anterior. Esta mañana se sentía alegre, aunque impaciente porque llegaran las cuatro y media, pero muy feliz. Los recuerdos del día anterior se agolpaban en su memoria y como ocurre, casi siempre, se acordaba, principalmente de las cosa mas agradables, aunque las o­tras, pasaban como ráfagas, por su memoria, ensombreciendo, ligeramente su cara.

       Se levantó de la cama con un gesto decidido, alegre. Se duchó y se vistió, eligiendo, esta vez un vestido mas atrevido que de costumbre, por lo que, entre su radiante alegría y el mido de arreglarse, se podría decir que, en un día, su belleza había cambiado, era mas chispeante, mas coqueta, no era la niña mortecina y casi gris del día anterior.

       Bajó la escalera, su madre estaba en la sala dando los últimos retoque a la mesa, que la criada había puesto, para desayunar.Entró Marta y besando a su madre, la saludó, en un tono, desacostumbradamente alegre.

                       ·.Hola mamá, que día mas bonito hace, ¿verdad?

       La madre la miró, sonriendo, y la contestó.- Si te gustan los días lluviosos, entonces si es bonito. !Me alegro que seas feliz, hija, y que sea porque, quizá, has encontrado tu amor; pero esperas a conocerlo mejor, no me gustaría que tupieras un desengaño.

                       ·.No te preocupes mamá, es un buen chico, nos entendemos estupendamente, a pesar de habernos tratado, solo, durante el día de ayer y no te preocupes que no ha pasado nada, ni siquiera lo ha pretendido.

       Justo en el momento, en que Marta terminaba de decir esta ultima frase, su padre entraba en la sala.

                       ·.Buenos dias,¿hablando de la gran novedad?, muy bien, y como siempre, yo seré el ultimo en enterarme de todo.-Dijo, fingiendo un enfado que no sentía, y exagerando los gestos.

       Marta se colgó, materialmente, del cuello de su padre, besándole, al mismo tiempo que le decía.-No, tu serás el primero,junto con mamá y a los dos os lo contaré todo;  lo antes posible os lo presentaré y espero con impaciencia vuestra aprobación.-Esto ultimo lo dijo, Marta, en un tono, entre sarcástico y  preocupado, lo que no pasó desapercibido para la madre, que tratando de cambiar de tema dijo:

                       ·.Bien, sentémonos a desayunar que es muy tarde.-Con lo que, de momento, dejo zanjada la cuestión.

       Después del desayuno, cada uno  ocupó la mañana en diferentes cosas; el padre ponía en orden algunos documentos en el despacho; la madre, como buena y tradicional ama de casa, repasaba las existencias, tanto en la despensa, como en el congelador, para hacer la lista del pedido al supermercado. En cuanto a Marta, hizo mil cosas sin importancia, vio la televisión, estuvo leyendo un buen rato, paseó por el jardín, todo destinado, a que el tiempo se le pasara lo mas deprisa posible.

       La comida transcurrió, sin ningún acontecimiento fuera de lo común y cuando terminaron, los tres pasaron al saloncito a tomar el café.

                       ·.Pon la televisión, Marta, por favor, quiero ver el telediario.-Dijo el padre de Marta,  mientras la criada, ponía el servicio de café en la mesita auxiliar.

                       ·.Toma querido, tu café solo.¿Tu, Marta, tomaras tu café con algo de leche?.

                       ·.No, esta vez lo tomare también solo.-Contestó Marta, como queriendo que sus padres se dieran cuenta de que había crecido.-Creo que ya comenté con vosotros que esta tarde saldría a las cuatro y media; espero no tardar tanto como ayer, pero si veo que se me va a hacer tarde, os llamare para que estéis tranquilos.-Continuó, mientras se levantaba para conectar la televisión.

       En ese momento empezaba el telediario.Como siempre que se encendía aquel aparato, los ojos de los que se encontraban en la habitación se posaron  en la pantalla, les interesara o no el contenido de lo que, en esta, se podía ver en aquel momento.El locutor daba un resumen de  que serían las noticias que se desarrollarían, mas tarde, en profundidad

       “-Muerte de un terrorista, que ayer atentó contra el Ministerio de Orden Publico, con un paquete bomba. La Armada desarrolla, con toda normalidad, sus maniobras de invierno......”

                       ·.¿Quien habrá sido el sinvergüenza, le está bien empleado.-Comentó, el padre, al que se le notaba en la voz una gran rabia concentrada, pero sin dirigirse a nadie en concreto.

       La madre lo miró, y después a Marta, esta, como si estuviera hipnotizada, miraba la pantalla, mientras un escalofrío recorría su cuerpo.

                       ·.“Desarrollamos la primera noticia: A las once y media de la noche de ayer, los guardas que vigilaban el edificio, del Ministerio de Orden Publico, descubrieron a un individuo que intentaba arrojar un paquete; que mas tarde se descubrió que contenía un poderoso explosivo. El guarda que lo descubrió, después de darle el alto y al no se obedecido, disparó a las piernas del presunto terrorista, pero este se arrojó al suelo y la bala le alcanzó en la cabeza, muriendo instantáneamente. El terrorista ha sido identificado como Antonio Barrios Gonzalez.”.-Mientras el locutor decía  esto, salían imágenes del edificio del Ministerio y del llamado terrorista tirado en el suelo en medio de un charco de sangre.

       Marta, al oír el nombre y ver al muchacho en el suelo, dio un respingo, se puso en pie y con las manos en la boca, lanzó un estridente alarido, su cara estaba desencajada.

                       ·.¿Que te pasa hija? ¿Lo conocías ?.-Preguntó la madre, temiéndose lo peor

                       ·.Si, era un compañero de colegio.-Contestó Marta sollozando.-Pobre Antonio, !canallas!, era un buen muchacho.-Los sollozos no la dejaron continuar.

                       ·.! Sería un buen muchacho, pero esto es a lo que conduce el jugar a ser de los descontentos; se empieza protestando en la calle, vistiendo de diferente manera, repartiendo panfletos y  por ultimo colocando bombas; que incluso, podrían haber matado a personas que no tienen nada que ver con su guerra particular!.-Dijo el padre, dirigiéndose a Marta, con tono iracundo.

                       ·.!! Calla por favor, deja de atormentarla, tu hija es una chica sensata y lo único que la pasa, es que siente el natural dolor por la pérdida de alguien a quien co­nocía!!.Marta está por encima de todo eso que acabas de mencionar.

       Marta sin saber que hora era, salió de la habitación, cogió el abrigo y después de abrir la puerta se lanzó a la calle sin ni siquiera volverse a cerrar. Fue entonces cuando se la ocurrió mirar el reloj, eran las cinco menos cinco, Eduardo la esta esperando hacia casi media hora, en el sitio convenido. Marta fue a su encuentro y abrazándose a el continuó con los sollozos.

                       ·.Veo que te has enterado de la noticia; en fin es uno mas de la larga lista. Pero lo de Antonio se siente mas porque lo conociamos.-La dijo Eduardo, mientras la acariciaba, tratando de calmarla.

                       ·.Ves a lo que conduce la violencia de la que tanto hacia gala Antonio, ¿ Porque tuvo que poner una bomba?.

                       ·.!! Una bomba!!.-Exclamó Eduardo, al mismo tiempo que lanzaba una sonora carcajada, que no pudo evitar a pesar del dolor que sentía, por la muerte de su amigo.Esta reacción hizo que Marta dejase de llorar y mirase a su compañero como si se hubiera vuel­to loco.

                       ·.Pero eso es lo que ha dicho la televisión.-Tartamudeó Marta.

                       ·.Y tu, claro, te lo crees, como si fuera la palabra de Dios. Bien te explicaré en que consistían las bombas que colocaba Antonio.-Contestó Eduardo, con voz, que dejaba traslucir el rencor y la rabia que sentía.-Antonio había descubierto la manera de burlar la vigilancia del monitor, que tienen en la fachada y todos los días cagaba en un papel de periódico y lo lanzaba contra ella, pero a pesar de las precauciones, que tomaba, lo descubrieron y lo estaban esperando, sin ni siquiera darle el alto, empezaron a disparar, el cuerpo de Antonio, tenia mas de veinte balazos; me lo dijo un A.T.S. del deposito de cadáveres. En esto consistían las bombas de Antonio; a eso se limitaba con su agresividad. Tampoco creas que lo han hecho por venganza, no, es una manera de justificar el haber disparado, de esta forma se justifican ante la sociedad, que no pedirá demasiadas explicaciones; y de paso el BARRIO no crece mas de lo que ellos consideran normal.

       Marta lo miraba y en su rostro se reflejaba el asombro y el horror, se separó de el y empezó a caminar lentamente calle abajo. Eduardo se puso a su lado y la cogió del brazo tratando de infundirla el consuelo que en ese momento parecía necesitar.

                    ·.¿ Como empezó este horror, Eduardo.-Preguntó Marta con voz apenas perceptible.

                    ·.Es muy largo de explicar, no creo que sea el mejor momento para explicarte los comienzos de esta sociedad de locos, de sálvese el que pueda; y que llaman organizada.

                    ·.Si, creo que es el momento de hablar de ello, me ayudaría a olvidar el dolor que siento por la muerte de nuestro amigo.

                    ·.Como quieras, pero entremos en un bar, hoy hace mucho frío, para estar paseando por las calles, además estaremos mas tranquilos y sin temor a que nos detengan.

                    ·.Creo que deberíamos, antes de eso, ir a casa de Mercedes, para consolarla, se querían mucho.

                    ·.Mercedes no necesita consuelo, ha muerto, según la versión oficial se ha suicidado, nunca sabremos la verdad. El padre de Mercedes ha sido expulsado al BARRIO, por cómplice.

       Dio la impresión de que Marta había recibido un mazazo, se tambaleó, cambió de color y sus hombros parecieron hundiese, sentía como un vértigo, todo le daba vuel­tas, Eduardo tuvo que sujetarla para que no cayera al  suelo desmayada. De esta forma la arras­tró a un bar cercano y entrando en el la sentó en una silla, la mesa estaba cerca de una ventana, desde la que se podía ver el atardecer, frío y sombrío, de aquel día de invierno. Los transeúntes pasaban deprisa, con las manos dentro de los bolsillos del abrigo y el cuello subido. todo esto lo veía, Marta, como si estuviera dentro de una nebulosa. Eduardo pidió

       dos cafés y un coñac, al camarero, y cuando lo sirvieron hizo que Marta tomara un sorbo del licor, esto pareció reanimarla, devolviéndola en color a la cara.

                       ·.Quítate el abrigo, porque sino cuando salgas a la calle tendrás frio.-La dijo Eduardo, cuando se dio cuenta de que había recobrado el color.

       Marta obedeció y una vez acomodada volvió a preguntar a su compañero por el comienzo de todo aquello, que en ese momento la parecía tan horrible.

       Eduardo miró a la calle y con voz neutra, como si estuviera impartiendo una clase en el Instituto, dio comienzo a su explicación:

                       ·.Marta, la historia que nos cuentan, está manipulada, pero si la analizamos podemos sacar nuestras propias conclusiones.¿ Que como empezó?.-Dijo después de una pequeña pausa.-Hace mucho tiempo, tanto que tendríamos que remontarnos a la prehistoria, si, aunque te parezca extraño, cuando el hombre se hizo sedentario, cuando dejó de ser cazador nómada, fue entonces cuando empezó. Los primeros que se establecieron se quedaron en los valles fértiles, los segundos se tuvieron que establecer en las laderas de las montañas, pero los últimos no tenían ningún sitio, útil, donde quedarse, solo los picos de las montañas, y aquí nada se puede plantar no se pueden sacar cosechas para poder sustentar a la prole, por lo que tuvieron que empezar a robar las cosechas de los que estaban establecidos en el valle. Estos pensaron que si los tomaban a su servicio, para que trabajaran sus tierras, dándoles parte de las cosechas, conseguirían dos cosas: primero evitaban que les robaran lo mejor, pues ellos, los dueños se encargarían de darles lo que les interesara y además no tendrían que trabajar directamente la tierra. Fue entonces cuando comenzó la explotación del hombre por el hombre. Después de un dilatado espacio de tiempo durante el cual las cosas transcurrieron de esta manera, aparece el dinero, este hecho lo señalo como un hito, mas adelante veras que tiene mucha importancia; el dinero aparece porque es mas cómodo pagar las cosas que se intercambian con algún objeto pequeño, que hacerlo con vacas para cam­biarlas por trigo, por ejemplo, pero te repito, que mas adelante podrás ver la importancia que la aparición del dinero tuvo para la humanidad. Después de una larga etapa en que los hombres fueron ganaderos y agricultores y al necesitar, estos, herramientas cada vez mas complicadas para realizar su trabajo, se necesitó que los que fabricaban estas herramientas solo se dedicaran a esta actividad y  son a los que se les llamó artesanos, pero las herramientas se fueron complicando y nacieron las maquinas que para su fabricación, ya no fueron suficientes los artesanos y uniéndose varios de estos;  nacieron las fabricas de maquinaria que se necesitaba para la agricultura y ganadería, no solo para estas actividades, sino para la fabricación de ropa y calzado, etc., por lo que a partir de entonces la industria adquirió mayor importancia que las otras actividades, a esto se le llamó la revolución industrial. Los trabajadores de la agricultura como los que trabajaban para los artesanos, tuvieron que trasladarse  a vivir cerca de las fabricas, porque de esta manera se aseguraban un trabajo estable; los mismos que fueron dueños de las tierras y el ganado, ahora lo eran de las fabricas, porque solo ellos disponían de suficiente dinero para instalarlas. Fíjate que te hablo de capitalistas no de capitalismo, la razón es que no es lo mismo ser comunista o socialista o anarquista que ser capitalista, para lo primero lo que se necesita es pensar, tener i­deas, filosofar; para ser capitalista solo se necesita tener dinero; y  en estos últimos tiempos nos han hecho creer que la sociedad se divide en iz­quierda o derecha  esta ultima representada por el capitalismo, como si esta forma de sociedad fuera una idea filosófica.

       Los obreros, pronto se dieron cuenta, de la diferencia de vida que, ellos, tenían comparándola con la de los dueños de las fabricas, entonces decidieron pedir lo que, en realidad les pertenecía, por ser ellos los que producían, lo que los patronos vendían. ; Así nacieron los sindicatos y las huelgas revindicativas.Pero los patronos en vez de ceder, pusieron en el gobierno a gente sin escrúpulos, ( los dictadores ), que respaldados por el ejercito, mantuvieron a ralla al pueblo, masacrándolos sin piedad. Pero este invento les salió un poco torcido, y algunos de estos déspotas, Hitler, por ejem­plo, se creyeron su papel y se volvieron contra sus crea­dores; naturalmente, estos, los aplastaron con la fuerza de las armas, e incluso con la complicidad de la izquierda, que fue a la guerra engañada por la golosina de que defendía la democracia y con ella la libertad. En fin la manipulación de siempre en beneficio de los mismos, porque los que murieron lo hicieron defendiendo los intereses de los amos

       Marta tomaba el café a pequeños sorbos, cogiendo la taza con las dos manos y con los codos apoyados en la mesa, mien­tras miraba con profunda atención a Eduardo. La parecía asombroso que la historia que ella había aprendido durante sus años de estudio, pudiera interpretarse de aquella manera, pero al escucharlo, se daba cuenta de que era la forma mas racional de hacerlo y se asombraba de que a ella no se le hubiera ocurrido. Así se lo dijo a Eduardo a lo que el contestó:

                       ·.Naturalmente, para eso están los guardias de la educación, te cuentan la verdad, pero deformada, a medias, lo mismo que hacen los periodistas con las noticias de cada día, destacan lo que les interesa, algunas no se publican por razones de estado otras en nombre del  buen gusto, incluso algunas llegan a publicarse en exceso para intoxicar al lector, de tal manera que acabe por no interesarle esa noticia.

                       ·.Continua, por favor.- Dijo Marta al darse cuenta de que Eduardo se detenía en su exposición.

                       ·.Veras uno de los inventos, mas geniales del capitalismo, fueron las sociedades anónimas, con ellas consiguieron dos cosas sumamente útiles, una que los trabajadores no tenían a quién reclamar, directamente, porque el director era un asalariado como ellos, y  dos que con el dinero ajeno, podían ampliar las fabricas, que en todo momento continuaban siendo de los mismos, porque en estas sociedades, quien tiene mas acciones, tiene mas votos.

       Después de la segunda guerra mundial.- Continuó Eduar­do, saltando de un asunto a otro sin ningún orden.-Habiendose dado cuenta, de que los dictadores, podían volverse peligrosos para sus propios amos; pensaron en otra solución, que no es que sea un invento de los capitalistas, pues en Atenas  fue donde la inventaron, me refiero a la democracia, aunque ni en aquella ciudad se practicó, pues ni las mujeres ni los esclavos tenían derecho a votar. Si lo observas, a pesar de que en todas las constituciones de estos estados llamados democráticos, dice que el poder emana del pueblo, este, se limita a depositar una papeleta en una urna cada periodo de tiempo, pero además en estas papeletas están, ya, escritos los nombres que van ha ser elegidos y que están escogidos por las jerarquías de los partidos, que son los que en realidad eligen.En lo que se refiere a lo laboral, desde los primeros tiempos en que se empezó a emplear mano de obra, de una forma o de otra, en los campos, o en las fabricas, los capitalistas siempre estuvieron muy preocupados por conseguir abaratar los cotos de producción, por este motivo, según fueron apareciendo maquinas, estas sustituyeron a los trabajadores.

                       ·.¿Entonces tu eres partidario de que no se empleen maquinas, para realizar el trabajo de los hombres?.- Preguntó Marta en tono de reproche.

                       ·.No, precisamente creo que esa sustitución, es buena, libera al hombre de los trabajos pesados y poco creativos; siempre que hablo con alguien de este tema, recuerdo haber leído, que hubo una época, en la que aun se recogía el algodón a mano, que los braceros protestaban porque no querían que se empleasen maquinas para este trabajo; incluso gente verdaderamente de izquierdas, reclamaban el trabajo directo del hombre para esta tarea. ¿Para que?, para que sus hijos tuvieran que desplazarse con ellos al lugar del tajo y de esta manera perder el curso en el colegio; así lo que conseguían, es que la falta de cultura, educación o preparación laboral, hiciera de ellos futuros braceros. Te aseguro, Marta, que soy el mas fiel partidario de que estos y otros trabajos pesados penosos y poco creativos, los realicen las maquinas, pero claro, en una sociedad justa, en una sociedad en que el tiempo libre se pudiera invertir en elevar el conocimiento del ser humano, aunque solo sea con la contemplación de la naturaleza; siempre que en esta sociedad se pudiera vivir, no digo con por lo menos lo imprescindible, sino con lo que, en ese momento, la sociedad pudiera ofrecer a los individuos que la componen. ¿Responde esto a tu pregunta?.

                       ·.Si, desde ese punto de vistas, yo también estoy de acuer­do.

                       ·.Bien como te decía, la sustitución de la mano de obra por las maquinas, fue continua, pero fue la electrónica la que a través de la informática, la que abrió la sustitución total del hombre; fabri­cas totalmente automatizadas, los robots no necesitan vacaciones ni piden aumento de sueldo, en fin, el sueño dorado de todo buen capitalista. Pero sabían que estas decisiones, dejarían sin trabajo a mucha gente; así que, aprovechando que por entonces se produjo, el famoso embargo de petróleo, con la consiguiente subida de precios, así,  con estos hechos intentaron disfrazar la crisis que se avecindaba, culpando de esta a la subida de precios de la energía. La prueba de que esto no era cierto, está en que después de que el petróleo bajó, la crisis no solo continuó, sino que aumentó y se hizo endémica.

       Eduardo se dio cuenta de que el camarero, los miraba con insistencia, así que lo llamó y le pidió que les sirviera otros dos cafés.

                       ·.¿Otro coñac?.- Preguntó el camarero mirando la copa, de la que solo faltaba el sorbo que había tomado Marta.

                       ·.No.- Contestó Eduardo.-Con los cafés es suficiente, antes pedimos el coñac porque la señorita se encontraba algo mareada, pero no tomamos alcohol.

       Cuando el camarero se hubo marchado, Eduardo le dijo a Marta:

                       ·.Tengo que dar todas estas explicaciones porque, en un sitio desconocido, no se sabe quien  puede ser un chivato de la policía central.

       El camarero volvió con los cafés y des pues de dejárselos en la mesa, se retiró mirando de reojo a la pareja.

                       ·.Cuando la crisis se acentuó, cuando el paro empezó a crecer.- Continuó Eduardo.- Los jóvenes fueron los mas castigados por este, un ochenta por ciento de los que estudiaban una carrera universitaria, lo hacían para emplear el tiempo, porque sabían que para ellos no habría trabajo, no solo en su profesión sino en cualquier otra; naturalmente esto se lo podían  permitir las familias con un grado medio alto de nivel de vida, para poder sufragar los gastos que los estudios originaban, matricula, libros, trans­porte......en cambio entre las familias mas modestas, los jóvenes vagaban por las calles, cometían pequeños hurtos y al final caían en la droga; ellos mismos, para poderse pagar este consumo, se hacían traficantes, naturalmente, pequeños traficantes, porque los grandes, también, pertenecían a la casta de los capitalistas. Se da la paradoja, de que lo que llaman dinero negro, que es el que procede  del trafico de droga, armas, ocultación de beneficios para no pagar impuestos y otros delitos, se lo disputaban los bancos, invirtiéndolo en bolsa y en valores del Estado, del propio Estado, haciendo de esta manera, lo que se llama el blanqueo de ese dinero. Mientras tanto, la droga hacia estragos entre la juventud y esta cometía, cada vez, mas delitos para poder pagársela; la gente pedía seguridad, las llamadas autoridades alarmadas por el clamor popular, fueron aumentando cada vez mas las penas, para delitos pequeños, las cárceles se llenaron, pero todas estas medidas no solucionaban el problema de la seguridad ciudadana, que es lo que la gente pedía, y que ahora amenazaban con tomarse la justicia por su mano. A los llamados marginados, ( una vez que las cárceles estuvieron llenas) se les fue acorralando en guetos, que en realidad eran los barrios donde vivían los obreros que estaban en paro, lo que dio como resultado, mas delincuencia, en fin lo de siempre: Pero claro, estos guetos, era como envolver una masa que fermenta en papel, siempre sobrepasaban el perímetro y se extendían por toda la ciudad, cometiendo delitos; así que con el fin de protegerse de estos “ delincuentes”, las urbanizaciones donde vivía la gente con alto poder adquisitivo, como podían pagárselo, contrataron guardias privados y de esta forma nació lo que conoces en la actualidad, los privilegiados en el Gueto y los marginados en el BARRIO.

       Al mismo tiempo que esto ocurría, se había extendido la fiebre del liberalismo económico, la privatización de las empresas publicas lo solucionarían todo, la crisis económica, la mala gestión de estas, naturalmente se privatizaron las que eran rentables y las que no lo eran se cerraron; así se llegaron a privatizar hasta las cárceles, claro que no resultaron rentables, los usuarios de este servicio se negaban a pagarlo y como el Estado no recaudaba impuestos, no podía subvencionaras, la solución: cerrarlas, alegando que con esta solución se acababa con un sistema poco humano y pusieron a todos los presos en libertad, pero en el BA­RRIO.

       Eduardo se detuvo, era como si hubiera llegado a la meta; aun resonaba en los oídos de Marta , la fatídica palabra: BARRIO, BARRIO, BARRIO, miraba por la ventana con la vista perdida en la calle, el ruido que hizo la taza del café, cuando Eduar­do la dejó en el plato, la sacó de su abstracción. Miró a Eduar­do, este con los codos apoyados en la mesa y las manos en el mentón, la observaba.

                       ·.El BARRIO.- Dijo Marta, como un eco de sus propios pensamientos.- Aun me obsesiona la escena que vivimos ayer. ¿porque estas personas que se encuentran sin dinero, en ese momento, no deciden quedarse y tratar de encontrar otro trabajo, cualquier cosa que les permita quedarse, en vez de tener que ir a un sitio tan horrible?.

                       ·.Si, son muchos los que lo deciden, pero estos también tienen que tener suer­te, los que lo consiguen son los que forman parte de la legión de esclavos, en forma de sirvientes, mal pagados, camareros, jardineros, y empleados de los que como autónomos mantienen pequeños negocios y de esta forma disponen de mano obra barata; con lo poco que ganan, se pagan un modesto alquiler, y con las limosnas en forma de comida y ropa vieja, que les dan sus amos. consiguen ir tirando; también están los que engrosan las filas de la prostitución, pero, aunque estos ganan mas, no todos se pueden dedicar a ella, solo los mas jóvenes y cuando les llega la madurez su destino será el BARRIO.

       Otra vez aquella palabra, era como si todo girase alrededor de ella; esta vez fue la mano de Eduardo, al apoyarse en la suya, la que la sacó de sus pensamientos.

                       ·.Dame tu mano.- La dijo Eduardo, al mismo tiempo que se la cogía por encima  de la mesa.- El camarero no hace mas que mirarnos y tenemos que hacer como si habláramos de amor, claro que sin mucho entusiasmo porque podrían considerarlo inmoral. Este camarero debe ser de los que aumentan sus ingresos, siendo un chivato de la policía central.

       Eduardo llamó al camarero, este acudió enseguida y después de preguntar si deseaban algo mas y ante la negativa de Eduardo y su deseo de pagar, retiró el servicio y trajo la cuenta que Eduardo pagó y después de ayudar a Marta a ponerse el abrigo  salieron a la calle.

                       ·.Vamos , despacio, hacia mi casa, aun estoy muy afectada por lo de Antonio y Mercedes, ¿Te parece bien?.-Pregunto Marta.

                       ·.Si, es mejor que te lleve a casa, creo que por hoy hemos tenido suficientes emociones.

       Caminaban despacio, en silencio; como si cada uno de los jóvenes necesitara asimilar los acontecimientos que habían vivido. Después de un largo espacio de tiempo, de caminar sin que ninguno de los dos hiciera ningún comentario, Marta, sin dejar de mirar hacia adelante, comentó, con un tono en el que no denotaba ninguna emoción, como si su comentario, mas que serlo, fuese una reflexión, como si no estuviera acompañada.

                       ·.Tu dices que las democracias son imperfectas, o que están dirigidas, pero por lo menos se puede elegir a los representantes del pueblo en el parlamento, aunque estos estén designados por las jerarquías de los partidos.

                       ·.Mira, Marta, una democracia que necesita publicidad, campañas de imagen para los candidatos, créditos millonarios para los partidos, que naturalmente, han de concedérselos los bancos y que los partidos políticos desean que se les conceda, cuan­to mas mejor, pues saben que el que mas dinero tenga, para su campaña de publicidad, cuenta con mas posibilidades de ganar las elecciones. Bien, pues como te decía, una democracia que necesita  de todos estos artificios, deja de serlo, y se convierte en la compraventa de un producto como cualquier otro, además de que de esta forma, los partidos y con ellos la democracia, quedan en manos de los bancos y sabemos quienes son sus dueños.

                    ·.Entonces,¿que propones tu para que una democracia sea perfecta?.-Dijo Marta, con el mismo tono de antes, mientras caminaban despacio, con las manos metidas en los bolsillos de los abrigos.

                    ·.Como te decía el otro día, no tengo la solución, pero me parecería mas democrático, si los partidos se limitaran a mandar, a los votantes, el programa político de cada uno de ellos, sin adornos y todos iguales, sin publicidad ni mítines, y sin ningún otro medio de presión, esto aun no siendo perfecto, me parecerías mucho mas justo, mas imparcial.

       Marta suspiró, todo daba vueltas en su cabeza, eran muchas emociones y !en tan poco tiempo!; en apenas dos o tres días, estaba, tratando, de asimilar, lo contrario de lo que,tanto, sus padres , como la sociedad, a través de los colegios, la habían enseñado, durante años.

                       ·.Por cierto, no me has contado, que fue de los amos de todas las tierras del ganado y de las fabricas.......

                    ·.Si, tienes razón, pues mira, lo curioso es que han llegado a un estado igual que los que llegaron los últimos al valle; es decir a no tener nada, solo unos papeles impresos y que nacieron para sustituir el trueque que es mas incomodo que hacer el intercambio con unos papeles, a los que, previamente, se les ha dado un valor determinado. Bien, pues estos señores ahora, solo tienen dinero, algo que se puede imprimir en cualquier imprenta, algo que nació como un medio y que se ha convertido en un fin; pero aun hay mas y es que en la actualidad, los capitalistas, ni siquiera tienen este dinero; lo que tienen, en la actualidad, es una cifra apun­tada en un papel, que es lo que sus compinches le autorizan a gastar; o sea que en realidad no tienen nada y mientras tanto, el resto de los mortales, trabajan para producir lo que ellos necesitan para vivir y que es, por tanto, lo que tiene valor. Como sabes en la actualidad, las fabricas han quedado reducidas al mínimo, solo para producir lo que ellos necesitan, bueno ellos y sus criados, que somos el resto y además todas las fabricas automatizadas, o sea que solo se necesitan trabajadores para lo que llaman los servicios, es decir para servirlos; mientras la mano de obra sobrante, ya sabes donde va.

                    ·.Si, al BARRIO.-Dijo Marta con tono sombrío.- Y ¿nadie va al BARRIO de visita?.

                    ·.Si, mucha gente de la alta sociedad, consiguen un pase, se corren sus juergas, porque para ellos es una aventura; los que tienen mas dinero, se pagan un guarda espaldas; los de menos poder adquisitivo o los que tienen mas ansia de aventura van solos; algunos han muerto, pero continúan haciéndolo, porque para ellos es la diversión mas excitante que pueden conseguir.

                    ·.¿Y tu podrías conseguir un pase para nosotros?, es decir si tu quieres acompañarme; no creas que son ganas de aventuras, es que quiero conocer, saber como es la realidad, el lugar donde mandan a esa pobre gente.-Aclaró Marta, ante la mirada de asom­bro de Eduardo.

                    ·.Si claro que puedo conseguirlo, pero ¿estás segura de que quieres ir a semejante sitio.-Contestó Eduardo, horrorizado.

                    ·.Quiero ir, quiero ir, !quiero conocer lo que esta sociedad está haciendo con la mayoría de sus semejantes,con todos aquellos que les estorban.

                       ·.Esta bien, claro que puedo conseguir unos pases para volver.

                       ·.¿Para volver?, querrás decir para ir.

                       ·.No, te puedes marchar cuando quieras, nadie te lo impedirá, volver, sin pase, seria mas difícil, al que los intenta le disparan los guardias sin ninguna contemplación.

                       ·.¿Y quizá al BARRIO no le pasará, lo que le que le pasó, antes a los guetos?, es decir que se extiendan por todos los lados y lo acaben invadiendo todo.

                       ·.Tu sabes que las ciudades se componen de guetos privados vigilados por guardas jurados, y el BARRIO, con esta distribución, pensaron que habían llegado a la solución definitiva, puesto que el BARRIO podría extenderse todo lo que fuera necesario; pero resulta que en la actualidad esta demasiado poblado y sus habitantes presionan demasiado a los Guetos, por lo que tratan de exterminarlos lo mas deprisa posible; por eso cuando descubren a alguien haciendo algo que, ellos consideran, delictivo, disparan sin contemplaciones. También cuentan con la colaboración de los chivatos, que delatan a todo el que consideran sospechoso y la policía, sin hacer investigaciones en profundidad; lo declaran culpable y es expulsado inmediatamente; pero si cuando es conducido, hacia la línea límite, se enfrenta, aunque sea verbalmente con la policía, o hace algún ademan que pueda justificar que quería escaparse, disparan porque saben que pueden justificarlo sin demasiado trabajo.

                       ·.¿Pero, porque los jueces admiten la declaración de los delatores como pruebas irrefutables?, al fin y al cabo es la palabra de uno contra la de otro.

                       ·.Los jueces se limitan a aplicar la ley al pié de la letra, y los legisladores han procurado dar a los delatores prioridad, en las leyes que han redactado, para facilitar la eliminación de los que consideran indeseables;  porque en todo y todos actúan con una doble moral, por ejemplo consideran inmoral la prostitución, pero no se privan de usar de ella cuando les apetece; por ese motivo es por lo que lo que para unos representa la pena máxima, para otros siempre se encuentran motivos atenuantes.

                    ·.No puedo creer que las palabras de los chivatos, personas tan rastreras, tengan tanta fuerza ante la justicia.

                    ·.En cuanto al calificativo de rastreros, lo son, pero no en el sentido que le das, en esta sociedad, chivato puede ser cualquiera; creo que ha llegado el momento de contarte lo que me pasó.-Marta lo miró, pero no dijo nada para no interrumpir los pensamientos, que ella pensaba dolorosos, de Eduardo.-Solo el recordarlo, es para mi una experiencia desagradable; yo si sabía lo que estaba ocurriendo, pero nunca pensé que me pasaría a mi. Tomé la decisión de que mi carrera sería la de asistente social, cuando empecé a ejercer mi relaciones fueron con personas humildes, necesitadas de ayuda y claro me abrió los ojos a una realidad que desconocía, la desigualdad tan terrible, la injusticia social tan grande, y la verdad de lo que el BARRIO representaba.Tomé contacto con gente de la clandestinidad organizada y me dedique a repartir panfletos; fui tan ingenuo que se lo conté a mis padres, creyendo que ellos, después de explicarles lo que yo había descubierto, lo entenderían, pensando que como yo vivían en la ignorancia, pues asómbrate,!fué mi mismo padre, el que delante de mi, llamó a la policía central!; así que solo me quedaban dos caminos, o esperaba, lo que significaba la expulsión, o me marchaba de casa con lo puesto y me convertía en un huido; naturalmente, tomé la segunda decisión, no porque quisiera ser un activista perseguido, no quiero engañarte haciéndome el valiente, sino porque siempre he sentido pavor cuando he pensado que podían expulsarme el BARRIO.

       Marta se detuvo, se enfrentó a Eduardo y cogiéndole de las manos le dijo:

                       ·.Pero esto es terrible, tiene que ser un caso aislado, estoy segura de que mis padres nunca harían una cosa así.

                       ·.Mejor será que no te encuentres en esa situación, créeme los que mandan tienen métodos eficaces para presionar a todas las personas de modo que no les quede otro remedio que obrar de esa manera, por eso en la actualidad, aunque represente para mi un recuerdo doloroso, entiendo lo que hicieron y no les culpo.

                       ·.Mis padres nunca harían una cosa así, me quieren demasiado.-Insistió, tozudamente, Marta frunciendo el entrecejo y comenzando a andar con paso decidido, como queriendo remachar su aseveración.

                    ·.¿Para cuando quieres que consiga los pases?.-Dijo Eduardo cambiando de tema.

                    ·.Para mañana, si mañana es un buen día, sábado y después me queda el domingo para descansar, diré a mis padres que voy a una fiesta de una amiga y que volveré tarde, creo que aceptarán.-Contestó Marta volviendo a la realidad.

       Habían llegado cerca de la casa de Marta se pararon en la esquina cercana se besaron  sin demasiado apasionamiento, casi fraternalmente, como dos camaradas que hubieran vivido una jornada peligrosa, y se despidieron. Marta se elevó hacia su casa, despidiéndose con la mano según se alejaba y al llegar a la puerta, Eduardo desapareció en la oscuridad.

       Al entrar en su casa, Marta, escuchó como sus padres hablaban en el cuarto de estar, no habían cenado, se quitó el abrigo y fue hacia esa habitación.

                    ·.Hola papá, hola mamá.-Saludó Marta, al mismo tiem­po que fue besando a ambos; su tono era alegre, como si viniera de divertirse, su madre la miró con atención, creía intuir que su alegría ere ficticia.

                    ·.Hoy es, casi, demasiado pronto,- Observó el padre.-No es necesario, sabes que tienes autorización para venir mas tarde, pero eso si, llamando por teléfono para tran­quilizarnos y saber que no te ha pasado nada grave.

                    ·.No he venido mas temprano por lo que me dijerais ayer, es que hacía mucho frío para estar paseando por las calles.- Comentó Marta.

       El padre se levantó y haciendo una leve caricia a su hija, salió de la habitación. Marta aprovechó este momento para poder hablar con su madre, sabía que ella la comprendería mejor,  además haría de cómplice para convencer a su padre.

                    ·.Mama, mañana quisiera ir a una fiesta, a casa de una amiga y por si se hace demasiado tarde necesito que me deis permiso para quedarme a dormir con ella; es Mercedes, creo que la conocéis.- Marta esperaba que no se hubieran enterado de la muer­te de su amiga.

                    ·.Mira hija, a mi no necesitas decirme que te quedarás en casa de una amiga, tu padre si lo necesita, pero yo te entiendo; no te preocupes me encargaré de convencer a papá.

       En ese momento entró el padre con unos papeles en la mano, se sentó en la butaca y empezó a leerlos, Marta aprovechó para salir a su habitación, quería cambiarse de ropa antes de cenar.Cuando bajó, sus padres estaban sentados a la mesa esperándola para cenar. Durante el tiempo que duró esta, no se hicieron comentarios que no estuvieran relacionados con la comida y una vez que finalizaron, el matrimonio encaminó sus pasos hacia el cuarto de estar, querían ver la televisión, Marta se disculpó, tenía mucho sueño y estaba cansada, dijo, pero en realidad lo que tenía era miedo de las noticias, no quería revivir la pesadilla de la muerte de su amigo y de la de su compañera.

       Subió a su habitación y se acostó, el sueño se apoderó de ella enseguida, pero todo fue una continua pesadilla, soñaba con Antonio que tiraba paquetes contra una pared, con el cuer­po, completamente, cubierto de sangre y unos guardas con cara de perro se reían de el a carcajadas. También soñó con el BA­RRIO que se le aparecía como unas callejas torcidas y sucias.

       Cuando se despertó estaba cansada, no había sido una noche tranquila, era como si desde que había conocido a la pandilla, la hubieran robado la tranquilidad. Todo lo que antes la hacia feliz, su casa, sus vestidos, sus muebles, casi podría decirse que en ese momento los odiaba, incluso se los imaginaba cubiertos de sangre.Se vistió con desgana y bajó a desayunar, entró en la cocina y por primera vez miró a la criada; nunca se había fijado en ella, es decir sabía que estaba por lo que hacia, pero en esta ocasión se dio cuenta, por primera vez, que era una persona, una mujer de mediana edad, que incluso, la llegó a sacar algún parecido con la mujer que vio como desahuciaban. Estos descubrimientos dejaron su espíritu aun mas triste. Cuando terminó de desayunar fue al cuarto de estar y cogiendo un libro se sentó tratando de concentrarse en la lectura, pero sin conserguirlo, los acontecimientos del día anterior y la excitación que la producía la aventura que la esperaba, no dejaban que pudiera prestar atención a otra cosa; sonó el teléfono, su madre apareció por la puerta.

                    ·.Buenos días, cariño, te llaman al teléfono.

       Marta se levantó, dio un beso a su madre y salió para atender la llamada.

                    ·.Digamé.- Su voz sonaba impaciente, sabia quien era, el corazón la latía fuer­temente.

                    ·.Hola Marta, he conseguido los pases así que esta tarde, si aun sigues con la idea, podemos hacer nuestra excursión.- Eduardo, pues era el, evitó decir EL BARRIO.

                    ·.Hola, eres un cielo, si claro que quiero, te aseguro que lo deseo mas aun que ayer.- Contestó Marta muy excitada.

                    ·.Entonces te espero a las cinco en el sitio de siempre; te quiero, hasta luego.- Dijo de carrerilla el muchacho y sin esperar contestación, colgó.

       Marta colgó despacio, sentía una doble emoción, por un lado esa sensación que provoca lo desconocido, un temor que al mismo tiempo la producía placer y por otro lado las ultimas palabras de Eduardo, inesperadas, la emocionaban, era un cielo.

       Al volver al cuarto de estar, su madre la esperaba sentada en una butaca, la miraba sonriente, y la preguntó.

                    ·.¿Era el verdad?

                    ·.Si.- Y al decir esta sola palabra se la iluminó el rostro con una sonrisa.

                    ·.Me alegro hija, me alegro de que hayas encontrado a la persona ideal para ti y espero que para nosotros, deseo que sea un buen chico.

                    ·.Si, lo es mamá, es estupendo.- Aunque no para vues­tro gusto pensó Marta.

                    ·.Conociéndote, como te conozco, sé que será de nuestro gusto, que será la persona que siempre hemos soñado para ti.

       - ( No sabes hasta que punto).- Pensó Marta.

                    ·.Y ahora, tengo una estupenda noticia que darte, papá te autoriza a que pases la noche en casa de tu amiga.- Dijo la madre acentuando la ultima palabra.

                    ·.Gracias mamá, es una gran noticia,hoy parece que todas las cosos me salen bien, así que espero que la fiesta sea divertida.

       El día transcurrió sin grandes acontecimientos; a las cuatro subió a su habitación, quería escoger la ropa que la pareciera apropiada y quería hacerlo con tranquilidad; por fin y después de dudarlo mucho, se decidió por unos pan­talones, bastante usados una blusa y un jersey de lana gruesa, no quería llevar abrigo, pensó que de esta forma tendría mas libertad de movimientos.

       A las cinco menos cuarto y después de despedirse de sus padre, salió a la calle; hacia aun mas frío que el día anterior, el cielo estaba muy nublado y de vez en cuando caían pequeños copos de nieve. Eduardo esta esperándola en la esquina, aunque desde su casa no podían verle, pensó que lo había hecho adrede, seguramente su madre estaría espiando para ver si podía distinguir al muchacho. Cuando Marta llegó al sitio donde la esperaba Eduardo se besaron sin decirse nada, ni siquiera se miraron, Marta se fijó que el tenia un paquete debajo del brazo.

                    ·.¿ Que es ?, parece la merienda.- Comento Marta con tono festivo.

                    ·.Es un impermeable.- Contestó Eduardo, abriendo el paquete.- Te resultará muy útil según está el día y con su color gris pasaras desapercibida.

                    ·.Pero es del mismo color que mi jersey, para camuflaje hubiera sido suficiente.

                    ·.Si claro pero con impermeable parecerás menos,( ejem), una mujer.

                    ·.¿ Crees que por ese motivo tendremos mas problemas?.- Preguntó Marta, al mismo tiempo que se detenía y un escalofrío recorría su cuerpo

                    ·.No especialmente, pero conviene que llámenos la atención lo menos posible.

       Marta, sin decir nada cogió el impermeable y se lo puso pausadamente, como si estuviese sopesando la aventura que iban a vivir.

       Reanudaron su camino hacia la parada del autobús; después de una corta espera, subirán al primero que llegó y que les condujo al sitio en el que habían estado comiendo los bocadillos dos días antes. Al apearse, Marta recordó la tarde vivida con Eduar­do, el desahucio y el cacheo de los guardas; las casas, en esta ocasión, la parecieron, aun, mas modestas que aquel día, los jardines mas raquíticos, aunque fijándose bien, no dejaban de ser pretenciosos, pues en algunos de ellos habían plantado los que se podría denominar una representación de una pradera.

       -(La diferencia de clases se refleja en cualquier cosa).- Pensó Marta.

                    ·.¿En que piensas?.- Preguntó Eduardo.

                    ·.En la pena que siento por la diferencia de vida que tienen unos con respecto de otros.

                    ·.Pues aun te queda por conocer los dos extremos, uno lo conocerás esta noche, el otro no se si llegaras a conocerlo algún día, pero te aseguro que es tan increíble como este.

       Torcieron por una bocacalle a su izquierda, Eduardo la cogió fuertemente por los hombros, como queriendo fundir sus dos cuerpos.

                    ·.¿Estamos llegando?.-Preguntó Marta, al mismo tiempo que escrutaba la oscuridad con la mirada, pues no conseguía distinguir ningún signo que la indicara que estaban llegando al BARRIO, y así lo manifestó.

                    ·.No, no notaras nada aparente, ni siquiera distinguirás a los guardas, pero mira con atención aquella casa un poco ennegrecida por un incendio, ¿la ves?; bien pues la in­mediatamente anterior, es la de los guardas y te aseguro que sus ametralladoras estarán apuntándonos.

       Llegaron a la altura de la casa que Eduardo había mencionado; Marta sintió que un escalofrío sacudía el cuerpo de su acompañante, lo miró, tenia el rostro demudado, miraba fijamente hacia adelante, apoyó la cabeza en su hombro, como queriéndole dar ánimos. Miró a su alrededor, las casas eran iguales que las que habían dejado atrás, solo se diferenciaban en que estaban peor cuidadas, los raquíticos jardines, aquí se habían convertido en vertederos de basura y las calles presentaban signos de que el servicio de limpieza ni existía. Eduardo soltó los hombros de Marta, esta notó que la tensión de su compañero disminuía; la cogió de la mano para poder dirigirla por aquellas calles que ella desconocía. Por la que caminaban, Marta se dio cuenta que rodeaba la zona por la que habían salido. Por todos lados se notaban los estragos de la falta de limpieza y mantenimiento; en muchas de las ventanas de las casas faltaban los cristales, los portales, casi en su totalidad, tenían la puerta desprendida, la basura se amontonaba por todos lados; pero Marta notó que un poco mas adelante la situación mejoraba y así se lo hizo notar a Eduar­do.

                    ·.Si.-Explicó este.-Es que en las casas, digamos, fronterizas solo viven de vez en cuando y solo los pobres de entre los pobres, debido a que los guardas se entretienen en disparar a cualquiera que se deje ver en esas casas, desde donde ellos están y después se justifican diciendo que son personas que querían cruzar clandestinamente.

       Caminaban muy juntos por la acera, tratando de sortear la basura acumulada en ella, por el centro de la calle pasaba en ese momento varia personas, sus vestidos eran verdaderos harapos, se miraron con desconfianza, pero en la mirada de cada grupo había el mismo grado de temor. Siguieron adelante y de una bocacalle salieron lo que se podía notar que era toda una familia completa: padre, madre y tres hijos de entre doce y seis años. Marta se fijo que dos de los niños estaban descalzos; instintivamente, sacó algún dinero del bolsillo e hizo intención de dirigirse a ellos para dárselo; Eduardo la sujetó de una forma casi violenta, al mismo tiempo que la decía al oído.

                    ·.Ni se te ocurra hacer una cosa así, si descubren que tenemos dinero, seguro, que nos matan aquí mismo. Sus hijos estarán descalzos, pero seguro que a ese hombre no le falta una pistola o un cuchillo de grandes dimensiones.

                    ·.Pero esto es inhumano.-Gimió Marta.

                    ·.Todo aquí lo es, la primera regla que debes aprender en este lugar, es que aquí solo te tienes que preocupar de ti misma, ni siquiera de lo que pueda ocurrirme a mí.

                    ·.¿Quiere eso decir que si ocurre algo, me tengo que defender sola?.

                    ·.No te preocupes que en cuanto a ti, yo te defenderé con todas mis fuerzas.

       Marta sonrió sin mirarle, en realidad lo que había querido era provocar aque­lla reacción, pues sabía que, en realidad, solo se tenían a ellos mismos.

                    ·.¿Aquí no existe un centro?, es decir lo que se llama centro de la ciudad.

                    ·.Si, aquí está lo que era el centro de la ciudad, de la antigua ciudad; pero con la mentalidad capitalista, primero lo invadieron todo para oficinas y comercio y cuan­do los nuevos métodos de producción y la extensión de la delincuencia, lo hicieron innecesario, lo abandonaron a su suerte.

                    ·.Me gustaría ir hacia ese sitio.

                    ·.Bueno como quieras.-Titubeó Eduardo, nada convencido del capricho; el hubiera preferido, que la excursión transcurriera por la calle que rodeaba el Gueto.

       Después de cruzar la calle torcieron a la izquierda; según avanzaban, el ambiente aprecia animarse, relativamente, aunque la temperatura muy fría y la nieve que caía lenta, pero ininterrumpidamente, hacían que el sitio resultara aun mas tenebroso. Algunos locales estaban abiertos al publico, eran bares en los que a Marta no se le hubiera ocurrido entrar ni aun buscando aventuras excitantes; a través de las puertas de cristal, se podían ver a los clientes, personas vestidas de muy diferente forma, unos con verdaderos harapos y otros, aunque vestidos con mejores ropas, se notaba que las tallas no eran las adecuadas.

                    ·.Parece mentira la diferencia que observo en las personas, me refiero a la forma de vestir.-Comentó Marta mientras caminaba procurando juntar su cuerpo al de Eduardo, buscando protección.

                    ·.Aquí se repiten los mismos vicios que en otro lado, pero mas acentuados y siempre teniendo en cuenta que todos son pordioseros.

       En ese momento, salían por una bocacalle diez o doce mujeres, todas muy pintadas y aunque se abrigan con ropas que no eran de su talla, vestían de forma llamativa; según pasaban empezaron a provocar a la pareja, con palabras y con gestos obscenos, indudablemente, a Marta la habían confundido con un hom­bre.

                       ·.¿Quienes son Eduardo?.

                       ·.El relevo de alguna casa de prostitutas, en este lado existen por todas partes, pues aunque en el Gueto, la prostitución está prohibida, la oficial claro, en el BARRIO todo está permitido, con lo que las casas de prostitución abundan, pues para muchas familias es el único medio de sobrevivir.

                       ·.¿Porque dices que es el relevo?, parece que hablas de un cuartel.

                       ·.Casi, casi, en estas casas, las prostitutas, pueden estar las veinticuatro horas del día, naturalmente se relevan; las que quieren ganar mas dinero, se quieren quedar, y las que quieren empezar se enfadan, lo que provoca peleas entre ellas que, con frecuencia, se saldan con alguna muerte.

       Marta se volvió para ver como se alejaban, entre las mujeres las había de mediana edad, pero también viejas, de sesenta años o mas y niñas de diez de doce años; Marta sintió una extraña opresión en el pecho.

                       ·.En el BARRIO se vive como se puede.-Dijo, sombríamente Eduardo, como si adivinara los pensamientos de Marta; algunas de estas niñas ayudan a sus padres de esta forma, pero a otras, lo que les ocurre, es que sus familias las han echado de sus casas y de esta forma se libran de una boca que alimentar.

       Marta sentía que su inicial curiosidad se transformaba, poco a poco, en indignación por toda aquella injusticia, por tanta gente, forzada a vivir en condiciones que ni los animales podrían soportar.

       Los bloques de casas mas modernos, dejaban paso a manzanas de casas mas antiguas, casas que restauradas, hubieran podido considerárselas, incluso, de interés artístico, pero que estaban en tal estado que al pasar a su lado se tenía la impresión que en cual­quier momento se caerían encima de los transeúntes. De vez en cuando se notaba que los montones de basura habían sido retirados, seguramente por los propietarios de las tiendas que había enfrente de estas zonas libre de residuos, tiendas que no se podían considerar convencionales, ni se aprecian a las del Gueto; eran unas tiendas en las que se vendían de todo, pero no como un supermercado, no, eran tiendas pequeñas, llenas de cosas extrañas y desde luego todas viejas y con un aspecto que no invitaba a entrar en e­llas; en realidad mas aprecian traperías y todas tenían fuertes verjas que separaban a los clientes de los vendedores, estos, según le había informado Eduardo, estaban fuertemente armados y no dudaban en disparar a la menor sospecha de que iban a ser víctimas de un atraco.

       De pronto, por una de las bocacalles salieron, a la carrera, dos individuos mal vestidos, uno de ellos portaba un maletín en una de sus  manos, al verlos, Eduardo, tiró con fuerza de Marta y se metieron en un portal de los que tenían la puerta arrancada; desde allí pudieron ver que otros tres hombres salían de la misma calle que los primeros, su aspecto era semejante, dos empuñaban pistola y el tercero una metralleta. Uno de los perseguidos, el que tenia el maletín, se volvió y disparó varias veces, con una pistola que sacó del bolsillo, uno de los perseguidores cayó de rodillas, el que portaba la metralleta abrió fuego y el hombre del maletín cayó, rebotando dos veces contra el suelo. El otro perseguido, que se había refugiado tras un  montón de escombros, se asomó con las manos levantadas, gritando que se rendía, otra vez funcionó la metralleta, el hombre recibió tal cantidad de balas que su cuerpo fue lanzado, casi, dos metros hacia atrás del lugar donde se encontraba. Uno de los hombres se acercó al muerto que aun sostenía el maletín en su mano, se lo arrancó violentamente y continuó andando después de volverse y comprobar que su compañero ayudando al herido le seguían y los tres se perdieron por la misma calle por la que habían aparecido.

       Con muchas precauciones,Eduardo, se asomó y le dijo, en voz baja, a Marta.

                       ·.Vamos, alejémonos lo antes posible de este lugar.

       Mientras seguía a Eduardo, Marta, miró a los caídos, el mas cercano, se movió y con voz muy débil y entre quejidos, pidió que le ayudaran; Marta, compadecida, trató de atenderlo, Eduardo, casi con brusquedad, tiro de ella y con las mismas precauciones que al principio, pero con paso decidido, se elejaron del lugar donde habían ocurrido aquellos horribles acontecimientos, mientras la decía.

                       ·.Por favor, Marta, este no es un lugar corriente, y no puedes comportarte como si lo fuera; estos dos hombres pueden que fueran forajidos, como casi todo el mundo en este lado, al igual que los otros, pero también, unos u otros pueden ser policías.

                       ·.¿Policía aqui?.-Preguntó, extrañada Marta

                       ·.Si, no de forma oficial, pero están y pertenecen a la brigada central, que son los mas peligrosos.

                       ·.¿Pero porque?, si han decidido mandar a todos los que les estorban a este lugar, ¿para que quieren policía aquí?.

                       ·.Por varias razones, primero porque de esta forma controlan la cantidad de armas que circulan por el BARRIO, no dejando crecer esta cantidad por encima de lo que ellos consideran aceptable;  segundo para evitar que llegue a existir una organización que en el futuro pueda representar un problema; la policía se infiltra en cualquier incipiente organización, y si la considera peligrosa y antes de que se desarrolle, matan a sus cabecillas.

                       ·.Eso si que es añadir horror, al horror ya existente.-Dijo Marta con expresión pensativa.

                       ·.Los que acabas de ver morir, pueden que fueran policías y que al descubrirlos los mataran o puede que fueran los cabecillas de una organización descubierta por la policía; incluso podían se policías corruptos a los que sus compañeros habrían ajusticiado.- Aclaró, Eduardo, con una entonación tan cruda, que hizo que Marta volviera la cabeza para mirarlo con los ojos muy abiertos.

                       ·.Te lo digo de esta forma para que de ahora en adelante, te comportes a la altura del lugar donde nos encontramos.- Mientras decía esto, Eduardo la acariciaba, pero solo con la mirada, hubiera sido fatal para nuestros amigos que descubrieran que Marta era una mujer, y en el BARRIO, todas las ventanas tienen ojos.

       Había oscurecido completamente, la nieve continuaba cayendo, aunque con poca intensidad. Hacía un frío penetrante, acentuado quizá, por lo desolado del sitio donde se encontraban. Continuaron calle abajo, esta terminaba en la confluencia de varias callejuelas pequeñas y aun mas sombrías que por la que habían bajado, estas pequeñas calles no tenían ningún tipo de alumbrado y solo por el pequeño resplandor que una de las lamparas de la calle principal lanzaba hacia allí podía distinguirse alguna claridad en ellas; ambos continuaron camino por una cualquiera.

       Caminaban muy juntos, tanto por el frío que sentían como para protejerse del temor que aquel sitio les infundía; cuando de pronto les salieron al paso tres in­dividuos, no podían distinguir si eran jóvenes o no, pero su actitud no era muy tranquilizadora. Se pararon en medio de la calle cortándoles el paso.

                       ·.Venga tíos, sacar todo lo que tengáis, si no os chirlo.- Dijo uno de ellos y de la palabra a los hechos, dio un pequeño corte en el cuello, a Eduardo, con una navaja que había sacado del bolsillo.

       El muchacho asustado, se llevó las manos a la herida, momento, este que el atracador, aprovechó para sacarle de los bolsillos todo lo que encontró. Inmediatamente, el atracador, se dirigió a Marta.

                       ·.Ahora tu colega.- Y cuando se disponía a repetir la operación, Marta no pudo controlarse.

                       ·.No, por favor, yo misma te los daré.

                       ·.Colegas, que este es una tia.- Gritó el individuo a sus compañeros.

                       ·.¿Que coño dices?.- Dijo otro de los atracadores, acercándose y desabrochándole el impermeable a Marta.- Vaya, pues es cierto, ahora si que estáis con la mierda encima.

       El tercero, al oír estas palabras, se acercó y tocando a Marta dijo.

                    ·.Está bastante buena, ¿porque no nos la jodemos?.

                    ·.Claro.- Replicó el otro y se avanlanzó sobre la muchacha, pero esta con una mano lo cogió del pelo y con la otra le arañaba la cara.

                    ·.!!Sujétala, sujétala, jilipillas!!.- Gritó el, mientras se limpiaba la sangre con la manga de su harapienta chaqueta

       Los otros dos cogieron a Marta y sujetadora la hicieron caer el suelo; entonces uno de ellos la arrancó, materialmente, el jersey y el botón de los pantalones, tirando de ellos hasta quitárselos completamente, a pesar de los pataleos de Marta que se debatía furiosamente en medio de un charco, medio de agua medio de nieve; notó como también la arrancaban las bragas y en ese momento vio a Eduardo, por detrás del forajido, que con los brazos alzados, blandiendo un pesado tablón y casi a cámara lenta, pudo ver como lo descargaba sobre la cabeza del que tenía casi encima; este lanzó un alarido y se desplomó  encima de Marta, que a pesar del miedo que tenía por la presencia del herido, sentía una gran alegría  al pensar que aun tenia una posibilidad de escapar de aquel infierno. Pero en aquel momento, y sin que aun la hubieran soltado aparecieron otros individuos, quizás atraídos por los alaridos del herido; no podía determinar cuantos eran, dos, tres o mas, lo que si pudo ver es como cogían a Eduardo y quitándole el palo, empezaron a darle puñetazos y patadas, mientras otro de los recién llegados se acercaba y la miraba desde arriba. Casi pudo percibir como se le caía la baba y vio como desabrochándose el pantalón, se arrodillaba y ......

       No sintió nada, debería sentir dolor, el contacto del hombre, cualquier cosa, pero no, no sintió nada, era como si la hubieran anestesiado de medio cuerpo para abajo, mientras el resto seguía vivo. Vomitó en la misma cara del violador, este la dio dos tremendas bofetadas y la lanzó insultos que no llego a entender.

       No sentía nada, solo escuchaba los quejidos de Eduar­do y de vez en cuando los tremendos insultos de sus violadores. De pronto la ocurrió  como en otras ocasiones en que se encontraba en peligro, veía, casi cinematográficamente, escenas de su infancia; en esta ocasión vio a su madre, que la leía los evan­gelios y la decía la frase:

      ·          “ Parirás con dolor”

       Sintió un frío insoportable, entonces fue cuando se dio cuenta de que aquellos individuos se habían marchado. Intentó levantarse, se incorporó y buscó su ropa; tenia todo el cuerpo dolorido, encontró el jersey destrozado y los pantalones, se los puso y después el jersey como pudo; miró hacia donde estaba tendido Eduardo, tenia miedo de acercarse, estaba convencida de que estaba muerto, pero no quería comprobarlo. Se abro­chó el impermeable, era lo único que conservaba seco y de pronto, Eduardo se movió lanzando un gemido. Rápidamente, Marta, se acercó y volvió el cuerpo del muchacho que estaba, casi, boca a bajo, a Marta se le escapó un grito al ver su cara, completamente llena de sangre, la tenia desfigurada por los golpes, con un trozo de su propio jersey, que estaba mojado, limpió la cara del muchacho, con mucho cuidado y pudo apreciar, entonces, que no había sufrido heridas graves, pero que la tenia muy inflamada y llena de moratones.

       Eduardo abrió el ojo izquierdo, el derecho lo tenia demasiado inflamado, y con voz quejumbrosa preguntó.

                       ·.¿Te encuentras bien?

                       ·.Si, si te refieres a heridas o golpes, en cuanto a lo demás...-Y se puso a sollozar. Era curioso, hasta que no había visto a Eduardo vivo, no había sentido su propio dolor.

       Eduardo se incorporó, con grandes dificultades, estando a punto de caer un par de veces, todo le daba vueltas, se acercó a Marta y abrazándola intentó consolar, esta, en una primera reacción, lo rechazó, lo miró airada, pero después de unos momentos de reflexión se abrazó a el y se redoblaron los sollozos.

                       ·.calma cariño, debemos marcharnos cuanto antes, aquí corremos peligro.

       Inmediatamente, casi arrastrando a Marta, se fueron por la calle por la que antes habían llegado.

       Como dos borrachos, desandaron el mismo camino que habían hecho a la ida, y cuando estaban llegando a las inmediaciones de las casas donde estaban los controles, Eduardo se paró cerca de un charco que estaba relativamente limpio y le dijo a Marta, mientras separaba el hielo de la superficie y se lavaba la cara.

                       ·.aseate un poco, aunque a los guardas no les extrañará nuestro aspecto, pero conviene que no noten tanta paliza.

       Marta, sin decir nada, se lavó también. Eduardo la dio un pañuelo para que se secara, mientas que el, buscando en los calcetines, sacó de ellos unos papeles.

                       ·.Los pases.- Dijo lacónicamente.

       Marta se dejó conducir por el muchacho.

                       ·.Por favor Marta no llores ahora, procura que no se te note que estas apenada.

       Continuaron acercándose, de pronto se encendieron unos focos rojos intermitentes, al mismo tiempo, por unos altavoces, los conminaban a detenerse; asi lo hicieron e inmediatamente unos guardas salieron de la casa mas cercana, empuñando unas metralletas, se acercaron a nuestros amigos y uno de ellos les dijo.

                       ·.¿Tenéis pases?.

       Eduardo, sin decir nada, le dio los papeles que tenia en la mano, el guarda los examinó con la ayuda de una linterna, pareció satisfecho y al mismo tiempo que les devolvía los documentos, les dijo con voz festiva.

                       ·.Parece que la juerga ha sido mas movida de lo que pensabais; la próxima vez contratarnos a alguno de nosotros, como guardaespaldas.

                       ·.Gracias, lo tendremos en cuenta.- Dijo Eduardo cogiendo a Marta por el brazo y dirigiéndose hacia el Gueto.

       Ella miró sonriente a los guardas y diciéndoles adiós con la mano, siguió a Eduardo. Una vez dentro del Gueto, Eduardo decidió que era mejor ir caminando que en el autobús, aun teniéndose que exponer a encontrarse con algún control de la policía; el aspecto que presentaban no era el mas adecuado para dejarse ver en publico.

                       ·.Aunque te he dicho que era mejor  que supieras lo menos posible de mi vida, creo que en esta ocasión es mejor que vayamos a mi casa, y te podrás lavar y ponerte otra ropa, según estas no puedes ir a tu casa.

       Marta asintió con la cabeza, los sollozos la impedían hablar.

       Después de andar, a paso ligero, durante mas de media hora; llegaron a un lugar del Gueto en el que solo se podían ver edificios de apartamentos, aunque mas atractivos que los que había conocido cerca del BARRIO. En uno de los portales se detuvieron, por indicación de Eduardo y después de entrar en el subieron en el ascensor hasta el quinto piso; entraron, el apartamento era pequeño, pero acogedor, solo tenía el dormitorio, la sala, el cuar­to de baño y una cocina que parecía de juguete, sin lujos pero con detalles personales que delataban un cierto buen gusto del dueño del apartamento.

       En cuanto Eduardo cerró la puerta a sus espaldas, Marta, rompió a llorar, dando rienda suelta a la pena que no había podido exteriorizar, libremente hasta aquel momento. Corriendo se fue al cuarto de baño, cerró con cerrojo y mientras se llenaba la bañera, se fue quitando la ropa y  la fue tirando con rabia en un rincón; se metió en la bañera y se enjabonó una y otra vez, como en un ritual, como si con esa acción pudiera quitarse la sensación que aun sentía de que aquellos hombres aun estaban tocandole la piel; mientras lloraba, un llanto tranquilo, que al resbalar por su cuerpo, la servía de baño al igual que el agua jabonosa que la rodeaba.

       “La primera vez, la primera vez...”. Se repetía para si misma. Marta había soñado que aquella primera vez sería con una gran solemnidad y no podía haber sido mas brutal y repugnante.

       En ese momento escuchó los quejidos de Eduardo, se dio cuenta de que el muchacho estaba en la otra habitación, y de que no solo era ella la que sufría, el también tenia mucho de que lamentaste.

       Salió de la bañera y cogiendo un albornoz, que estaba colgado se lo puso y salió; vio a Eduardo, que casi desnudo, se trataba de aplicar una crema en las zonas amoratadas de su cuerpo, naturalmente, dependiendo de que zona se tratara, lo conseguía o no; ante esta escena, Marta sintió una sensación de ternura, que la hizo olvidar su propia pena y acercándose a el le quitó la caja de crema y empezó a aplicársela ella misma, procurando hacerlo con la mayor suavidad posible, lo que no impedía que el, de vez en cuando lanzara algún quejido.

                       ·.Lo siento, cariño.-Dijo Marta.-Trato de hacerlo con delicadeza, pero tienes el cuerpo muy magullado, deberíamos llamar a un medico.

                       ·.No, no es conveniente, tendríamos que darle demasiadas explicaciones.

       Al mirar la cara de Eduardo y vérsela tan desfigurada por los golpes y por los gestos que ponía, cada vez que le tocaba algunos de los cardenales, Marta, no pudo por menos que lanzar una carcajada..

                       ·.Perdona.-Le dijo, al darse cuenta de que a Eduardo no le gustaba su reacción.-Pero es que pones una cara muy cómica.

       Eduardo, miró a Marta y contagiado por las carcajadas de ella, no tubo mas remedio que reírse también, al mismo tiempo que se quejaba, porque las sacudidas de las carcajadas hacia que los cardenales le dolieran aun mas.

                       ·.Tendrás que buscarme algo de ropa, la otra, además de que está mojada, no quiero ponérmela nunca mas.-Y al decir esto, Marta, dejo traslucir toda la rabia que llevaba dentro.

       Eduardo quiso leventarse para darle la ropa, pero tuvo que desistir, pues el dolor que sentía era insoportable.

                       ·.Dime donde está, yo misma la cogeré.

                       ·.En el armario tienes pantalones, camisas y jerseys, en el cajón de la cómoda, ropa interior, de hombre, claro, y  calcetines y pruébate los zapatos por si te sirven algunos.

       Marta después de coger la ropa de donde el la había indicado, se metió en el dormitorio para vestirse, cuando estaba dentro fue a cerrar la puerta, pero de repente se detuvo y se quedó pensativa, en realidad daba lo mismo, no se sentía la Marta de hacía unos días; cuando terminó escogió ropa para Eduardo y acercándose a el y con toda la delicadeza que pudo empezó a vestirle.

                       ·.Siento hacerte daño, pero no puedes estar desnudo, después te traeré algún calmante y te acostarás.

                       ·.Gracias, te aseguro que además del dolor, me siento muy mal; tu te acostaras en la cama, no creo que esta noche debas ir a tu casa, yo dormiré en el sillón.

       Marta fue a la cocina y preparó dos bocadillos, con lo que encontró en el frigorífico, mientras tanto la cafetera que había puesta en el fuego ya estaba lista y sirvió dos tazas.

                       ·.¿Donde están los calmantes?.-Preguntó desde la cocina.

                       ·.En el armario del cuarto de baño.-Contestó Eduardo con voz quejumbrosa.

       Marta buscó en el sitio que el la había indicado, cogió una aspirina y una vez en la cocina lo puso todo en una bandeja y lo llevó a la sala y sentándose cerca de Eduardo, puso la bandeja cerca de el y le alcanzó una de las tazas para que bebiera; en cuanto, nuestro amigo tomó el primer sorbo, lanzó un gemido.

                       ·.Vaya, te lo he traído caliente, no me he acordado de que tienes la boca herida. Toma el bocadillo mientras se te enfría un poco el café.-Y empezó a darle en bocadillo a pequeños trozos, tratando de evitarle la mayor cantidad de esfuerzos posibles. Cuando terminó de comer y de darle la aspirina, le ayudó a levantarse; verdaderamente, Eduardo, no podía mantenerse en pié, Marta lo cogió por debajo de los brazos, lo empujó hacia el dormitorio, y cuando llegaron cerca de la cama como pudo lo acostó y poniendolé la ropa por encima, se agachó para darle un beso, pero cuando estaba acercándose a su cara, sintió una sensación como de rechazo, la sensación de que aquellos individuos estaban cerca de ella y volvió la cabeza con un gesto de repugnancia.

       Afortunadamente, Eduardo, no se fijó en este detalle. Lo terminó de colocar y le deseó las buenas noches. Salió de la habitación, se sentó en el sofá y se puso a comer lentamente, mirando hacia la calle por la ventana; ahora la nieve caía con mas fuer­za, las calles se cubrían con un manto blanco y el reflejo de las luces de la calle en la nieve, permitieron a Marta apagar las de la habitación y quedarse en la penumbra, mientras pensaba en lo que la había ocurrido aquel día. Se acordó de lo que había sentido al acer­carse a Eduar­do, sabía que tendría  que sobreponerse a esta sensación. Escuchó algunos quejidos de Eduardo cuando este se movía en la cama y poco después su respiración acompasada, por fin se había dormido.

       La muchacha, fue al dormitorio y procurando hacer el menor ruido posible, buscó ropa de cama, cuando la reunió, salió de nuevo a la sala e improvisó una cama en el sofá. Se desvistió y se metió entre las sabanas arropándose bien, pues a esa hora empezaba a hacer frío en la casa.

       No se durmió enseguida, veía escenas de aquella jornada como si estuvieran reflejadas en una pantalla. En un instante, un sollozo, se la escapó de los mas profundo de su pecho y sin poder contenerse dijo en voz alta.

                       ·.No siento ninguna piedad por ellos, ninguna.

       Estas palabras, dichas casi como un grito de protesta, parecieron calmarla y por fin se durmió con un sueño plagado de pesadillas.