CAPITULO 1º

            El timbre del despertador sonó insistentemente, la habitación estaba a oscuras, Marta tanteó por encima de la mesilla, y después de unos segundos de infructuosos intentos, logró parar el molesto sonido que la alarma  producía.

            Era una mañana fría del mes de febrero, aunque esta circunstancia no justificaba la pereza con la que se comportaba Marta,  pues en la habitación se disfrutaba de una temperatura muy agradable. No era esta su forma de ser, la gustaba estudiar, sabía que de ello dependía su porvenir, ¿entonces porque aquella sensación, tan desagradable, cuando pensaba que era la hora de ir al colegio?, y cuando  apareció en su mente esta ultima palabra, fue cuando terminó de despertarse y se acordó del motivo por el que la estaba  costando tanto trabajo levantarse aquel dia; Era la conversación que había mantenido, el día anterior, con aquellos compañeros, y en su pensamiento recalcó COMPAÑEROS, no eran amigos de ella no pertenecían al grupo que Marta frecuentaba, nunca la habían gustado, representaban todo aquello que sus padres la habían enseñado a odiar; tomaban bebidas alcohólicas, fumaban y su forma de vestir, era siempre descuidada.

            Por fin se decidió, salto de la cama  y se encaminó hacia el cuarto de baño, mientras se quitaba el pijama para meterse en la ducha, se reflejó en el espejo, tenía un cuer­po bien proporcionado, su cara era atractiva, pero no llamaba la atención, la faltaba aquella belleza interior, esa chispa que tienen las personas con iniciativa, que no dependen de ideas ajenas. Salió del cuarto de baño y después de escoger un vestido, entre los que guardaba en su bien surtido armario, se vistió al mismo tiempo que dirigía la vista por  la habitación, para convencerse de que todo quedaba bien ordenado.

            Mientras bajaba la escalera para ir a la cocina, donde  se podían oír los ruidos,  pro­pios de alguien que está preparando el  desayuno, empezó a pensar en como había empezado todo aquello, que  ahora la atormentaba. Fue por mediación de su amiga Mercedes, ella si se relacionaba con aquellos desarrapados; su  padre no era como el de Marta, era escritor, de esos que se dedican a criticarlo todo, y su concepto de la disciplina no coincidía en absoluto  con el que tenia sobre el particular la familia de Mar­ta, incluso, a Mercedes la dejaban fumar; pero quizá eran todas esas cosas las que atraían a Marta, haciendo de Mercedes su mejor amiga. El caso es que a la salida del colegio, se dejó convencer por ella para ir a un bar, se disponían a pasar un rato agradable.

            Por fin entró en la cocina, la criada preparaba el desayuno, Marta la saludo distraídamente, sin darse cuenta de lo que hacia, picó algo de la comida que estaba preparada y después de tomarse un café, todo ello sin ni siquiera sentarse, salió al vestíbulo y después de ponerse el abrigo y actuando en contra de su costumbre, salió a la calle sin despedirse de sus padres.

            El colegio no estaba lejos de su casa, dentro del barrio, este era un sitio limpio, de casas bonitas y muy bien distribuidas, con amplias calles y grandes jardines bien cuidados;  Marta disfrutaba mirando todos estos detalles, no importaba que pasara por sus calles todos los dias, la parecía todo tan bien ordenado, tan perfecto que pensaba que en el mundo no existía la infelicidad; por este motivo, aquella mañana tenia esa sensación tan desagradable, cada vez que pensaba como se había desarrollado la reunión en el bar, la tarde anterior.Cuando llegaron, Mercedes, la presentó a la pandilla, los conocía a todos, aunque solo de vista, nunca había querido relacionarse con ellos, poco después de la presentación, se generalizó la conversación


                Hace unos dias me encontré con la madre de Miguel, ¿recordáis?, el hijo del antiguo jardinero del colegio- Decía en ese momento Antonio, que aprecia que era el que dirigía el grupo—Me dijo que Miguel tenía tuberculosis.  Casi no tienen dinero para comprar  ni siquiera lo necesario, el padre esta en paro, desde que lo despidieron del colegio.

                         ¿ En que hospital está?, podríamos ir a verlo, creo que es un detalle que agradecería.- Dijo otro de los reunidos.

                         De momento no esta en ninguno.- Respondió Antonio.- Como no tienen sociedad medica, tendrá que ir al hospital de la Beneficencia pero hasta que no queden camas libres no lo admitirán.

                         Una porquería.- Tercio Mercedes.- Con este liberalismo económico, con el que todos, parece que estamos de acuerdo, han conseguido acabar con la seguridad social y si no se tiene dinero para pagar una sociedad, te puedes morir de asco antes de conseguir una cama en el único hospital del Estado.

                         Creo que estáis exagerando.- Dijo Marta.- Si como tu dices no tienen dinero, esta el hospital de la Beneficencia; pero, naturalmente, tendrán que demostrar que realmente son indigentes, porque lo que ocurre, con mucha frecuencia, es que piden una cama en este hospital aunque tengan dinero, y después se lo gastan en vicios. El mismo jardinero es un ejemplo,  lo despidieron por ser un borracho y aun así y gracias al informe que le hizo el colegio, ha podido pedir un sueldo  de desempleado.

            Al escuchar las palabras de Marta, Antonio lanzó una sonora carcajada.

                           ¿ Acaso he dicho algo gracioso? - Protestó Marta.

                           Mira, el paro le durará como máximo un año, si a esto le añades que lo que recibe por él, es una miseria, podrás ima­ginar que lo que se guarda para sus “vicios” es cero. Teniendo en cuenta, que son cinco  personas a las que se tienen que mantener con esos ingresos, y que ninguno de sus hijos trabaja de una forma estable, porque de esos trabajos eventuales, en los que son explotados y que muchas veces trabajan solamente por la comida solo los tienen de vez en cuando.- Dijo Antonio, entre indignado y despectivo.


                        ·.Vosotros siempre os estáis quejando de todo pero, como dice mi padre, si miramos a nuestro ALREDEDOR, podremos darnos cuenta que todos somos felices, cada uno en su categoría, claro, y esta felicidad nos la proporciona la seguridad, primero la seguridad de que a pesar de la mecanización  de las industrias, no tenemos desempleo, y segundo la seguridad de poder transitar por las calles sin temor a ser atracados y violadas, como ocurría antiguamente. En fin yo creo que es la sociedad perfecta, en la que cada uno tiene lo que se ha forjado por si mismo.

                         ·.Naturalmente eso “ es lo que dice tu padre”.- Contestó Antonio, imitando la voz de Marta.- Bien pues pregúntale a tu padre donde están los parados que según el y tu no existen, pero que te diga la verdad, que no te conteste que los están reciclando para otras profesiones.

                         ·.! ¡Mi padre siempre me dice la verdad!.- Contesto Marta, al borde de la histeria.- Nunca me ha engañado, sé que esta sociedad tiene algunos vicios, pero son debidos a  las personas que no quieren conformarse con lo que tienen, personas como tú, que por todo protestan, sin razón

            Cuando terminó de decir todo aquello se levantó bruscamente y fue corriendo hacia la puerta, no que­ría que la pandilla se diera cuenta de que estaba llorando.

            Una vez en la calle, mientras se limpiaba las lagrimas, Marta comenzaba a perder la seguridad con que había pronunciado las ultimas palabras.

            ¿ Sería cierto que aquel sistema de sociedad, en el que había creído durante todos aquellos años, no era todo lo justo que su padre la decía?. Pero esto no podía ser, su padre no la mentiría a ella ¿ o quizás, sí,?, Su cabeza era un mar de confusiones. Preguntaría a su padre, penso; pero ¿ y si la mentía otra vez?. No sabiendo como resolver aquellas dudas, corrió como una loca hasta que llegó a su casa.

            Abrió la puerta, apresuradamente, subió directamente a su habitación y se encerró en ella, no queriendo salir, ni para cenar, a pesar de la insistencia de su madre, alegando que tenia un fuerte dolor de cabeza. En el fondo lo que la ocurría era que la confianza que siempre había tenido en lo que su padre la decía, empezaba a tener fisuras, precisamente por eso odiaba a Antonio; era como si este la hubiera hecho perder la inocencia.

            Con estos recuerdos , rondándola dentro de su cabeza, había llegado, sin darse cuenta a la puerta del Colegio; desde luego, un colegio privado, muy selectivo en lo que respecta a los alumnos, no por su inteligencia si no por la procedencia familiar. Casi el cien por cien de estos triunfaba, en el mundo de los negocios, bien como directores de empresas, como ejecutivos o como sucesores de sus padres en el negocio de estos.

            Para Marta aquella jornada de colegio, fue eterna, estuvo mas pendiente de la hora de la salida, que de los estudios, estaba impaciente por encontrarse con la pandilla, aquella odiosa pandilla; para ella el dia de hoy, sería el de su venganza, no volvería a caer en el error del dia anterior, respondiendo a las palabras de Antonio de una forma histérica, muy al contrario, discutiría serenamente y razonando todos los argumentos, como su padre la había enseñado, sin eludir ningún tema, por espinoso que este fuera, y siempre con la serenidad del que esta en poder de la absoluta razón.

            Por fin sonó el timbre, que anunciaba el fin de las clases;  mas deprisa de lo habitual, Marta salió al jardín; se había apresurado demasiado,  el resto de sus conocidos aun no habían salido, por lo que tuvo que entretenerse, haciendo como que la interesaban los macizos de plantas que adornaban las cercanías del colegio. Por fin vio salir a Mercedes y se dirigió a ella.

                ·.Hola Marta- dijo Mercedes jovialmente- ¿ estabas esperándome?

                ·.Si, no tengo ganas de irme a casa tan pronto, y he pensado en quedarme a charlar un rato contigo.

                ·.Por mi estupendo, tu compañía me agrada mucho, pero quiero que sepas que he quedado con Antonio y  claro, no puedo decirle que se marche, porque estas tú.- Dijo Mercedes, recordándola, indirectamente, la  escena de la tarde anterior.

                ·.No importa, así podré darle una lección a ese presumido.- Contestó Marta aparentando estar sorprendida por la presencia de Antonio, aunque era lo que había ido a buscar.

                ·.Mira, ya viene.-Dijo Mercedes.

            Antonio se acercaba a grandes zancadas, con su acostumbrado desaliño, la barba de una semana y la vestimenta, que en cuanto a limpieza, dejaba mucho que desear.

                ·.Hola chicas; hola Marta, ¿ estas mejor?. Siento lo que ocurrió ayer, quiero que me perdones por mi brusquedad.

                ·.No te preocupes, no tengo nada de que perdonarte, fue mas bien que me cogiste por sorpresa, pero te aseguro que no volverá a ocurrir.­

                ·.Bien vamos a  nuestra guarida.- Dijo Antonio y  se puso a andar sin esperar la aprobación de sus compañeras. Estas le siguieron. Marta estaba preocupada con lo que tenía que pedir de beber, pues por un lado, la repugnaba pedir cualquier bebida alcohólica, aunque quería estar a la altura de sus compañeros. Pero cuando llegaron al  bar, su compromiso quedó zanjado, no tuvo que tomar ninguna decisión.

                         ·.Juan, sírvenos lo de siempre y un refresco.- Pidió Antonio, dirigiéndose al camarero, mientras todos se sentaban alrededor de una de las mesas.

                         ·.¿ Sabéis que hay una manifestación para protestar por la carestía de la vida?. Me extrañaría que no fuerais vosotros que sois los inconformistas por excelencia.- Comentó Marta, con tono retador, pero aparentando no darle importancia.

                         ·.! ¡Ah! ! ¡La manifestación!.- Contestó Antonio.

                         ·.No digáis que eso no es libertad, nadie será detenido por manifestar su descontento, por la subida de los precios; siempre que se respete el derecho de los demás, a vivir sin meterse en líos.- Continuó Marta, con el mismo tono de antes.

            Mercedes, mientras Marta hablaba, hacia señas a Antonio para que no empezara una polémica, con su amiga. recordando lo que había ocurrido el dia anterior.

                         ·.Si Marta, eso es “ libertad”, una libertad controlada y vigilada, eso que tu acabas de decir, lo del derecho de los demás, y que dicho así puede sonar muy bonito, se puede convertir en una forma de represión, porque los que han hecho las leyes se han encargado de que estas las puedan manejar, ellos mismos, como mas les interese..- Contestó Antonio con tono conciliador.

                           ·.Pero por lo menos la gente puede protestar, sin salirse de la ley, de todo lo que a su parecer, les perjudica, sea o no vigilada, esta libertad; y no es que te esté dando la razón, la tienen y pueden ejercerla y sin ser molestados por la policía, en muchos casos harán que las cosas cambien; por eso es por lo que no entiendo vuestra postura.- Y la hubiera gustado añadir, como dice mi padre, pero recordando la tarde anterior no lo dijo.

                         ·.Mira niña.- Explotó Antonio.- Primero dime si estas protestas sirven para algo practico, porque después de la manifestación la vida subirá o bajará, con arreglo a la conveniencia de los que mandan; pero claro, es mejor dejar  que griten, un dia, todos juntos , en la calle, bajo una estrecha vigilancia, como ocurre en los estadios de fútbol, que el que se junten  en grupos pequeños con lo cual dejan de ser masa  y de esta forma es mas fácil darse cuenta de la injusticia; injusticia en general, no laboral o de otro tipo, sino de toda la actividad de la sociedad, y después de haberse dado cuenta de todo esto, tratar de cambiarlo a cualquier precio.

                           ·.Por tus palabras, creo entender, que admites la violencia como medio para cambiar la sociedad y eso es algo que nadie, en su sano juicio, puede aprobar.- En esta ocasión la brusquedad del muchacho la envalentonó.

                         ·.! ¡Violencia, violencia !.- Gritó Antonio.- Tu que sabes lo que representa esa palabra, tu que eres una niña bien, pregúntaselo a quien pasa necesidades. o no tienen para pagarse un buen medico, o los que se quedan sin trabajo, esos si que te pueden decir lo que significa.

                           ·.Yo, desde luego soy una niña bien.- Dijo Marta, tratando de herir al muchacho.- Pero tu también lo eres, aunque trates de disimularlo con ese disfraz.

                           ·.!¡Por favor calmaos!.- Terció Mercedes, temiendo una escena como la de la tarde anterior.- Mirar, aquí  llega Eduardo te agradará, Marta, tiene  mas paciencia que Antonio.

            En ese momento entraba en el bar un muchacho algo mas bajo que Antonio, moreno y de formas mas redondeadas  que aquel, aunque su manera de vestir y su arreglo personal, se aprecia mucho al de su amigo. Saludó al camarero y se acercó al grupo.

                           ·.Hola chicos.- saludó jovialmente.

                           ·.Sientaté Eduardo.- Dijo Mercedes.- Mira esta es Marta, una com­pañera del colegio.



                         ·.Hola ¿ como estas?, me han hablado de ti, y te aseguro que tenía ganas de conocerte; se puede decir que estos muchachos estaban buscando la acasión para que nos encontráramos.

                         ·.Pues no creas que soy tan pusilánime como quizá te han contado.- Contestó Marta, desafiante.

                           ·.Te aseguro que no me habían hablado de ti en esos términos; veo que te ocurre como a mi en mis tiempos de estudiante, perteneciendo a una familia acomodada.- Contesto Eduardo en un tono conciliador.- Por cierto que yo también fui alumno de tu colegio.

                         ·.¿Y que pasó, lo dejaste por la vida bohemia?.- Contestó Marta, con brusquedad, pero visiblemente mas calmada.

                         ·.No, me expulsaron por indeseable, cuan­do empezó a preocuparme la suerte que corrían los que no pertenecían al nivel de vida de los que me rodeaban.

                           ·.Eso no es motivo suficiente.- Esta vez el tono de voz de Marta, era escandalizado por la injusticia que había sufrido su nuevo amigo.- O hubo otros motivos mas poderosos, o podrías haber denunciado, al director del colegio, ante las autoridades académicas.

            .-No claro, no fue una cosa rápida, hubo un proceso largo; algún dia te lo contaré. Fue bastante penoso, pues además de la expulsión  del colegio, tuve serios problemas con mi familia.- Contestó Eduardo, hablando como entre dientes.

            Marta no contestó, impresionada por el tono de voz y la expresión de Eduardo.

            Hubo como un paréntesis, un momento que se podía calificar de angustioso; nadie decía nada y cada uno miraba su vaso. Las ultimas palabras de Eduardo habían creado un clima de angustia y tristeza.

            Fue Antonio, el que con su jovialidad y mirando a Marta dijo,.- Bueno pandilla, Mercedes y yo habíamos hecho planes para ir al cine esta tarde, aprovechando que habrá poca gente, por lo de la manifestación “ Signo de libertad”.

                ·.Vete a la mierda.- Le contestó Marta y cuando fue a continuar, notó la mano de Eduardo sobre la suya, con intención de calmarla y efectivamente lo consiguió, por lo que mirando a la pareja continuó diciendo.- En fin que lo paséis bien, yo tengo ganas de pasear, y ¿tú Eduardo?

                ·.Si, yo también lo prefiero.- Contestó este.

            Cuando Antonio y Mercedes se hubieron alejado, Eduardo le dijo a Mar­ta:

                ·.No le hagas caso, aunque parece que te desprecia, si alguna vez necesitas su ayuda, seria capaz de dar su vida por ti; pero como todas las personas buenas, se cubren con una capa de cinismo para defenderse.

            Marta mirando a Eduardo asintió con la cabeza, aunque creía que este defendía a su amigo con demasiado ardor para lo que se merecía y dijo:

                ·.¿ Te parece que vayamos a pasear como habíamos dicho? Me canso de estar encerrada.

                         ·.Si vamos.- Contestó Eduardo.- A mi también me gustan mas los espacios abiertos.

            Se levantaron y después de ponerse los abrigos y despedirse de Juan, el camarero, salieron a la calle.

            Empezaba a  anochecer, el frío hacia que la gente caminara deprisa; las luces de los escaparates se encendían, para mostrar sus llamativas mercancías.

            Nuestros amigos, caminaban despacio, uno junto al otro, sin rumbo fijo, pero trasmitiéndose una seguridad de la que ambos estaban necesitados.

                         ·.No sé Eduardo, creo que me gustaría conocer mas a fondo el problema de la injusticia social, aunque discuta con Antonio y me manifieste con tanta seguridad, créeme que dudo. Por otro lado no veo que solución podría tener la desigualdad social; al fin y al cabo tenemos que contar con el egoísmo individual y si alguien se considera superior, por sus estudios, o por cualquier otra causa, pensará que tiene que ganar mas que los que estén por debajo de el y por lo tanto vivir mejor.- Dijo Marta.

                         ·.Veras, cuando yo digo que esta sociedad tiene que cambiar, enseguida me pregunta que como sería la que yo propongo. Pero ¿como voy a solucionar en un momento, un problema que la sociedad, entera, durante todos estos siglos no ha sabido solucionar?. No se como será, yo lo único que sé, es que esto tiene que cambiar, que esta mierda no puede seguir así.- Con­testó Eduardo con voz angustiada, poniendo sus manos extendidas con las palmas hacia arriba, como implorando, para que sus deseos se cumplieran, al mismo tiempo que se detenía.

            Marta tomó sus manos, con un gesto protector, era la primera vez que veía alterarse a Eduardo, pero no le causó la misma impresión, desagradable, como cuando Antonio replicaba sus argumen­tos; Eduardo dudaba y esto le hacia humano.

            Cogiendo su brazo, Marta empujó a Eduardo para continuar paseando, las palabras del muchacho, pronunciadas con voz demasiado alta y el haberse detenido en plena calle, hizo que algunas personas volvieran la cabeza para mirarlos y a Marta no le gustaba llamar la atención.

                         ·.Perdona mi exaltación, te prometo que trataré de controlarme, no te preocupes, esto no me ocurre con frecuencia.- Dijo Eduardo con tono de disculpa.

                         ·.De acuerdo, tu dices que la sociedad tiene que cambiar, pero yo lo que veo en la calle es que ha desaparecido el paro, que dentro de lo que cabe, existen una serie de atenciones sociales, aunque esta solo alcancen a lo mas imprescindible, y que la seguridad de las personas es total, en lo que respecta a la delincuencia, no me negaras que esta ha desaparecido y que conste que todo esto no lo digo para  que discutamos, sino para aprender; necesito salir de mi circulo, hablar, repito, hablar con personas que tengan otros puntos de vista para poderlos contrastar con los míos, pero sin polémicas.- Dijo Marta, haciendo como si las ultimas palabras de Eduardo no las hubiera oído.

                         ·.Creo que antes de continuar esta conversación te tengo que hacer algunas preguntas; por ejemplo ¿sabes donde va a parar la mano de obra que sobra ?, porque tienes que tener en cuenta, que desde que comenzó la automatización de los centros de producción y esto fue hace muchos años, pero que cada vez es mas intensa, no hay pues­tos de trabajo para todos.

                         ·.Claro, si me lo preguntas de esa manera te tengo que decir que no lo se, pero lo que a mí me han enseñado es que las técnicas modernas crean mas puestos de trabajo que los que destruyen y que desde hace muchos años tanto la enseñanza universitaria como la formación profesional las han encaminado hacia la fabricación y mantenimiento de las maquinas y componentes que automatizan las industrias y por lo tanto no hay mano de obra sobrante.

                         ·.Si, al principio, de la que se llamó la crisis, pen­saron que era la solución, pero te aseguro que todas esas teorías, pues no pasaron de serlo, están anticuadas; estamos lo mismo que al principio de la crisis, a pesar del tiempo transcurrido y haciendo todo lo que tu acabas de enumerar. Lo que pasa es que los medios de comunicación y los educadores, continúan transmitiendo el mismo mensaje, tienes que tener en cuenta que estos medios pertenecen a loas mismas personas interesadas en que la sociedad no cambie; pero desde luego mano de obra continúa sobrando y cada vez más, lo que no sabes, creo entenderlo así, por lo que has dicho, es donde va esa gente , o donde los mandan. Bien pues yo no te diré que se lo preguntes a tu padre, te lo diré yo mismo: Van a parar al BARRIO, supongo que sobre este sitio si te habrán hablado.- Todo esto, Eduardo, se lo dijo, a Marta, en un tono casi pedagógico, con una serenidad que a Marta la agradaba, llegando casi a asombrarla, pues pensaba que todos los que no están de acuerdo con el sistema eran unos exaltados

                         ·.Si claro que conozco lo del BARRIO, mi familia,.- Marta evitó decir “mi padre”.- Me ha contado como es y quienes viven en el. Pero lo que no sabia es que a los que no tienen trabajo los mandan  a ese lugar. Me habían dicho que es un lugar donde vive gente que no quiere integrarse en la sociedad, que son viciosos, que no son capaces de convivir con personas normales como nosotros, y desde luego que son irrecuperables. Sabía lo que siempre se ha dicho, que cuando acabaron con las cárceles, se apartó de la sociedad a todas estas personas, pero que cuadro se fueran dando cuenta de que la vida en el BARRIO, es insoportable, se podrían ir integrando, poco a poco y el BARRIO desaparecería; mira, no dudo de tus palabras, pero me cuesta trabajo creer que los manden a un sitio tan horrible; ¿ Como pueden mandar a ese lugar a quien no quiera ir y por no tener trabajo?.

            .-Para tomar esas medidas, no existe un solo criterio.- Contestó Eduar­do con el mismo tono de voz que antes.- En primer lugar, no todos los que viven en el BARRIO son delincuentes, se puede decir que ninguno lo era, pero claro, al llegar a un sitio así, es muy difícil sobrevivir de una forma normal, y se convierten en lo que todo el mundo conoce como delincuentes. Muchos de ellos son enfermos mentales, que tendrían que estar recibiendo tratamiento medico, pero es mas fácil y lo que para “ellos” es mas importante, mas barato, mandarlos al BARRIO.- Esta ultima frase, sobresaltó a Marta.- No siempre se manda a la gente a la fuerza, aunque te parezca extraño, en muchas ocasiones, se van de forma voluntaria.

                         ·.No puedo creer  que nadie en su sano juicio, quiera ir a vivir allí.- Dijo Marta, reflejando en su cara la extrañeza que le producía la ultima afirmación de Eduardo.

                         ·.En fin Marta, con tanta charla, se nos ha olvidado comer alguna cosa y te aseguro que tengo verdadero apetito, mejor dicho, un hambre feroz.

                         ·.Si yo también.- Contesto Marta mirando a su alrededor, como cuan­do se despierta de un sueño; entonces se dio cuenta de que habían andado bastante, se encontraban en  un lado de la ciudad que ella conocía pero solo cuando salía con su familia en coche, por lo que en esta ocasión pudo fijarse mas en el lugar.

            Lo componían grandes bloques de viviendas y a su alrededor, tenían un jardín raquítico en el que no podía crecer mas que algunos arbustos, pero ni soñar con  los grandes jardines, que en la zona de la ciudad en que ella vivía eran gran­des praderas;  a Marta no le pareció un sitio agradable para vivir.

                         ·.Pero tenemos un problema , Marta.- Dijo Eduar­do y con estas palabras hizo que Marta dejase de observar el lugar y se volviera para mirar al muchacho, con preocupación.- Tengo poco dinero.- Continuó.- Ni siquiera para comprar un bocadillo.

                         ·.!¿ Ese es el problema?!.-Contestó Marta, lanzando una alegre carcajada al darse cuenta que no tenia relación con la conversación que habían mantenido sobre el BARRIO.- Yo también tengo poco dinero, pero si juntamos el de los dos, seguramente podamos comprar uno y repartirlo; dame tu dinero, me hace ilusión ir sola a comprarlos, es como si fuera una aventura.- Continuó, mientras giraba a su alrededor, buscando algún bar donde comprar el ansiado bocadillo. Por fin descubrió uno en la esquina de uno de los bloques, en el que se anunciaban bocadillos baratos en una de sus cristaleras.

            Desde luego con su decisión de ir sola a comprar el bocadillo no la convertía en una heroína, pues la seguridad en las calles, aun en los lugares mas humildes, era total, pero para ella que nunca había salido, sola, del lugar donde vivía, era toda una aventura.

            Eduardo, saco su dinero y se lo dio a Marta, esta después de cojerlo, se encaminó al bar, mientras tanto Eduardo se sentó en un banco, a pesar del frío que hacia y se quedó observando a la muchacha mientras se alejaba, al mismo tiempo que le invadía una gran ternura por su compañera al darse cuenta de su inocencia, era como un niño que necesita descubrir el mundo por si solo; después de un corto espacio de tiempo vio a Marta salir del bar y acercarse a el saltando alegremente, con el paquete en la no, se sentó a su lado y preguntó.

                         ·.¿Vives lejos?, podríamos ir a tu casa a comernos esto, aquí hace mucho frío.

                         ·.No Marta, me gustaría mucho, pero de momento cuanto menos sepas de mi, mejor, de esta forma y por el momento no podrás contar nada, ni de forma  involuntaria y  ni siquiera a tu familia.

            Marta lo miró con curiosidad, ¿que ocultaría?, se prometió que poco a poco se iría enterando de todo, pero de momento no quiso insistir. Sacó el bocadillo y después de partirlo con las manos le dio medio a Eduardo y una lata de refresco, que poniendo cara de disculpa, también le dio, al mismo tiempo que le decía:

                         ·.Perdona ha sido la fuerza de la costumbre la que me ha impulsado a no comprar cerveza.

                         ·.No te preocupes, por la hora que es, prefiero tomar un refresco, si por casualidad nos paran en un control, con mi forma de vestir y de arreglarme, no seria muy conveniente que me encontraran alcohol en la sangre.

                ·.Esto del arreglo, es algo que no entiendo.-Dijo Marta, sin contestar directamente a las palabras de su compañero.- ¿ Porque te vistes de esa manera?, podrías no estar de acuerdo con todo lo que ocurre y vestirte de una forma normal, incluso, creo que seria un disfraz muy eficaz, para poder realizar tus protestas de una forma que a la policía le resultaría difícil de descubrir.

                ·.!Mis protestas!.- Contestó Eduardo con una sonrisa sarcástica.- Te aseguro que mi única forma de protestar es vestirme de esta manera, por lo demás, le tengo tanto miedo al BARRIO, que me comporto como cualquier otro.

            Marta miró con simpatía y tristeza a Eduardo, agradecía su sinceridad y no comprendía que sintiéndose de esta manera, estuviera huido, como se decía de todos aquellos que sin haberse independizado económicamente, abandonaban la casa de sus padres.

            Comieron los bocadillos despacio y en silencio, la conversación que habían tenido sobre el comportamiento de Eduar­do, les había dejado un poco de amargura, pero este mismo sentimiento hacia que se sintieran mas cerca uno del otro.

            La voz de Eduardo la sacó de sus pensamientos.-Marta, creo que es un poco tarde para ti, deberíamos marcharnos.

                ·.Si, Si.- Suspiró Marta.-¿ Nos veremos mañana?, es fiesta en el colegio, lo que nos da un largo fin de semana.

                ·.Si por mi parte de acuerdo, podemos vernos a las cuatro u media; es decir si a ti te parece bien esa hora.

            Cuando se pusieron en camino, se dieron  cuenta de que todo su dinero se lo habían gastado en el bocadillo y que por lo tanto tendrían que volver a pié; lo que les retrasaría, así  qué, después de reflexionar, dijo Eduardo:

                ·.No volveremos por el mismo camino, si bajamos por esta calle y después por la tercera a la derecha, llegaremos antes y el retraso será menor; espero que tu familia no se enfade demasiado y te prohiba salir mañana.

                ·.No lo creo, pero aunque lo hicieran, creo que seria capaz de escaparme con tal de no faltar a la cita.- Contestó Marta exagerando el entusiasmo.

            Continuaron su camino, cogidos de la mano y cuan­do se tocaron se miraron sonriendo. De pronto Eduardo se quedó parado, deteniendo en seco a Marta y cogiendo de los hom­bros, la besó largamente. Era la primera vez que un hombre besaba a Marta, su experiencia en este sentido era nula, por eso al juntar sus cuerpos en el abrazo Marta notó una sensación que no había experimentado nunca y que la resultaba muy agradable.

            Siguieron andando, pero esta vez acelerando el paso, para recuperar el tiempo perdido; cuando llegaron a la tercera bocacalle y al entrar en ella, vieron que un poco mas adelante, la gente se arremolinaba en el centro de la misma, el trafico estaba detenido y la policía sacaba muebles de uno de los bloques.

                ·.¿ Que pasa?.- Preguntó Marta con tono asustado.- ¿ Es que el edificio está en ruinas?.

                ·.No cariño, estas contemplando una muestra de como la gente se marcha al BARRIO de forma voluntaria.- Contestó Eduardo con sarcasmo.

                ·.¿ Era esto a lo que te referías antes?, ¿ Pero como lo consiguen? , ¿ Como es posible que alguien se marche voluntariamente a un sitio tan horrible?.

                ·.No tienes mas que observar, esto es un desahucio; si tenían el piso alquilado no habrán podido pagarlo y si era comprado lo mismo, pero cambiando el destinatario del dinero. En el primer caso seria un particular que además de ser dueño de varios pisos alquilados será accionista de algún banco, en el segundo caso seria el banco, directamente el destinatario. Mira , las personas que rodean los muebles que están sacando deben ser la familia desahuciada.

            Junto a los muebles y enseres, a todas luces muy modestos se encontraba una pareja de mediana edad, junto a ellos una chica de unos catorce años apro­ximadamente un muchacho de unos diecisiete y otro algo mayor. La actitud de cada un difería sensiblemente; el padre, apesadumbrado, permanecía apoyado en uno de los muebles, la hija lloraba, calladamente, sentada  en una de las sillas, el hijo mayor apretaba los puños tratando de dominar la rabia que sentía y el pequeño la emprendía a puñetazos con un colchón, mientras tanto la madre gesticulaba al mismo tiempo que increpaba a uno de los policías; pero desde donde estaban, nuestros amigos, no se podía distinguir lo que decía, así que decidieron acercarse.

                ·.!! Hijos de puta, sabéis que nos mandáis a la muerte, pero quizás algún dia vosotros mismos, os encontrareis en esta situación !!.- Gritaba la mujer amenazando con los puños a un policía.

                ·.Señora, por favor.- Dijo el policía, en tono conciliador.-Usted sabe que nosotros solo cumplimos con nuestro deber , que somos unos mandados.

                ·.!! Señora cállese!!.- Intervino otro de los policías, este tenia la porra en la mano.- Después de oír las palabras que le ha dicho a mi compañero, no solamente puedo detenerla, sino que de camino al centro de detención, en el que estaría como mínimo treinta dias, sabe muy bien lo que le podría pasar.- Decía esto sin dejar de mirar a los hijos y al marido, alternativamente.

                ·.Mira Marta, aquel policía que amenaza con la porra a la mujer, en realidad está provocando a los hijos y al marido, tratando que alguno de ellos salga en su defensa de forma violenta y así poder disparar impunemente.- Dijo Eduardo en un tono de voz con el  que no pudieran oír, aunque hubiera sido difícil que esto ocurriese, tanto por la distancia, como por el ruido que hacían con el desalojo.

            De pronto el hijo pequeño, dejó de golpear el colchón, lanzó un escalofriante grito y empezó a correr calle adelante; nadie trató de detenerlo, el padre y el hermano le miraron con la pena reflejada en sus caras, la hermana, medio incorporada en la silla, lo llamaba desesperadamente, la madre gritaba a los guardias.

                ·.!! Por favor no disparéis es solo un niño !!.

            Hacia el fondo de la calle, por donde se había perdido de vista al joven, se escuchó un forcejeo, gritos y a continuación tres disparos ... nada mas, silencio, solo se escuchaban los sollozos de la madre, el hermano mayor se dejó caer de rodillas y golpeó el suelo con los puños antes de ponerse a llorar de impotencia, en cuanto al padre, parecía hipnotizado, mirando, sin expresión el lugar por donde se había perdido su hijo menor.

                ·.Debe haber caído en algún control de los guardias de seguridad,al parecer la zona está  totalmente rodeada.- Comentó Eduardo con voz neutra, como si el caso no le afectara especialmente.

                ·.No parece importarte demasiado lo que le ha ocu­rrido al pobre muchacho.- Le dijo Marta  en tono de reproche.

                ·.Te aseguro que he visto tantos casos, que me esperaba algo así, incluso creo que lo han hecho de esta manera para acabar con los que pudieran, de una forma mas rápida.

                ·.Pero ¿ como es posible llegar a esta situación? te aseguro que es para volverse loca.

                ·.Es fácil de deducir. El padre en paro, seguramente, ninguno de los tres hijos ha tenido nunca un empleo, así que cuando al padre se le terminó el subsidio.... el resto lo estas viendo; se deshacen de ellos de la forma mas legal, porque nadie les obligará a marcharse al BARRIO si ellos no quieren, tienen la LIBERTAD de quedarse en este lado.

                ·.No lo comprendo, ¿ tienen que marcharse o por el contrario se pueden quedar?.- Preguntó Marta impaciente.

                ·.No no, esto es una democracia, pueden quedarse, claro que necesitan una casa, en la calle no les permiten vivir y naturalmente para comprarla o alquilarla necesitan dinero así que si no lo tienen, escogerán  “ voluntariamente” el camino del BARRIO; en ese infierno podrán construirse una chabola, si es que duran lo suficiente para terminarla.

                ·.Por favor, marchémonos no puedo soportarlo.- Dijo Marta con desesperación.

                ·.Si además es muy tarde, vayamos por esta bocacalle, no quiero pasar por donde está la policía; por si nos encontramos con algún control, recuerda que me llamo Martín.- Y cogiendo a Marta por el brazo, casi la empujó por la primera calle que encontraron. En cuanto dieron la vuelta a la esquina vieron, mas o menos, a la mitad de la calle, un control de guardas jurados.

                         ·.No corras y no te alteres.- La dijo Eduardo tratando de retener el impulso de Marta, que en un primer  momento hizo como que quería  huir.

            En ese momento uno de los guardias se acercó a la pareja, y cuando estaba cerca les gritó:

                         ·.! A ver la documentación!.

            Eduardo fue el primero en darle su carnet, Marta reponiéndose, como pudo del susto, saco el suyo del bolsillo y también se lo dio. Al mismo tiempo otros dos guar­dias se acercaron y cogiendo a cada uno de los jóvenes, los separaron; mientras el guardia que tenia los carnets, se fue hacia uno de los coches que tenían aparcados haciendo barrera en medio de la calle.

                         ·.¿ Con se llama tu amiguito?.- Preguntó el guardia que detenía a Marta.

                         ·.Martín.- Contestó, instintivamente, esta, mientras miraba hacia el lugar en que tenían detenido a su compañero, que era zarandeado mientas lo registraban.

            A partir de ese momento, fue como si perdiera la conciencia de donde estaba, y por sus ojos pasaron imágenes de su niñez, en esta ocasión fueron de cuando hizo la primera comunión; era como si  estuviera viviendo aquellos momentos, aunque no podía oír lo que decían el resto de los niños todos formados, casi, militarmente. Esto siem­pre la ocurría cuando la situación en la que se encontraba la resultaba especialmente desagradable.

            Fue, el guardia que los detuvo el que la sacó de su, llamemoslé, trance, la dio el carnet al mismo tiempo que la decía:

                ·.Toma, lo hemos comprobado en el ordenador, estas limpia y tu familia está completamente integrada; la próxima vez que quieras  divertirte, procura que tu acompañante tenga mejor presencia; el también está limpio y además no a consumido alcohol.

            Los guardias se alejaron hacia los coches y Eduardo se acercó a ella preguntándola.- ¿ Que tal te has asustado mucho?.

                ·.Estoy bien no te preocupes, es que no estoy acostumbrada a estas cosas.- Contestó Marta, dejando escapar un suspiro de alivio.- Y tu ¿que tal? he visto que te mal­trataban.

                ·.No solamente ha sido el registro y el análisis de san­gre, por eso te dije que lo de la cerveza y con esta forma de vestir a estas horas podría resultar peligroso, si das positivo te llevan al centro de detención aunque tengas el carnet limpio.

                ·.¿ Pero como es posible que el tuyo lo esté.

            Eduardo, antes de contestar, cogió a Marta por un brazo y se elejaron de los coches del control, sin apresurarse y como si tuvieran una conversación animada e intrascendente; solo, cuando Eduardo consideró que estaban a suficiente distancia, le dijo a Marta.-El mío no, pero si el de Martín.

                ·.Pero ¿Quien es Martín?.- Insistió Marta.

                ·.Está bien creo que debes saberlo, no tiene sentido seguir ocultándotelo, mas pronto o mas tarde tienes que enterarte. Existe una organización que falsifica carnets y pases para los “hui­dos”, si no fuera por esa organización, pasaríamos mas tiempo en centros de detención que en la calle, o quizá acabaríamos en sitios peores, como el BARRIO o muertos.- Dijo Eduardo, recalcando la ultima palabra, después de una pequeña vacilación.

            A Marta la pareció que Eduardo dramatizaba, al decir que podía estar muer­to. Ella sabia que nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario, que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo y que estaba abolida la pena de muerte, así era desde que se había aprobado la constitución y el país era un estado de derecho. Así se lo dijo a Eduardo, poniendo mucho énfasis en la frase estado de derecho.

                ·.Te equivocas al pronunciar estado de derecho, en realidad tendrías que decir estado de DERECHAS.

            Marta lo miró con furia, la contestación le pareció mas propia de Antonio, pero no replicó.

                ·.Perdona ha sido una broma de mal gusto; efectivamente, la constitución es todo lo que tu has enumerado, pero  según fueron apareciendo los problemas, inseguridad ciudadana, protestas callejeras, incluso con tintes revolucionarios, fueron aprobándose leyes , todo claro está, en nombre del bienestar de los ciudadanos honrados y de orden, que han dejado la constitución convertida en papel mojado; y no pienses que creo que por tener atracos, drogas y muchas algaradas callejeras somos mas libres, no, todo esto hay que combatirlo con igual­dad social y sobre todo con igualdad educativa y cultural.

                ·.Si tienes razón, la cultura es lo mas importante, incluso mas que las necesidades mas primarias.- Contestó Marta  muy seria.

                ·.No, no caigas en el mismo error que los llamados intelectuales progresistas, lo primero es que nadie pase necesidades en lo que se refiere a la alimentación el vestido y la vivienda; lo cierto es que todo se debe tener al mismo tiempo.- La voz de Eduar­do se fue haciendo cada vez mas apasionada, aunque en ningún momento resultara agresiva.

                ·.Pero Eduardo, dime, ¿Como pueden mantener esta situación siendo menos que los oprimidos?, ¿quien cuida de que esta locura se mantenga?, ¿Solo la policía, es suficiente?.

                ·.desengaña Marta, todos somos un poco policías de los capitalistas; cuando el paro crece quien tiene un puesto de trabajo, trata de que le dure y consintiendo atro­pellos e injusticias contribuye a perpetuar el sistema, de esta forma se habría convertido en el primer escalón de la policía, el segundo seria el que tuviera un puesto de trabajo fijo y después le seguirían personas como tu padre o el mío, altos ejecutivos de alguna empresa, a estos, casi, se les podría considerar sargentos; en el escalafón si­guiente, estarían los partidos políticos, estos se encargan de aglutinar a los que piensan de una forma similar, y una vez dentro, acatarán  todo lo que les manden los altos cargos de la organización, por disciplina, y aunque estas ordenes no estén de acuerdo con lo  que alguno de ellos haría; por ultimo tenemos a los que gobiernan el país, estos son los mandos de lo que llamo la policía, dejan que los ciudadanos voten cada cierto tiempo  y de esta forma hacen que los ciudadanos se crean protagonistas de algo que está premeditado y de antemano determinado. Si te tomas la molestia de leer el programa de cada partido, veras que todos dicen casi lo mismo, pero con diferentes palabras; naturalmente que para que la gente se lo crea de verdad, necesitan de una buena publicidad, y para eso tienen a la prensa y en general a todos los medios de comunicación, entreteniendo a la gente con noticias que no les importaría y que en realidad son cotilleos; enfrentamientos entre políticos, entre partidos e incluso entre naciones, pero las noticias importantes, por ejemplo lo que ocurre con los parados el porque de las desigualdades, estas se silencian, y de esta forma, ocultando los problemas reales, se manipula a la gente, haciéndola creer que viven en el mejor de los mundos y con la máxima libertad, evitando que los perjudicados se unan y acaben con todos estos seres inútiles de una vez por todas.¿Crees que aquí termina toda la escala de policía que te estoy describiendo?.- Dijo Eduardo al ver que  Marta quería intervenir.- No, No termina aquí, si todo esto falla, está la policía, la verdadera, la que lleva este nombre, esta se encarga de reprimir cualquier protesta que los que mandan con­sideran ilegal. Por ultimo tienen al ejercito; este es el ultimo eslabón de la cadena y fíjate que paradoja lo que es el grueso del ejercito lo componen personas que salen del pueblo y los utilizan  para masacrar y esclavizar a sus mismo familiares y amigos, ¿ que como? mediante el golpe de estado, alegando defender la unidad de la patria amenazada, o bien la moral milenaria ( la que ellos han inventado, claro)y después de unos años de torturas y malos gobiernos, entregan el país a los políticos, que se encargarán de recordarnos, siempre que consideren que se protesta demasiado, que en cualquier momento, los militares, pueden dar otro golpe de estado.

            Marta suspiró con tristeza, miraba hacia adelante, mientras caminaban despacio; una especie de desesperanza la invadía, como buscando protección, acercó su cuerpo al de Eduar­do; así y sin casi darse cuenta llegaron a su casa.

                         ·.Es un poco tarde.- Comento Eduardo.-¿ Crees que tendrás problemas con tus padres?.

                         ·.No, al principio pondrán mala cara pero se les pasará pronto, en ese aspecto no puedo quejarme, son comprensivos.- Marta volvió a suspirar tristemente, se miraron a los ojos.- ¿ Entonces hasta mañana a las cuatro u media?.- Continuó.

                         ·.Si, te espero aquí mismo.- Contestó Eduardo, mientas la cogía por los hombros para besarla.

            Después de separarse, Marta se encaminó hacia su casa, antes de entrar se volvió para despedirse con la mano.

            Una vez dentro de su casa y mientras colgaba el abrigo escuchó como sus padres hablaban en el cuarto de estar, entró en la habitación, tratando de mostrar jovialidad y despreocupación.

                         ·.Hola papa, hola mama.- Dijo al entrar en la sala, besando a ambos.- Se que es muy tarde, lo siento, me he entretenido mas de lo que pensaba, perdonar, trataré de que no suceda mas, pero por esta vez perdonarme, no me riñáis demasiado.- Continuó diciendo, al mismo tiempo que ponía cara de inocente y hacia un gesto con las manos como implorando perdón.

            Esta puesta en escena, desarmó a los padres, que después de mirarse, se les fue dulcificando la cara, y apareció en ella una sonrisa, mezcla de amor y benevolencia.

                         ·.Está bien.- Dijo el padre.- Por esta vez no nos enfadaremos, además comprendemos que algún día te pueda ocurrir, pero por favor, la próxima vez, llama desde cualquier cabina, o si estás en casa de algún amigo, o en un bar, desde cualquier teléfono.

                ·.No papa, no te preocupes que no he estado en ningún bar ni en casa de ningún amigo, he estado con un chico, si, pero paseando por la calle y tomando unos bocadillos sentados en banco.

                ·.¿Quien es? ¿Lo conocemos?.-Preguntó la madre aparentando no dar importancia a sus palabras.

                ·.No creo, desde luego ha estudiado en mi colegio, pero es mayor que yo, por lo que no lo conocía, y vosotros, creo, que tampoco; se llama Eduar­do, no se la edad que tiene, pero no os preocupéis que cuando me entere de mas cosas suyas os las iré contando.-Dijo Marta, complaciente.

                ·.Bien hija, tienes la cena caliente en el calienta platos, dile a la criada que te ponga la mesa, y cuando termines ven a ver la televisión, que creo que te gustará, por lo menos trata de algo que siempre te ha interesado.- Le dijo la madre, aparentando naturalidad, pero en el fondo queriendo cambiar de conversación.

                ·.No mamá, si no te importa, no voy a cenar, el bocadillo que he comido me ha quitado el apetito y después de un paseo tan largo como el que hemos dado, estoy muy cansada, así que voy a acostarme.- Contestó Marta.

                ·.Bien hija, como quieras.- Contestó la madre con aire satisfecho.

                ·.Hasta mañana, que descanséis y que os guste la película, mañana podéis contármela.- Dijo Marta besando a ambos y saliendo de la habitación.

            Cuando se dirigía a la escalera, para subir a su dormitorio, escuchó que su padre comentaba:” Creo que el bocadillo que la ha quitado el apetito, se llama Eduardo”.Despues escuchó su risa y a su madre que contestaba: “Que malo eres, no comprendes, en absoluto, a las mujeres.

            Subió la escalera, entró en su dormitorio, y después de encender la luz, se sentó cerca de la ventana, mirando por esta, en la dirección en la que se había marchado Eduardo. Después de permanecer en aquella postura un corto espacio de tiempo, suspiró profundamente y levantándose fue hacia la cama, se desnudó, pero en contra de su costumbre, no colgó ni colocó, su ropa, después de acostarse no tardó mucho tiempo en quedarse dormida, pero no con un sueño profundo, en su mente medio adormilada, se mezclaban imágenes agradables de Eduardo abrazándola y muy desagradables, de guar­dias con medio cuerpo de demonio, tratando de separarlos, y por fin se durmió profundamente.